El Cafecito


Deja un comentario

México, ¿por qué?, por Carlos Antonio Villa Guzmán

DSC06970

Qué difícil entender cómo y por qué México, el país que proyectaba hacia el mundo la imagen de un lugar de gente sencilla, casi siempre sonriente y amable; de una nación cuyos mayores encantos surgían, precisamente, de esa cordialidad; ahora se haya convertido en un lugar de pesadilla, sangriento y terrible; un sitio sin justicia ni ley; poblado de criminales y gente sin escrúpulos que son la peor amenaza que puede existir para los que viven honradamente y en paz; un imperio de impunidad y corrupción.

Si bien la etapa de la Revolución y la menos conocida pero igualmente sangrienta Guerra Cristera, ya habían marcado ésta como una tierra de gente rebelde y atrevida; como auténticos domadores de miedos; salvajes para jugar con la muerte, casi hasta la brutalidad; el siglo veinte continuó viviéndose en contextos de estabilidad política suficiente como para alcanzar el desarrollo que, en cierto momento, ubicó a México como una de las naciones más prósperas de Latinoamérica.

Medio siglo después de esa efímera bonanza y ya adentrados en el siglo XXI, México, el que era “Casi el paraíso”, como lo definió Luis Spota, “el país amigo”, que proyectaba sus bondades hacia el extranjero, devino en el lugar de la muerte.

Si volteamos hacia atrás, para tratar de encontrar la bifurcación por donde desviamos el rumbo, los orígenes de lo que en unas décadas se convirtió en una frenética matanza de gente que no se sabe bien a bien por qué, ni cuántos desaparecen o mueren todos los días, hasta que se van descubriendo las fosas u otros rastros o testimonios que revelan la indescriptible situación que desvanece las esperanzas de la gente y causa miedo, nos encontraremos con los terribles días de 1968 en los que se escribió el asesinato masivo de Tlatelolco un 2 de octubre, así como las cruentas persecuciones y crímenes que siguieron a esa fecha, hasta llegar al Jueves de Corpus de 1971, con otro asesinato de estudiantes. Fueron centenares o millares de desaparecidos forzados a manos de integrantes de grupos paramilitares y policíacos, como la Dirección Federal de Seguridad, DFS. En ningún momento de la historia contemporánea el Estado dejó de utilizar la fuerza contra todo aquello que transgrediera sus fines. Lo mismo se reprimió siempre a huelguistas que a estudiantes o periodistas. Al nacer el PRI cuyos antecedentes habían sido el PRM y el PARM, instituyó la práctica de perseguir a los opositores, como sucedió el 7 de julio de 1952, un día después de las elecciones, cuando los seguidores de Miguel Henríquez Guzmán festejaban el triunfo sobre la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines y fueron brutalmente reprimidos en la Alameda.

Aun así, la imagen de los gobernantes ante la opinión púbica mundial se mantenía intacta, mientras que en su propio país éstos no provocaron los niveles de desprecio que la gente siente hacia los actuales representantes del poder estatal: Luis Echeverría, acusado de crímenes contra industriales e igualmente reconocido como autoridad que dio la orden de las emboscadas contra las concentraciones de gente que se revolvía con estudiantes en mítines y marchas, vivió aislado el resto de su vida mas no por ello se ocultaba plenamente. De vez en cuando, concedía entrevistas o aparecía en lugares públicos. Jugó a ser socialista pero se dice que era agente de la CIA. “Arriba y adelante” fue el lema de campaña que se mantuvo durante su gobierno, sin embargo el país retrocedió en términos de equidad y justicia social, además se perdió el valor de 12.50 pesos que había mantenido el dólar por mucho tiempo. Echeverría modificó la Constitución para hacer que Carlos Biebrich pudiera asumir la gubernatura de Sonora, cuando este no tenía la edad requerida para ocupar el cargo. Transformó el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI) en los sistemas DIF y en su período se fundó lo que ahora es el INFONAVIT; creó también la Coordinadora Nacional de Subsistencias Populares, (CONASUPO) desaparecida al inicio de la etapa neoliberal. Aspiró a ser líder de lo que entonces se conocía como el Tercer Mundo, en la distribución geopolítica del planeta. Para ello se vinculó con jefes de Estado procedentes de varios continentes e impulsó un proyecto que no alcanzó a nacer plenamente: La Universidad del Tercer Mundo, con inspiración africana. La sede comenzó a operar en San Pancho, Nayarit, México. Fueron montadas unas enormes estructuras e instalaciones con pisos y muros de materiales naturales como cortezas de árbol, troncos de bambú, techos de palma atados con soga de ixtle, etcétera. Se impartían técnicas para la producción agrícola y elaboración de conservas, así como el aprovechamiento de recursos pesqueros, entre otros. Sin embargo fue sumamente efímero este sueño latinoamericano.

