El Cafecito


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La vida de soltero, por Jesús Prado

Estoy muy triste porque a partir de hoy vuelvo a estar solo. Volvieron los días en que me veo al espejo y digo: ¿Por qué se fue?

Sí señores, al parecer ella ya me olvidó.

Si fuera otra persona quizá le guardaría rencor, pero no puedo porque a pesar de todo, ella sigue y seguirá siendo: ¡Mi Madre!

¿O acaso pensaban que yo no tenía madre? El hecho de que viva solo no quiere decir que sea huérfano. Lo que pasa es que llega una edad en que como los astronautas necesitamos nuestro espacio; así que lo más común es que busquemos abandonar el nido materno y nos enfrentemos a ese estado extraño que se conoce como el mundo de los solteros.

El mundo de los solteros es ese que se caracteriza por no tener que rendirle cuentas a nadie (salvo al banco y al casero), no tener una hora fija para llegar y lo único que necesitas para alimentarte es una cerveza, una lata de atún y un paquete de pan lleno de hongos.

El mobiliario estándar de un departamento de solteros se compone de:

Un sillón donado por algún amigo casado que ya no lo quería porque alguna vez lo orinó su perro.

Un colchón inflable, de esos que se ponchan si no te cortas las uñas.

Una mesa de plástico que te volaste de alguna cervecería.

Y una tele con su DVD, que siempre está ocupado por alguna película tres equis (pirata, of course my horse).

Cuando vivimos como solteros nos empeñamos por dejar la ropa sucia por todos lados y nos deshacemos de la basura sólo cuando hay tantas moscas que ya no cabemos en la misma habitación.

Por eso, esta semana que me visitó mi madre fue todo un acontecimiento. Lo primero que salió de sus labios fue esa frase que ya extrañaba:

— ¡Ay, hijo, qué mal estás! ¿Cómo es posible que vivas en este chiquero?

Y antes de decir agua va, se puso a hacer la limpieza.

¡Me partió el corazón!, yo no podía soportar ver a mi madre trabajar de esa manera… ¡así que me fui a dormir a la habitación de al lado!

Una vez que terminó me dice: ¡Chuchito! M’hijo, ¡ya está lista la comida!

Fui a ver y no lo podía creer. Todo reluciente, la mesa decorada con una flor en el centro y una sopa que sólo ella la sabe preparar. Por momentos pensé que estaba en la dimensión desconocida y que ésa no era mi casa.

Y así fue toda la semana, de hecho creo que subí como dos kilos.

Pero todo tiene su final y esta mañana regresó a su casa.  Mientras veía cómo subía al taxi para la estación, una lágrima escurría por mis mejillas sin otro destino que el piso. Miré al suelo y pude ver que una hilera de cucarachas y dos ratas también estaban al filo de la puerta llorando y despidiendo con sus patitas a mi madre. Y es que en esa semana a ellas también les cambió la vida. Por unos días supieron lo que era vivir en una casa digna y no en el cuchitril al que las tenía acostumbradas.

Por eso, mamita, donde quiera que te encuentres te digo: ¡Mamá, soy Edipo y te prometo no volver a hacer travesuras!

FIN

Jesús Prado (elchucho pa los cuates), es cortometrajista y guionista de televisión. Por azares del destino es ingeniero y con maestría, pero lo que le encanta hacer es bailar tango de miércoles a domingo.


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La muerte en México, por Jesús Prado

Es difícil para un extranjero comprender el por qué de la particular relación de los mexicanos con la muerte.

Seguramente para ellos, es muy impactante ver cómo festejamos el 2 de noviembre y no se explican cómo nos atrevemos a organizar un día de campo en el panteón.

Con lo que cuesta perder a un ser querido… si no tienes seguro, ¡mínimo como 20 mil pesos!

Y eso que estamos hablando de un funeral sencillito. Sí, sin coronas de flores lujosas y… y ahora que me acuerdo, yo no sé porqué les llaman coronas, ¡si yo no he visto a ningún muerto que se ponga una de esas en la cabeza!

Y luego las frases que les escriben: “tus amigos que no te olvidan”, “tus amigos que te recuerdan”… ¡pues cómo no te van a recordar, si no tiene ni 24 horas de que estás muerto!

Pero si de por sí la muerte llega inesperadamente, ¡que no se te ocurra morirte un fin de semana porque es peor!

Que vas al seguro para conseguir el acta de defunción y te enteras de que el fin de semana no abre la oficina, luego le tienes que hablar a los amigos y familiares y todos están de paseo; y cómo es fin de semana, la gente llega al velorio en shorts o con los niños que llevan globos en la mano, o aquel que llega directo de la fiesta del viernes medio crudo todavía… ¡Horrible!

Y ya cuando estás harto porque no has completado los trámites administrativos y te sientes miserable porque además de gastar lo que no tienes, debes que atender a un montón de gente que ni conoces,  llega aquel que te dice: “¡No somos nada!” Tú te le quedas viendo y piensas: “¡Seguramente tú no eres nadie!, pinche gorrón, sólo vienes por café gratis; si ya te oí contando chistes afuera!”

Y es que no sé porqué los funerales son los lugares preferidos para contar chistes. Estás en medio del rosario y en vez de que se escuche: “…ruega por él”, ¡se escuchan unas carcajadotas más fuertes que en un show de Polo Polo!

Fíjense, en el funeral del papá de un amigo judío un cuate se aventó la puntada de decir que en su lecho de muerte, cuando agonizaba, el señor le dice jadeante a su hijo Isaac:

— (Con acento judío) Isaac, como estoy próximo a morir, quiero que sepas que las siete casas, los tres edificios, la fábrica de telas… las joyas…

Su hijo le pregunta:

— Sí, papi… ¿me los dejas?

El papa le contesta:

—  Te los vendo baratos… baratos…

¡Obviamente tuvo que salir corriendo del velorio!

¡Luego uno se va enterando de cada secreto! Cuando el  padre dice: “que se acerque la viuda” Y se acercan al ataúd… ¡3 señoras a la vez!

Con decirles que en el velorio de mi padre me enteré… ¡de que yo era tío abuelo!

Pero no todo es tan grave; hay algunas cosas lindas de la muerte. Por ejemplo, el que a los muertos los maquillen para el funeral. ¡En serio! Hay algunos que se ven mucho mejor muertos que vivos. Adentro de la caja recién maquillados,  se les ven unas chapotas, hasta uno dice: “mira que lleno de vida se ve el muertito”.

Pero hay que tener cuidado con los maquillistas fúnebres. Cuando murió mi primo Ezequiel le tocó un maquillista que acababa de entrar a trabajar ahí. Su anterior chamba fue como maquillista de teatro de revista y lo dejó con un aspecto… cómo les dire… ¡so-ña-do!

Todo iba relativamente normal hasta que se acerca un amigo y exclama: “Qué ironía: Ezequiel entró al ataúd en… ¡el mismo momento que salió del closet!”

Tantas cosas que pasan en los funerales. Y luego se preguntan por qué los mexicanos nos reímos de la muerte.

FIN

Jesús Prado (elchucho pa los cuates), es cortometrajista y guionista de televisión. Por azares del destino es ingeniero y con maestría, pero lo que le encanta hacer es bailar tango de miércoles a domingo.