El Cafecito


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Dos manos, cuatro manos, por Enrique Olvera Z. (eoz)

Dos Manos, cuatro manos, dos personas geniales. Saramago, Monsiváis, Monsiváis Saramago.

¿Qué hace tan especial y tan geniales a estos dos grandes?

Algo tan simple como atreverse a vivir.

Y es que vivir es una cosa que resulta heroico en estos días tan cínicos que nos tocan.

Carlos Monsiváis y José Saramago son de esos héroes.

Carlos Monsiváis pluma en mano nos narra el mundo que veía. Nos emociona tanto su talento para contarnos lo cotidiano como su saborear el tiempo y el aire que vive, siempre mexicano.

Con Monsi no le queda más remedio a uno que volverse cómplice de la inteligencia sonriendo al ritmo de su ironía y sarcasmo siempre con dedicatoria.

Saramago, en un tono hormonal, hace de su denuncia novela y de su pregunta, cuestión profética.

En su ansia de ser, Saramago se entrega también desde lo cotidiano y planta cara a la injusticia justo ahí a un lado de los miserables y desposeídos.

Leerlos, escucharlos, verlos, tocarlos, sentirlos tan sencillos y tan contundentes es hermoso. Tan hermoso como emprender una aventura y no saber a dónde se irá a parar.

De tan cotidianos y cercanos que son, podemos irnos por la vida caminando confiados y guiados por las palabras que nos fueron dejando, como mendrugos de pan. Mendrugos que hay que devorar antes que lleguen los cuervos del olvido, con sus  vanos intentos de no permitir seguirles la huella.

Y son vanos los intentos de esos pajarracos bromistas, porque ahí donde quede registro de la letra, de la palabra y el  ejemplo de Saramago o de Monsi, volvemos a encontrar más mendrugos, pues el don de dar de estos dos viejos es infinito.

Ejemplos de anciana rebeldía ambos y no por su edad, sino por su saber, por su amor fascinado, por su ejemplo de miras, a los dos viejos los vemos sonrientes, pues supieron vivir y, aun así, sabemos que no han muerto, pues el secreto de la vida eterna es la rebeldía.

Charlando y contándose cosas, allá van los dos por otro camino ahora; pero, si ponemos atención, podemos ver que van dejando caer pequeños mendrugos de pan en forma de palabras… encima de nosotros, los cuervos.

Dos manos, cuatro manos Monsiváis y Saramago por siempre.

Eoz, menos conocido como Enrique Olvera Z., es experto en nada y aprendiz de todo, activista laboral en pausa, músico/compositor, administrador/coordinador/facilitador de Blog del empleo (http://blogdelempleo.com), moderador de Ba-k.com (política y sociedad), twittero, bloguero y trovador.

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