Como vemos, no hubo en esos años conflictos que remotamente se asemejen a los que se manifiestan en estos días. Por cierto, en 1968 los pobladores de San Miguel Canoa, en Puebla, acusaron de comunistas a unos trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla, UAP y los agredieron; dos de ellos murieron por linchamiento. Se han mantenido las rupturas ideológicas como parte de lo que arrastra o lleva a cuestas nuestro pasado, sólo que ahora se suma la vorágine del crimen organizado y lo que el Estado hace en torno a ello, que es bastante confuso, ambiguo, ya que va de un extremo a otro: para ciertos grupos o sujetos utiliza una fuerza y saña descomunal, en tanto que para otros actúa con evidente complacencia, como el caso del recientemente fugado Chapo Guzmán.

Ya podemos hablar de la guerra en México; la que se libra todos los días en diferentes lugares, con actores que igualmente varían de condición y problemática, pero que tienen una característica que los iguala: No quieren que el gobierno les imponga su voluntad. Para la gente que vive en constante inconformidad y lo manifiesta de alguna forma, organizada o no, el gobierno desparramó toda su credibilidad, no tiene absolutamente nada a favor como para ser digno depositario de su confianza. Para la mayoría de los que vivimos y trabajamos en este país, el actual gobierno de Peña Nieto ha fracasado. ¿Qué seguirá?

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y doctor en Política y Gobierno por la Universidad Católica de Córdoba y en Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


1 comentario

Dumping mediático y elecciones, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Exigir transparencia y equidad electoral en un país que carece de instituciones democráticas o son éstas débiles, equivale a pedir un hot dog en un barrio chino.
El dumping mediático que favoreció la candidatura de Peña Nieto es legal, más no legítimo. La democracia se fundamenta en legitimidad, que en este caso es sinónimo de equidad y transparencia.

¿Qué es el dumping mediático?

Tal como sucede en el mercado con las prácticas desleales (condenables pero no prohibidas) del comercio internacional, de donde procede la palabra dumping, igualmente se utiliza el término en las justas deportivas donde ciertas prácticas son consideradas como ilegales para la normatividad que rige tales actividades. En la competición política también se incurre en conductas o actividades que pudieran ser calificadas como ventajosas y por tanto ilegales, mas no se encuentra reglamentado su ámbito, desafortunadamente.

Si el dumping para un atleta equivale a dotar el cuerpo de sustancias que le dan más capacidad física o resistencia durante la competencia y con ello estar en ventaja sobre sus oponentes, en el caso de una contienda política el dumping consiste en contar con el mayor tempo de exposición favorable en los medios de comunicación, esto es, haber aparecido como cliente frecuente en programas o spots, asimismo promocionar mediáticamente actos de gobierno, eventos privados o cualquier actividad que logre construir imaginarios colectivos en gran escala. Esto es el dumping mediático y su medición se basa, entre otras técnicas, en las encuestas que se realizan en forma paralela a los procesos políticos, independientemente de que éstas ya también sirven al dumping.

Cuando un juez detecta dumping, inmediatamente el competidor queda incapacitado a participar en la prueba. En el caso del juez electoral y los árbitros que regularon parcialmente la elección que se llevó a cabo el 1° de julio en México, no hubo manera de sancionar lo que sectores de la sociedad y algunos medios de comunicación sí detectaron: que se estaba cometiendo dumping. La promoción de la imagen del candidato del PRI, se adelantó cerca de seis años. El posicionamiento o branding, estuvo logrado con antelación a otros candidatos, salvo el caso de López Obrador quien a su manera mantuvo la proyección de su imagen pública por medios no convencionales. La candidata del PAN entró tarde a la contienda y además lo hizo con una estrategia de comunicación y personalidad muy por debajo de los niveles de una campaña presidencial.

Cuando se comprueba que un medallista obtuvo la presea por medio del dumping, ésta le es retirada en medio de escándalos que se publicitan como si fuese un crimen. En cambio, en el caso del dumping que impulsó a Peña Nieto, las autoridades reguladoras y calificadoras de las elecciones, no tan sólo no eliminaron de la prueba antes de competir en las urnas a este competidor dopado, sino que después de obtenido el triunfo se lo reconocen de forma unánime, sin ninguna cortapisa. Los medios patrocinadores esperadamente opacaron todo.

En el colmo del desbarajustado desequilibrio electoral, a quienes protestan desde la tribuna y a través de diversos frentes por la evidencia del dumping al que se sumaron otras trampas, en este caso el intento de la compra masiva de votos en niveles superlativos y ultramillonarios, se les señala como incapaces de dar una prueba.

Sin embargo esto sucede porque la ley se queda corta, es fácilmente desbordada por quienes aplicaron el dumping sin ningún impedimento o escrúpulo. Por esta ocasión no van a retirar la medalla los jueces porque no está estipulado en sus reglamentos que se prohíba el dumping.

Quizá para las próximas elecciones se dé con los mecanismos que impidan estas prácticas desequilibrantes que ponen seriamente en entredicho la democracia.

