El Cafecito


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Poemas, por Mónica Ávalos

CENIZAS

El mundo despierta con la tenacidad del martillo.

Las palabras crepitan en tu voz; resucita el poema desterrado.

La marea vívida desata la impaciencia del faro,

 y una nota es recuerdo del fuego ancestral.

El crepúsculo vigila.

Un dogma se despeña tras el secreto del oprobio secular.

El alba desvela los restos de las palabras.

Sólo cenizas.

El poema ha muerto.

CRIMEN DISCURSIVO

Me esperó ahí, como el amante perpetuo

ligero, imperturbable

con la certeza del que siempre volverá.

Abrió sus filos en silencio

y con un tono conocido, desenvolvió cada una sus palabras

tranquilas, matemáticas

orquídeas engarzadas con siniestra precisión.

Contempló  amablemente mi embeleso sepulcral,

mi rendición cercada entre penumbras.

Consumado su crimen discursivo,

procedió al punto y aparte

y emprendió una nueva historia.

DE LAS PALABRAS

¿Acaso alguien conoce

la traición de la palabra:

del no como asesino,

un sí dicho a destiempo

 quizá, que prófugo, no acaba,

pero mata la razón?

Cada día anhela sus palabras.

El tiempo las libera

las brinda a su guardián celoso: el pasado.

Obleas de cerezos, frágiles danzantes,

crueles,

                                fugaces,

volátiles ofrendas,

desprendidas al ayer.

 

SIGILO

El murmullo repta a través de la hojarasca sombría

entre su sabiduría oculta, recuerda:

sólo eso te puede hablar.

Despierta con el sigilo del caracol

perdido en el agua siniestra de los humedales:

acaso la libélula encuentre quietud en su vuelo distante.

Mónica Ávalos Valladares. Estudió psicología en la UAA. Pertenece al taller literario coordinado por Ricardo Esquer en el CIELA.

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Cadáver exquisito, por los asistentes al VI Festival Palabra en el Mundo – Aguascalientes

Ya no puedes detenerte. Gira.

Eres tu centro y la tangente

el baile que aspira a viento

la magia de la música que surge de las venas

y derrama la fuerza heredada.

Que nadie se calle esta noche que es como el día

de saldos rojos, de simples deudas, a varias voces.

Que nadie olvide dónde comenzó el camino

cada paso un nuevo destino, cada visión un rumbo

nos delata a pie juntillas, nos señala signos, el norte-sur

nos enseña la memoria de la noche y su duelo.

No eres joven todavía ni habitas la huella de tu cuerpo.

Porque hay alguien más con nuestro mismo rostro

somos los otros aquí donde se juntan los senderos.

Hoy el infierno no son los otros

al menos hoy abolimos el infierno,

abrazar cada palabra como se abraza

el último sustento de la vida.

Trata. Sueña, Insomnia. Ve.

Ninguna falta sobrevive a tanta luz.

Y la luz, como el último respiro de Dios sobre la tierra,

nos abraza a la noche y su misterio.

Vamos con la mirada decidida

a descubrir lo nuevo en la luz cantante

y el sueño frustrado.

-He de confesar

es vagar como una esfera

sin que ningún punto

pregunte por su centro.

Podremos descansar cuando alguno

Nos llame por nuestro nombre.


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Poemas de Mónica Ávalos Valladares

Alma raída

No puede más

lento, arrastra la suela por el campo azul acero

alma raída de dolor, sus ideales vendidos

papeles, voces huecas.

Aniquiladas sus creencias

le fincaron templos desde el miedo

hoy, sus dedos famélicos

escriben casa apenas, sin distinguir s de z.

Como perro de presa

pelea a dentelladas

los peldaños de la próxima contienda.

Hogar centenario del quetzal

mi país se muere de todo y de nada.

Robados sus tesoros en complicidad magnánima

ha llorado siglos la victoria de La noche triste.

Camina con la vista baja

media vergüenza, doble moral

aplasta como hojas sus recuerdos dolorosos

le llueven a veces, el 68, el 71

noches de rostros perdidos

pero nadie sabe nada.

No puede más

parece que agoniza, en absurdo toque de queda.

Ubicuidad

Aquí o allá

como el viento, la roca y la tristeza

desciendo a mi silencio de horas rotas

salpicadas en ecos contenidos.

Y cómo he de volver conmigo

si me falta mi árbol nocturno

mi rayo de sol entrando al infierno.

Quiero ser como tú

que la piedra me diga sólo piedra

en una calle como tantas

que la noche para dormir

en vez de canto de guerra.

Mónica Ávalos Valladares. Estudió psicología en la UAA. Pertenece al taller literario coordinado por Ricardo Esquer en el CIELA. Actualmente trabaja como correctora de estilo en el Departamento editorial de la UAA.


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Poemas de Mónica Ávalos Valladares

Voz de muro

Tras la frontera de lo vivo

rodeados por la misma  hierba silvestre

juegan los espíritus viejos y ansiosos

gente común y niños

de cualquier siglo.

¿Cómo encontrarlos ahora?

Ya todos se han ido

Con sus sueños, guerras y  recuerdos

empapados de cielo y nostalgia

observan al paseante

y los muros  agrietados

gritan a su paso

lo fugaz de la existencia

y el eco de lo eterno.

Ecos enfermos

Un frío corredor

de paredes pálidas ante ti

una vez más.

Ruidos secos

de máquinas de escribir a lo lejos.

Risas, enfermeras

pasos presurosos

te alejan un instante

de tu tormentosa realidad.

¿Qué te trajo aquí?

¿Dios, la vida?

Qué importa ya

esta fría madrugada

del cruel verdugo

en que tristeza y esperanza

comparten habitación.

Afuera, la ciudad.

De casas oscuras y calles semidesiertas

ajena al drama de esta morada de dolor

duerme.

Mónica Ávalos Valladares (México, D.F., 1978). Estudió psicología en la UAA. Ha participado en talleres de poesía con Juan Manuel Rodríguez y Ricardo Esquer, en el CIELA.