El Cafecito


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Un día en una feria del libro, Graciela Cervantes Silva

Comenzaré por decirles que no soy escritora, únicamente soy una persona preocupada por el futuro de mi país, como espero que haya muchas más.

Trataré de narrarles un día en una feria del libro de una ciudad como hay tantas en mi país, México; en esta feria estuvo como invitado un país muy pequeño en dimensión, pero muy grande en hombres y mujeres cultos, me refiero a Cuba.

Hay un contraste inmenso entre México y Cuba, en mi bello tenemos toda la libertad de que puede gozar una persona en un país democrático, la libertad de hacer a las personas más ignorantes, la libertad de no educar adecuadamente a nuestros niños, la libertad de coartarles a nuestros hijos sus deseos de ser mejores seres humanos, la libertad de mantenerlos ignorantes.

Se preguntarán por qué les digo todo esto; como les dije al inicio, es la narración de un día en una feria del libro.

Pues, bien, el programa indica que el horario para abrir al público es a las 9 de la mañana, se va abriendo a las 10; poco a poco, van entrando algunos estudiantes, observan cada uno de los puestos y salen sin adquirir ni un solo ejemplar; aproximadamente a las 11 de la mañana, van llegando uno que otro matrimonio con sus hijos.

— Mira, hijita, qué bonita muñequita Barbie, ¿la quieres?

Lógicamente, la niña dice:

— Sí, quiero la de princesa porque ésa no la tengo.

Se la compran, $75.00, junto con un libro de pastas gruesas que, desde luego, no tiene nada de cultura. Pasan por el puesto de CONACULTA en donde hay títulos muy interesantes, pero, como les dije, pasan y ni por equivocación se detienen.

Está el puesto de Cuba, que tiene libros infantiles y juveniles que han obtenido varios premios, lo mismo que en el anterior, únicamente pasan. Llegan al tercer puesto, ¡qué maravilla!, venden plastilina y unos moldecitos para hacer diferentes animales.

— Quiero plastilina — dice la niña.

Cuatro botecitos con plastilina de distintos colores, cinco moldes, una tablita y una bolsita de plástico, $100.00; se la compran. Pasan frente a un puesto que vende libros usados y ediciones agotadas, ni voltean a verlo. En seguida, hay un puesto con muchos juegos, con canicas, palitos chinos, etc.; le compran un jueguito. En el siguiente puesto hay libros, casetes, cuentos; no se detienen. En el siguiente también hay cuentos y unos mini libros, rompecabezas y libreritos; le compran un rompecabezas. Más adelante hay un puesto donde se venden unas bonitas revistas infantiles, que tienen lecturas, información de actualidad, geografía, manualidades, etc.; la niña se las muestra a su mamá, la cual, molesta, le dice: “ya gasté mucho en ti en esta feria del libro” y la jala sin voltear siquiera a ver la revista que le pide su niña y que tiene un costo de $18.00

Y así transcurrió el resto del día en la feria del libro; no se compran libros ni revistas ni nada que tenga que ver con la lectura.

Como información adicional, les diré que en el país de Cuba, se hace una feria del libro internacional simultáneamente en todo el país y se venden aproximadamente 5 millones de libros de literatura infantil y juvenil.

Graciela A. Cervantes Silva es una ciudadana preocupada por la cultura.

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