Por ahora el daño ya está hecho sin posibilidad de retroceso, por lo que quienes conforman la opinión pública en contra del desenlace, tendrán que acatar finalmente el resultado, ya que esta gran falta cometida de alguna forma es conjunta entre los distintos actores que participaron en la elección. Es un vacío legal el que impide (a pesar de la Reforma de 2007-2008 que reglamentó equitativamente los pautados de los tiempos en los medios de comunicación) que la exposición de una candidatura reciba un trato preferencial mediático soportado en los formatos que tienen los medios, especialmente la televisión. En el caso de este candidato electo el dumping fue más intenso aún, dado la especie de libreto donde tiene una presencia destacada la esposa y actriz que lo acompaña y hasta el propio accionista mayor del monopolio televisivo que se ha retratado en varias ocasiones con el elegido.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


Deja un comentario

El ciudadano democrático, por Carlos Antonio Villa Guzmán

La democracia es producto de ciudadanos como respuesta a las tiranías soberanas o totalitarismos impuestos desde las cimas del poder. Se construye y funciona en esencia a base de mayorías y de otros factores que la conforman como un sistema de régimen político. Entre ellos podemos considerar los procedimientos necesarios para la rotación del poder mediante la participación de quienes acuden a elegir o ser elegidos, al igual que otras condiciones que hacen de este ejercicio pacífico la única posibilidad de convivencia entre quienes conforman las naciones como individuos que ejercen libremente todos sus derechos. En el ámbito internacional, la democracia sigue operando en un campo que obedece reglas basadas en la búsqueda del consenso mayoritario para efectuar los múltiples tratados de impacto global.

La democracia hace propicio el pacto social entre los distintos actores que ven por sus intereses de cualquier índole, para lo cual existe el marco constitucional que los ampara, respalda, regula, condiciona e incluso les inhibe o coarta libertades cuando llegan a ser contrarios al interés del consenso.

A diferencia de las naciones donde tuvo origen y se fraguó la democracia con el fortalecimiento de la esfera pública, conformada sobre todo por la burguesía floreciente que antecedió a la clase media, en los Estados colonizados donde llegó a ser implantada mucho después de que consiguieron sus independencias, surgen distintos inconvenientes que no ha sido posible superar. Por principio en estas naciones, como México, las masas fueron enseñadas más a venerar y respetar a los amos y superiores, que a modificar o intentar cambiar el orden social. De ahí que los caciquismos hayan proliferado históricamente en todos los sectores, desde el campesinado al obrerismo y hasta la gran burocracia junto con las estructuras partidistas. Toda la armazón del régimen, desde la presidencia de la República hasta las fractales que se replican por el país señalan ese patrón en el que el diseño de la imposición del poder y la fuerza para perpetuarlo, invariablemente han emanado de las cúpulas, en lugar de hacerlo desde las bases que simplemente obedecen y sirven.

Además el tapiz sociocultural mexicano hace que persistan costumbrismos ancestrales e igualmente una población que rebaza en número a otros sectores, la cual se haya muy distante de representar realmente una ciudadanía.

Se trata de la gran masa cuyo rezago cultural, específicamente en materia política, le vuelve dúctil a las voluntades de la élite. En esta franja poblacional, como lo acabamos de ver, se decide el mapa político que relevará al actual, como ha sucedido a partir de 1990, cuando se crean organismos ciudadanizados o no partidistas que se involucraron en los procesos electorales. Sin embargo éstos no alcanzaron a tener los niveles de autonomía necesarios con respecto de los partidos u otros poderes, incluso de facto, por lo que los procesos electorales de 2006 y 2012 manifestaron múltiples irregularidades que dieron origen a varios litigios que no han concluido. En esta ocasión las faltas comienzan a ocurrir aún antes del comienzo de las campañas, cuando la expectativa mediática construyó la candidatura de Peña Nieto respaldada por grupos de empresarios cuya apuesta les redituará ampliamente para incrementar sus emporios.

El gran problema de México es la corrupción.

De ahí parte todo lo demás, inclusive la posibilidad de acrecentar la cultura ciudadana, cooptada por dichos poderes fácticos, en especial los medios de comunicación cuyo poder doblega al Estado quedando a merced de los corporativos locales y lobbies internacionales que aprovechan la coyuntura política al máximo, dejando aproximadamente la mitad de la población con una marginalidad de vida entre las peores en América Latina. Este sentimiento  lo manifiestan las protestas populares que se alzaron contra la imposición del candidato del PRI: “Televisa te idiotiza”.

Con este escenario que además de crear incertidumbre y desconfianza tiende a ser turbulento, no existirá democracia México, comenzando con el obstáculo mayúsculo que imponen los medios de comunicación que forman un bloque; en especial la televisora y algunos diarios, que por años se han dedicado a construir imaginarios a favor de que no cambien las cosas. Recrean el país ideal, cuya divisa es el consumismo mediático y por ende la racionalidad de las multitudes acondicionada a la que exhibe este poder fáctico.

