El Cafecito


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Poema, por Jeanne Karen

Plantaste el deseo de éste poema,

una semilla en el corazón y las ramas recorriendo el espíritu.

 ¿Qué se sentirá volar largas distancias como los pájaros

e imaginar un abrazo tuyo y otro?

Ésta vez no hay espacio, aquí el instante encaja sus garras en la piel del tiempo.

Desde el exterior se nota por los ojos, una selva,

esa jungla de las ideas y de la imaginación;

tú eres una bestia también,  pero sueñas del otro lado con que agrande tus heridas

y te otorgue un sueño nuevo.

Llegaste al puerto de la mirada, púrpura y sangrante,

yo era una rosa en la noche, una colección de cuchillas.

No sabía que más podía hacer, escribir un poema largo en tu cuerpo,

pero tu cuerpo estaba todavía desierto, era la luz de un campo de algodón.

Construir ahí era comenzar la búsqueda de material para los cimientos.

Imaginaba entonces una palabra tuya, pero lo sabía, nunca sería suficiente;

deseabas todo el sitio, cada palabra, querías la deconstrucción,

sólo para comenzar todo de nuevo y en tu mente habitaba ya la flama,

esa música imperceptible.

 Vas a crear un mundo allá afuera, muros y tormentas, paraísos de savia,

lo estrecho del cielo, y yo estaré en el lugar nocturno donde crecen los pantanos.

Ven a verme, para abrir la cortina, para hacer sonar todas las campanas de la mente,

al vuelo irán los pensamientos, el juicio de los otros;

en el sueño, yo también en mi forma animal, me regocijo en tu belleza, me alimento.

La lluvia es el lenguaje, cuando una gota me moja crecen fuertes en mí todas tus lianas. El beso, beso como pared, beso en el que me detienes en el instante,

beso con el que rompes el alba, el tedio, el horror, beso alucinógeno,

con ese beso que juro no dice nada, ardor, diluvio y después sequía y vacío,

pero con ese beso de pronto has roto tu presa.

Imaginar una guerra, la caída de un imperio,

el techo desprendiéndose y abriendo la oscuridad

de la bóveda de nuestros pulmones,

pero tu boca era, encontrando mi boca, un silencio perfecto.

Había dinteles, columnas jónicas, acueductos,

todo inaugurando una ciudad.

El trazo de tu mano firme sobre el papel,

ahora lo sé, cada verso caerá sobre el plano,

la lluvia negra de la poesía.

Nuestra noche. Siempre y otra vez.

 

Jeanne Karen (San Luis Potosí, mayo de 1975), poeta, editora, activista cultural y tallerista. Tiene cinco libros publicados: Canto de una mujer en tierra, Cuaderno de Ariadna, La luna en un tatuaje, El club de la tortura, Hollywood y algunas antologías. Su obra ha sido difundida a través de varios medios impresos y electrónicos en México y en otros países. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Tiene tres poemarios inéditos.  Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, en la categoría de creadores con trayectoria, en el área de Literatura y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón y el Salvador Gallardo Dávalos. Y para el futuro el presente.

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