El Cafecito


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La bruja de Poka, por Iván Cervantes Martínez

Se dice que en todos los pueblos hay una bruja. Poka no es la excepción, nunca nadie la ha visto, sin embargo, saben que está ahí, en el lado mas alejado del pueblo, en una casa descuidada, como si llevara abandonada mucho tiempo, rodeada por grandes árboles secos cuya sola presencia emite un sentimiento de nostalgia y tristeza que hace que el lugar parezca aún más aterrador.
Ninguno en el pueblo habla de ella, nadie se atreve siquiera a acercarse, incluso los hombres más valientes le temen, pues todo Poka sabe que quien entra a esa casa, nunca más es visto.

Una fría noche, los niños del pueblo contaban historias macabras sobre la bruja, hasta que uno de ellos dijo:
— Las brujas no existen, es sólo un cuento que inventaron para asustarnos.

— Claro que no — dijeron los demás —. ¿Por qué no lo pruebas? Entra a su casa y demuéstralo.

— Lo haré — respondió éste con determinación. Así que partieron hasta el sombrío lugar.
Mientras el niño cruzaba por entre los árboles secos, los otros simplemente observaban a distancia. Cuando llegó a la puerta, antes de que tuviera tiempo de tocar, ésta se abrió. Decidido, entro a la maltrecha vivienda. Estaba oscuro, levemente iluminado por la luz de la luna que se filtraba por las ventanas, parecía que en cualquier momento la casa se derrumbaría. Tras un breve registro, pudo ver una luz que surgía desde una puerta entreabierta, fue hasta ahí, abrió y… la vio, era vieja y fea, estaba sentada junto al fuego de una gran chimenea, leyendo un raro libro; pasó un momento, cuando la anciana levantó la cabeza, y para sorpresa del niño, una gran sonrisa con pocos dientes se dibujó en el rostro de la hechicera; por alguna razón, el lugar ya no parecía tan sombrío, de hecho, aquella habitación era bastante acogedora.

Fue entonces cuando el niño se atrevió a hablar:

— ¿Es usted una bruja? — pregunto tímidamente.

— Lo soy — respondió ella con una voz llena de ternura y amabilidad.

— Y… ¿son ciertas todas las historias que cuentan sobre usted? — esta vez preguntó con mayor seguridad acercándose hasta la chimenea.

— Algunas de ellas conservan un poco de verdad, pero la mayoría son cuentos muy divertidos — respondió con alegría.

Siguieron platicando durante mucho tiempo, hasta que, finalmente, el niño preguntó:

— ¿Por qué nadie la había visto antes?

— Porque nunca antes nadie quiso verme — dijo tranquilamente mientras se asomaba por la ventana.

— Será mejor que regreses a tu casa, pronto va a amanecer.

En ese momento, el niño se levantó del suelo donde se había sentado, dijo “adiós”, dirigió una sonrisa a la anciana y se dispuso a salir; pero, antes de hacerlo, se dio cuenta que la bruja ya no estaba, ni el fuego en la chimenea, y que aquella era sólo una habitación donde nadie había estado en mucho tiempo.
Cuando se reunió con los otros niños, ya casi amanecía, todos lo miraban asombrados, incapaces de decir algo. Este simplemente dijo:
— ¿Lo ven? Las brujas no existen.

Iván Cervantes Martínez es estudiante de Comunicación Organizacional en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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