Por estos motivos, principalmente, será casi imposible que un partido de izquierda llegue al poder y logre transformaciones. Y eso es precisamente una de las características de la democracia; la participación equitativa de todas las fuerzas sociales en los procesos políticos.

El derecho cancelado de antemano para que gobierne López Obrador, nos semeja a las peores dictaduras padecidas en este continente y otras partes del mundo, donde el pueblo es visto como la correa de transmisión de los intereses concentrados en la élite.

Con su ignorancia y vida carenciada, la gente legitima esta clase de poderes que se pueden perpetuar ad infinitum, teniendo para ello los recursos en una cuantía difícil de calcular, tomando en consideración la hibridación del capital ilícito con el resto del capital.

México entra en una etapa que supera en dificultad a las anteriores crisis recientes que se dieron a partir de la manipulación de los procesos electorales, con la venia de las autoridades elegidas supuestamente para vigilar escrupulosamente la limpieza y autenticidad de dichos procesos, de lo cual se abstuvieron en tanto cobraron puntualmente “sus servicios”.

La confianza en las instituciones en México se convierte así en letra muerta, como sucede con esta clase de reglamentación electoral que se presta más para la simulación, que para un proceso cuya legalidad no deje lugar a ninguna clase de dudas.

Los delitos electorales como los cometidos en 2006 y 2012, debieran ser castigados como delitos federales que no otorguen el derecho de fianza a quienes cometen tales latrocinios. Una muestra de justicia y equidad en esta vorágine política sería un buen ejemplo de que la Constitución tiene vigencia. Lo otro es incitar a la desobediencia civil, al desenfreno de las masas justamente indignadas, situaciones que nos recuerdan las ideas de Ortega y Gasset, quien describió excelsamente en su obra el fenómeno de las rebeliones.

 

 Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


Deja un comentario

De la chingada a la Chingada, por Carlos Antonio Villa G.

Una de las características que tan nítidamente distinguen al mexicano consiste en que se tiene a la expresión verbal la chingada como uno de los ejes vertebrales del orden común de sentido. El inolvidable Octavio Paz le dedicó fabulosas páginas en su Laberinto de la Soledad, quizá igualmente admirado de los múltiples usos y significados. Tal vez ninguna otra sociedad incluye en su lenguaje una palabra tan versátil, que se utiliza indistintamente como verbo o sustantivo, para halagar o insultar, según sea el caso. Igualmente se puede pronunciar para festejar, o también en tono derrotista, como lo hizo López Obrador en una reunión “privada” con empresarios, donde algún listo se puso a grabar y enseguida generó la nota del día al divulgar lo grabado:

“Tengo menos vigor, eso sí. Porque ya estoy muy cansado. ¿Te acuerdas en tu casa que te dije que si la elección era limpia y libre, si perdía, me iba yo a ir a La Chingada? ¿Te acuerdas? Y ahora sí. Es que yo tengo una quinta que me dejaron mis padres”.

El buen humor en que se mantiene Andrés Manuel López Obrador  ya lo quisiera otro que no tuviera los arrestos que se requieren para ir siempre contra la corriente, que no es otra cosa que una sociedad apropiada de imaginarios envilecidos como eso de creerse que Hugo Chávez estaba detrás de la campaña de AMLO, o que en realidad su figura o posible gobierno representa un peligro para México, sin ninguna reflexión de por medio. O tan siquiera permitirse observar críticamente algo de lo que hurtan o destruyen los que según eso gobiernan.

Lo que verdaderamente ha sido y es, un peligro para éstas y las futuras generaciones, se encuentra en el torbellino de opinión desinformada que provoca la gente que se deja llevar por la marea que generan en el imaginario social los medios de comunicación, que son totalmente elitistas y poderosos a expensas de lo que han exprimido al Estado. (a través de pagos publicitarios, concesiones y todo tipo de privilegios conseguidos con argucias legaloides que les confieren a precio de ganga la explotación del espacio radioeléctrico y la fibra óptica, que supuestamente es propiedad de la nación) Padecemos una  mediocracia sin contrapesos, como la definió Trejo Delarbre.

Es políticamente nociva la clase de personas que se comportan como rebaño a la hora de hacer sus juicios, si es que los llegan a hacer, sobre el estado que guarda la economía doméstica o los salarios. Vaya, la mayoría ni siquiera conocen y mucho menos exigen el respeto de sus derechos como individuos. Se trata de una sociedad esquiva ante su realidad, que fácilmente se entrega a lo que le divierte o “distrae”. Su naturaleza es dispersa, tiende a escaparse en cada oportunidad; por el aire, por la carretera, por la pantalla de la televisión, o en muchos casos, millones todos los días, a través del alcohol y el ruido ensordecedor de las bocinas a su máximo volumen. ¿Esos por quien van a votar cuando se llevan a cabo elecciones?: Seguramente por aquellos que les señale la tele o el cura, a la hora de la homilía. Por lo que oyen decir en las tertulias, por los colores que indica la tradición de la familia. Esos, se dejaron contagiar del veneno inoculado en los imaginarios de una sociedad acrítica, pasiva, que vive apoltronada en sus prejuicios, al tiempo que convierte a sus integrantes en víctimas de un Estado socavado por el peso de su propia descomposición.

