El Cafecito


2 comentarios

Un café en mi café, por María Dolores García Pastor

Dice Vicenç Villatoro que ser escritor es relacionarse con la vida  de una determinada manera. Reímos y lloramos como cualquiera pero después nos sentamos a escribir. No somos esos insaciables cazadores de historias que muchos creen, eso sí, observamos las cosas y si nos provocan algo, bueno o malo da igual, las guardamos en un cajón para sacarlas llegado el momento. En ese cajón tenemos personajes, tramas, sentimientos, paisajes o épocas históricas esperando para formar parte del engranaje de alguna de nuestras narraciones. Nuestra lógica tampoco es la del resto de los mortales. Una historia de piratas nos puede salir después de unas elecciones generales en nuestro país o una de amor tras haber cocinado un sabroso suflé. Y es que siempre nos mueve un por qué que brota de nuestra propia vida y es el que nos empuja a escribir.

Durante el verano de 2009 nació en mi cabeza El Café de la Luna. Todo arrancó de una imagen maravillosa que me perturbó y me hizo idealizar un lugar hasta el que me llevaron de la mano, un rincón de mi propia ciudad que desconocía. Unos días después no fui capaz de encontrarlo en la amalgama de calles del barrio gótico barcelonés. Se me perdió en los alrededores de la catedral. El lugar en cuestión es la Plaza de Sant Felip Neri, un sitio  impensable en una gran ciudad como Barcelona, un espacio en el que el tiempo parece detenerse y el silencio lo impregna todo. Una caja de luz sobre la que se dejan caer los rayos de sol que atraviesan la cúpula de sus árboles para caer sobre la fuente que hay en el centro de la plaza. En mi imaginación quedó el recuerdo de las flores que al desprenderse de los árboles flotaban sobre ella convertidas en partículas de oro reluciendo al sol.

Ya tenía el espacio. Ahora había que llenarlo de historias. Un artículo sobre la Barcelona romana me hizo decidir que mi café había sido un concurrido lupanar en la antigua Barcino. Tampoco pude resistirme a la esencia del barrio gótico que lo acoge y lo quise también antigua casa señorial de época medieval. Y poco a poco el lugar fue cobrando vida para convertirse en un personaje más. A partir de ahí tuve que llenarlo de objetos con su correspondiente biografía e inventarme una bodega a través de la cual el corazón de las ruinas romanas y medievales que fueron la base de la construcción impregnaban el alma del edificio que alberga el café. Luego llegaron los personajes de carne y hueso, fueron acercándose poco a poco por allí. Escribí el libro como si de una colección de relatos se tratara. Cada uno de ellos era la historia de un personaje, de uno de los parroquianos del café. Era inevitable que compartiendo espacio interactuaran entre sí con lo que, al parecer, acabé escribiendo una novela breve.

Los parroquianos del Café de la Luna fueron saliéndome al paso en mis callejeos por Barcelona. Cada viernes tomo un tren que me lleva hasta allí para hacer una colaboración en un programa radiofónico. Sobre las diez y media de la mañana piso la ciudad condal y, generalmente, no entro en directo hasta la una de la tarde. Hay que llenar todo ese tiempo. Y en ese afán por hacer cosas los viernes por la mañana muchas veces me pierdo por calles y plazas, por lugares y rincones, caminando, observando, imaginando. Siempre encuentro semillas para futuras historias, sin buscarlas. Las figuras humanas que pueblan las Ramblas. Los ancianos que viven en pisos de alquiler de renta antigua cuyos propietarios quieren desalojar. Los vendedores de los puestos de flores de las Ramblas. Los músicos callejeros. Todas esas gentes llegadas de allende los mares que intentan construir una nueva vida aquí. Estampas del día a día, vidas desconocidas, sentimientos, vivencias que nos conmueven… Todo eso de lo que se nutre la literatura, todo eso de lo que se alimenta también El Café de la Luna, un libro que nace en la víscera tonta de esta escritora y que, si los duendes de la edición no lo impiden, verá la luz en marzo de 2012. Quedáis todos invitados a tomar un café en mi café.

María Dolores García Pastor (Barcelona, 1970) Es licenciada en Ciencias de la Información y trabaja como periodista reseñando y recomendando libros en radio y blogs literarios como La Tormenta en un Vaso. Ha ganado diversos premios y distinciones en certámenes de relato breve y microrrelato y ha publicado en varias antologías conjuntas y revistas. También es autora de la novela El susurro de los árboles ganadora del VII Certamen de Novela YoEscribo.com.

Anuncios