El Cafecito


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Una carta por la Casa del Poeta, por María Rivera

A la opinión pública
A la comunidad artística y cultural
A las autoridades metropolitanas

La actual administración del Distrito Federal se ha distinguido por la falta de una política sistemática y de largo plazo en materia de apoyo a la cultura. Hoy, un hecho de la mayor gravedad corrobora el limitado interés de este gobierno hacia la creación y difusión de bienes culturales. Por instrucciones de Raquel Sosa, Secretaria de Cultura de la Ciudad de México, la Casa del Poeta Ramón López Velarde recibirá un apoyo económico inferior al que se le venía otorgando. El nuevo contrato redactado por dicha Secretaría se reserva, además, el derecho de hacer efectiva la aportación. Esto deja a la Casa del Poeta en condiciones de absoluta precariedad y, en los hechos, promueve su desaparición.

La Casa del Poeta se fundó en 1992, a iniciativa de un grupo de destacados escritores mexicanos y bajo el auspicio del entonces Departamento del Distrito Federal, en un inmueble de su propiedad. Desde entonces, los sucesivos gobiernos de la Ciudad se han encargado de otorgarle una contribución que, no sin ciertos aprietos, le ha permitido sufragar sus gastos más elementales. El recorte y el apoyo discrecional decretados en estos días resultan preocupantes por partida doble, pues el gobierno para el que trabaja la Sra. Sosa emana de un partido de izquierda, el PRD, mismo al que pertenece el candidato a la Presidencia de la República que hoy encabeza las encuestas.

Alentar la privatización de la cultura, es decir, propiciar que ciertas entidades y actividades tradicionalmente respaldadas por el Estado acudan y se atengan al apoyo de la iniciativa privada es, a todas luces, una política de derecha. Tras la Revolución de 1910, el Estado mexicano asumió el deber de fomentar la creación y la difusión de las obras artísticas. Supo, además (sobre todo en las últimas décadas), dejar en manos de los creadores la posibilidad de orientar y dirigir la cultura viva del país. En diversos momentos, ciertas señales de intolerancia, patrimonialismo y burocratización han puesto en evidencia que ni los políticos ni sus partidos renuncian por completo a la tentación de utilizar la cultura para sus fines. Sin embargo, un largo trato le ha permitido a las dos partes, intelectuales y representantes del Estado, hallar fórmulas de entendimiento, tan eficaces que en la actualidad son motivo de análisis en universidades de otras latitudes. Hoy, esos términos construidos a lo largo de la historia se ven amenazados por las actitudes de ciertos funcionarios y personeros del Estado que, como la Sra. Sosa, suponen que la actividad cultural no va más allá de ciertas expresiones masivas, importantes claro está, pero sin duda insuficientes. Admitir ahora la aplicación de una política de esta naturaleza (privatizadora y autoritaria), es abrirle las puertas a su establecimiento a nivel federal en el sexenio siguiente.

Exigimos al gobierno de la capital la firma de un contrato que lo obligue a sostener su apoyo de manera regular a la Casa del Poeta, así como a cancelar el recorte del 12 % a su aportación. Asimismo, demandamos a los candidatos del PRD a la Presidencia de la República y al gobierno de la Ciudad de México que hagan públicos y explícitos sus compromisos en materia de promoción y difusión cultural.
Firmas: Antonio Deltoro, David Huerta, Eduardo Hurtado, María Rivera

Para ver la carta, da clic aquí.

María Rivera es autora de los libros de poesía “Traslación de dominio”, Feta, 2000-04 y “Hay batallas”, Joaquín Mortiz, 2005.

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