En una sociedad caracterizada por estos niveles de apropiación de ideas que flotan en el ambiente imaginario, un luchador social que elige el camino de la política para la transformación del país, que se manifieste transparente, honesto, humilde, objetivo, etcétera, es más bien autodestructivo, está casi condenado al fracaso. Los tiempos canallas exigen mentiras, montajes, simulación, circo y espectáculo, como tan bien lo hacen los clichés de comunicación política utilizados por los dos partidos que han gobernado; el que se quedó setenta años y el que le siguió los pasos hasta casi acabar con el país.

Este candidato desistió de ponerse en las manos de los expertos en imagen, los que pueden hacer historietas de veinte segundos para vender un producto. En cierta forma lo hizo, pero lo hizo mal o sus asesores no entienden a fondo de este tema. Algo hubo siempre en la relación de López Obrador con los medios y no fue manejado desde el principio o quizá se manejó con tanta trasparencia que hasta rayó en candidez. El caso es que los medios en cada oportunidad destrozaron la imagen del Peje.

“Por el bien de todos primero los pobres”, es una estupenda idea que denota un auténtico compromiso social congruente con una visión de Estado, sin embargo es una pésima ocurrencia el utilizarlo como slogan de campaña, ya que las distintas apropiaciones de ese discurso le dieron variables que fueron totalmente contraproducentes. Algunos imaginaron la pérdida de sus bienes, en tanto que otros pensaron en que se gobernaría con la impronta que han dejado los estados socialistas o comunistas. Por supuesto que un cincuenta por ciento o más, de los habitantes sumidos en la pobreza requieren de medidas tajantes, sin miramientos, pero esto no se utiliza como posicionamiento de marca o branding, para decirlo en términos de mercadotecnia. Tampoco esperemos que Andrés Manuel se hubiera prestado a ese artífico que pueden lograr los medios, a base de representar conceptos superficiales o banales, la frivolidad que impregna las campañas ordinarias. Una amplia sonrisa y palabrería hueca, que no dice nada pero impacta a la gente que quiere escuchar cantos de sirenas o admirar copetes.

Más, sin embargo, eso mismo se volvió en su contra y ahora amenaza con dejarlo en tercera posición en la futura contienda. ¿Quién le aconsejó que no asistiera a aquél debate tan mentado durante la campaña de 2006, y en cambio lo mandó a postrarse ante Televisa en horario estelar a finales del 2011? ¿No era la negación de acudir a ese estudio la forma de dar un golpe de audacia contundente, que ahora lo tuviera en los primeros planos de la opinión pública, no tan sólo nacional sino internacional? ¿No valoraron sus asesores de comunicación política que ese era el As bajo la manga? Televisa es el mismo enemigo antes y después, ¿Quién lo duda? ¿No hubiera sido mejor un poquito de simulación y de política mediática, una estrategia a la medida de esas muchedumbres adoradoras del espectáculo, para estar en la primera posición? Yo opino que si, con tal de no irnos todos a la chingada, pero no a la quinta de Campeche, sino a la chingada en serio, lo que significa seguir igual.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


Deja un comentario

Del fraude electoral de 2012 en México, a las amenazas sociales por el incremento de la delincuencia, por Carlos Antonio Villa Guzmán

A éste, que ha sido uno de los sexenios más fatídicos e infortunados de la historia de México, le falta todo un año por concluir.

Sirva como ejemplo para otros países de lo que puede suceder si la gente que vota y aquella otra que se abstiene, permite que las elecciones deriven en un fraude, como sucedió en este país latinoamericano cuando se robaron la elección presidencial en 2006.

Felipe Calderón, teniendo como cómplices a varios empresarios: banqueros, propietarios de medios de comunicación, así como ex presidentes y figuras del clero católico, se ungió como primer mandatario acudiendo al recinto a recibir la simbólica banda presidencial por la puerta trasera, custodiado o blindado por policías, en medio de una protesta ciudadana que cobró la magnitud de sucesivas concentraciones multitudinarias en la ciudad de México y en otras capitales del país, como jamás se vio antes en la historia de la etapa pos revolucionaria. ¿Qué sucedió después? Lo que hemos visto: un desquiciamiento institucional y social donde se fraguó este clima de pobreza e inseguridad que empeora día con día.

Robarse una elección se paga caro y la peor parte la lleva el pueblo, como siempre sucede. Haber permitido que llegaran a los máximos cargos del gobierno, individuos cuyos compromisos e intereses se orientan en la búsqueda del dinero a base de estar cerca del poder necesario para obtenerlo de manera fácil y con toda impunidad, ha llevado a la sociedad completa a un estado de caos que ya se nombra Estado fallido.

Quienes tienen como única expectativa amasar fortunas, sin ver más allá, fácilmente se comprometen con intereses oscuros con tal de lograr sus fines. No hay moral que valga, ni algo parecido a escrúpulos, a la hora en que políticos, empresarios, narcotraficantes, especuladores, lavadores de capitales y delincuentes de toda laya, se reúnen a negociar. Todos se ponen en el mismo nivel. El modelo económico orilla a los sujetos a rebajarse hasta los más ínfimos niveles de la condición humana, se vuelven esclavos de las dinámicas del mercado, donde se ofertan hasta los más preciados sentimientos que ha logrado concebir la humanidad.

El amor filial, la lealtad, la honestidad, los lazos fraternos, la amistad, la solidaridad, la fidelidad, entre otros valores, son parte de la mercancía que el mundo tasa para que se vuelva comercializable. El capital no tiene ojos ni sensibilidad ante nada que no sea negocio. Tampoco tiene patria, ni reconoce los límites de la intimidad o la dignidad a la que todo ser humano tiene derecho. Vale el que posee bienes materiales y punto.
Sobre esa escoria se cimentan las instituciones en los gobiernos y las sociedades contemporáneas, incluida la iglesia dominante, como sucede en México y por ello sucumbe ante su propia descomposición.

La película que nos pasan de una pseudo persecución de hampones no muestra la totalidad del guión, que a cualquier costo tratan de ocultar y es donde tiene lugar el rol que desempeñan los banqueros y gente de negocios, además de funcionarios, políticos, militares, policías. Son verdaderos contingentes que forman quienes interactúan con estas actividades y jamás son nombrados de manera explícita o directa. Lo que se conoce como narcotráfico no pudiera ser posible sin ser acompañado de apoyos de toda clase, brindados por cuerpos policiacos, militares, políticos, funcionarios, banqueros, empresarios, tecnólogos, etcétera. Hasta los propios medios de comunicación que son parte de la élite beneficiada con todo lo que sucede. Las listas de nombres y apodos de víctimas o victimarios que publican los medios corresponden exclusivamente a gente que pertenece a uno solo de los múltiples niveles en que se desenvuelven estos negocios. Éstos ponen el físico y el de sus propias familias, en cambio, el resto de la cadena vive tranquilamente aumentando su patrimonio. El día en que los sicarios se unan y rebelen contra sus amos, las cosas se van a poner mucho más difíciles, aunque para ello tendrían que derrotar ejércitos completos. Es imperativo revertir los efectos malignos de la corrupción, como lo es el crimen organizado.

El primer paso que debiera emprender el Estado es recuperar su fuerza, es decir, nacionalizar bienes estratégicos como transportes, comunicaciones, banca, recursos naturales, entre otros. Enseguida ha de cambiar el modelo económico para volver a la productividad interna, fomentando nuevamente el desarrollo del campo facilitado a través de financiamiento otorgado por una banca nacional, que además brinde asistencia técnica, como sucedía en el pasado.

Es evidente que el neoliberalismo mal planificado y peor aplicado, fue devastador para la economía de millones de familias. Urge un freno y cambio de rumbo, recuperando lo que funcionaba adecuadamente antes de que los presidentes se convirtieran en martilleros y comisionistas de los remates de los bienes públicos nacionales y no sirvieran para otra cosa que seguir con una alta dieta del presupuesto hasta el final de sus días.

Urge un plan nacional de gran aliento, para rescatar la educación, terminar con el parasitario sindicato que la asfixia, así como crear un modelo distinto, que incluya alimentación para el alumnado de las escuelas públicas en los niveles primario y secundario, como lo hacen en Argentina y otros países del mundo. Al menos duplicar el presupuesto en este rubro es un requisito que no se puede pasar por alto si se pretende realmente un rescate de México.

Modificar las relaciones exteriores, regresando a la Doctrina Estrada, donde se prima el respeto a la soberanía de los pueblos y a su dignidad, así mismo, establecer otra clase de relaciones con EU, para contra restar el tutelaje vergonzante a que ha llegado dicha relación, que se ha vuelto además peligrosa por los grados de corrupción que existen entre los cuerpos policiacos, militares, aduanales y políticos, de ambas naciones. El paso descomunal de armas hacia México, sin que poder alguno lo contenga, es una prueba irrefutable de este fenómeno. O recuperamos en el corto plazo soberanía política o nos veremos envueltos en una escalada de violencia multiplicada exponencialmente.
Por su parte, los ciudadanos adeudan su auténtica participación en los procesos políticos. La indiferencia ciudadana ante el acontecer cotidiano, se suma a la lista de flagelos que padecen nuestras sociedades contemporáneas. Seducidos o enajenados por los medios de comunicación y doblegados por una vida de consumismo en que la única divisa, el único valor, es el dinero y lo que con éste se puede conseguir, se producen a sí mismos grandes vacíos existenciales, que hacen aún más difícil el insoportable caos en que se ha convertido la vida en este país subdesarrollado.

Los productos de valor asociados a la cultura y el crecimiento interior de los sujetos, lo que se define como desarrollo intelectual y espiritual, quedan, en el mejor de los casos, en segundo término. No tienen el significado que se les da en otras latitudes. La nuestra es una sociedad de bajos niveles culturales y educativos por decisión propia.
De no cambiar estas dinámicas, el país seguirá evolucionando hacia la descomposición en todos los órdenes. 2012 es la última oportunidad quizá, para cambiar.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


Deja un comentario

El fraude de 2006, los medios de comunicación y el escenario de 2012, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Cada vez que se hace mención del aparatoso fraude electoral que puso a gobernar a quienes ya se les puede culpar de la severa crisis en que se encuentra sumido el país, yo me repito la pregunta: ¿por qué la gente se deja influenciar de forma tan sumisa por las campañas de los medios de comunicación? ¿Qué hubiera sucedido si se controlara la propaganda electoral y no se hubiese permitido la invasión de anuncios en contra de la imagen del candidato más fuertemente posicionado en dicha contienda? ¿Hubiera triunfado la candidatura de López Obrador y con ello el panorama social y político sería muy distinto?

Con la elección de Fox y de Calderón, quedó demostrado que los procesos electorales ya son asunto casi exclusivamente de los medios de comunicación, principalmente las televisoras y cadenas de radio que monopolizan los circuitos por donde fluye y se presenta la información. Estas agencias fueron reiteradamente señaladas como responsables de instalar el miedo como estrategia comunicativa, gracias a que una elite de empresarios se empeña en conservar sus privilegios a costa de lo que sea, ya que éstos no son nada despreciables, como por ejemplo la exención de impuestos. De acuerdo con Castells, “La capacidad para lograr el consentimiento o al menos instilar miedo y resignación respecto al orden existente es fundamental para imponer las reglas que gobiernan las instituciones y las organizaciones de la sociedad”.

En el imaginario político de los mexicanos se resume la visión sobre la alternancia como un simple cambio de mandos, que no llega a tocar las estructuras, ni tampoco permite que se reformen o alteren sustancialmente las relaciones de poder.

Sin dedicar mayor razonamiento cuando se le interroga sobre su opinión acerca de las ofertas políticas, es común que la gente responda que le de da lo mismo quien gane o hasta por quien emitir el sufragio. La decisión se dificulta o de plano se abandona la intención de votar porque finalmente desde esta postura se percibe que, quien resulte triunfador en la contienda hará lo mismo que el anterior, auque fuese de distinto partido.

Por otra parte, en los niveles superiores de toma de decisiones del ámbito nacional pero también en las cúpulas del poder trasnacional, no se concibe que llegue a gobernar alguien que lleve a cabo cambios profundos siempre y cuando éstos resulten benéficos para las mayorías. Tal posibilidad sería en primer término anticlimática para el guardián de México, que ancla su poderío en cualquier nación que muestre flancos débiles como la nuestra, que los tiene debilitados en su totalidad.

Y sí, es muy importante que la gente, al menos la que tiene interés en acudir a las urnas, tenga una noción definida sobre el programa político que presentan las distintas opciones partidistas. Es necesario que la sociedad conozca que el operativo que se montó a nivel Estado en contubernio con grupos empresariales, el clero, entre otros, para impedir el triunfo de López Obrador, trajo como consecuencia un país militarizado, con un régimen apoyado en el uso de la fuerza como única respuesta ante la grave crisis que amenaza a las instituciones, a la sociedad civil y a la viabilidad misma del país.

Aún no se sabe con certeza quienes irán a la contienda en 2012, y cuando esta información sea del domino público, lo ideal será recordar lo acontecido en 2006, para evitar que se repita.

Sin embargo, eso no es todo ni tampoco lo peor: Ha comenzado una imparable fuga de capitales al extranjero que posiblemente lleven a tomar medidas que devalúen el peso, trasladándolo de la línea de flotación actual que alcanzó hoy 12 pesos, a una por encima de los veinte pesos por dólar.

“Resulta que la exportación de capitales mexicanos crece a paso veloz, y en este sentido los mexicanos con mayor capacidad económica enviaron más de 93 mil millones de dólares al exterior durante el gobierno en curso para ser depositados en bancos, como inversión directa o para su colocación en otros activos en diversos países, indican informes del Banco de México. El envío de recursos al exterior bajo estas tres formas significó que 94 de cada 100 dólares que ingresaron a México por las remesas de mexicanos que trabajan en el exterior volvieron a salir del país en el mismo periodo. El monto de las remesas fue de 98 mil 801.6 millones de dólares en los 17 trimestres transcurridos entre 2007 y 2011.” (La Jornada, Juan Antonio Zúñiga).

Acción Nacional no fue ni mucho menos, la respuesta al deterioro que sufre la nación en todos los órdenes. Las élites del partido vieron con buenos ojos algo que ya venía construyendo el PRI: la derechización del país. Por tanto continuaron la tarea sirviéndose de paso con los jugosos beneficios del poder.

Hoy que las expectativas de conservar el enorme privilegio de gobernar un país moldeado por la corrupción, se ven amenazadas por la movilización de la sociedad en varios frentes y con distinta estrategia, los grupos oligárquicos tratan de mantenerse a toda costa. Para ello seguramente preparan otro golpe a la democracia. Estemos atentos.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


Deja un comentario

La crisis mexicana, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Si bien tiene fundamento la tesis de que los problemas de cada país no son de su exclusividad, dado que la gran mayoría forman parte de un concierto capitalista global, que por demás está decir que ha entrado en una trepidante crisis, en mucho, lo que se resuelva o no, es algo que compete en primer término a los responsables del gobierno, de la administración pública y de los grupos que influyen en la toma de decisiones de cada nación.

Hace meses fuimos testigos de que el mundo financiero se cimbra, los capitales que viven del capital, es decir el mercado del dinero, entraron en una fase que muchos describen como terminal, donde el exceso de oferta destruyó la demanda generando más pobreza y desigualdad. Tan sólo en América Latina, donde las medidas de ajuste estructural y de estabilización económica prescriptas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) hundieron a la población en la miseria, la cantidad de pobres se duplicó entre 1980 y 2001 pasando de 120, a 220 millones.

Desde que fueron abandonadas o francamente despreciadas las políticas sociales y quedó la economía bajo la égida del Banco Mundial (BM) y el Consenso de Washington de los años 1980-1990, cualquier consideración ligada a la asistencia o ayuda social, aquello que se entiende como compromiso presupuestario hacia el pueblo, al igual que toda medida redistributiva, han sido fuertemente atacados, siendo los propios gobernantes quienes repuntan este modelo emblemático del capitalismo moderno y ponen todo el aparato del Estado a su servicio.

Por supuesto que la agudización de la crisis actual tiene que ver además con presiones o intereses mancomunados con los lobbies del país vecino, que a últimas fechas ha presentado síntomas de pérdida de liderazgo entre las naciones, principalmente en Europa y no se diga ante China, nación cuyo poderío industrial y comercial se hace evidente por medio de una expansión mundial que cada día es más importante en Latinoamérica.

Esta y otras situaciones adversas han obligado a que Estados Unidos reaccione en la forma acostumbrada, utilizando la ley del garrote, lo cual agudiza la problemática mexicana junto con las dificultades que muestran los gobiernos para entenderse con sus pares, a pesar de que en las tres décadas recientes han sido complacientes hasta la abyección, para cumplir con los dictados estadounidenses, principalmente en materia económica, migratoria y de seguridad. La sujeción del país por parte del Consejo de Washington nos priva por ahora de cualquier independencia económica y política. La manera como se formuló y se lleva a cabo el TLC y el Plan Mérida, son ejemplos claros.

Es importante también señalar que al depender los Estados Unidos de las drogas, tanto a niveles de consumo como del negocio que éstas ofrecen, su “socio comercial” México, tiene que jugar un triple rol bastante complejo como proveedor, puente y justiciero de quienes operen por fuera del círculo protegido por ambos gobiernos. Eso explica los más de 40 mil muertos relacionados con esta política de Estado, en lo que lleva la administración de Felipe Calderón, más lo que se sumen de aquí a que sea relevado del cargo.

La severa crisis no es otra cosa sino la consecuencia de sucesivos gobiernos cleptócratas, conformados por gente acostumbrada a servirse del poder, por ínfimo que sea, sin la menor consideración hacia gobernados. Cualquier puesto en los tres niveles de gobierno en México, es entendido como sinónimo de oportunidad. El Estado es percibido como una gran agencia de empleos y negocios a la cual los dos regímenes surgidos de la pseudo transición democrática, impusieron su propia dinámica con la misma fórmula de: a mayores escrúpulos menores posibilidades de hacer fortuna. Por su parte los partidos en lugar de tener desarrollo para favorecer la calidad de la democracia, se revelan como instituciones que enlistan gente ávida de llegar a cualquier cargo de la función pública, a costa de lo que sea y después disfrutar los beneficios de ese golpe de suerte. El pueblo expresa una sentencia que al respecto dice: “a mí no me den, sino pónganme donde haya”. Igualmente aquella frase porfiriana de “más administración y menos política”, hoy pudiera ser sustituida por “más concentración del poder y menos política”.

Así se inscribe nuestra realidad como nación subdesarrollada que en ocasiones retrocede en la práctica democrática.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com