El Cafecito


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Minotarpía, por Antonia Cuevas Naranjo

minotarpia

Observo,

y mientras lo hago pregunto:

¿ Qué extraño mito me llevó a este laberinto?

Mi obsesión con los días,  las alas, las palabras

acecha en algún quicio de la tarde

y temo a cada paso, que me hinque los dientes.

Quién soy                                                    avanzo

sobre el aciago cuerpo del silencio

gárgola, arpía, minotauro

jabalí del desierto florido                            imagino

acaso al otro lado de la puerta                        pregunto

¿hay arpegios y conjuros

que alivien las llagas con ungüentos

de notas febriles?

Jactanciosa  vuelvo ,pero                                recuerdo

que todo esto, que en mi cabeza  oculto

es un ardid, un extravío.

Respiro el polvo que levanta

un jabardo de palabras que pululan la noche.

Qué importa                                                 a quién importa

aspirar polvo                         volver a él

después de todo es un extraño mito.

respondo.

Hago un extraño y aciago conjuro de  palabras,

un reclamo.

Pienso en el silencio laminado como un  mar  nos que unce

en el aljibe de la noche

en mis ojos        ventanas inútiles que limitan los tropos.

Claroscuro de mi vida

donde de pronto se cimbran los sonidos mismos,

tú.

Cierto es que somos, erial teñido donde insomnes

aguardan los andamios.

tren de la noche cargado hasta los hierros

con  polvo de ignominias.

grito abrupto que golpea la verdad esférica

esa verdad que sólo a tus ojos y los míos está dada.

Debajo de esta piel aguardan

el ocre de los años deglutidos

el canto azul del ángel fuego

el rostro negro y sutil del deseo consumido

y qué otra palabra sabia para hurtar a la nostalgia

que la certeza del acierto y de estar

sólo  en la calle intransitable del amor para el olvido.

Esto no es un conjuro, amor, es sortilegio

sobre el cristal ámbar del futuro.

Recuso  ahora el enjambre de trinos

y el murmullo esmeralda de la vida

las orlas naranja de la tarde

para inquirir el  epicúreo inicio del ocaso.

Antonia Cuevas Naranjo. Maestra de Educación Secundaria. Becaria Del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes De Hidalgo en 2006 y 2008 en el género de poesía y narrativa. Ganadora del premio Estatal de Poesía “Efrén Rebolledo” 2007. Ha publicado los poemarios “Para mitigar Silencios (2006) y Memorias en éxodo (2007). Participante y Organizador del Primer  Encuentro Latinoamericano de Escritores en Tulancingo 8-13 de octubre de 2007.Participante y organizador del Segundo Encuentro Latinoamericano de escritores en Tulancingo 8-11 de octubre 2008.

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Paisaje, por Antonia Cuevas Naranjo

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El  olor a óxido  llena el cuarto oscuro de la ausencia

  y el árbol sulfuroso de las cosas dichas , que duelen

 es  árbol de aciagos frutos que incitan al banquete .

 

El viento ámbar  obliga a refugiarme, a perderme

en las formas de la tarde vestida de azul y cuentas grises

que espera al amante de traje bruno y capa blanca.

 

 Me pienso en ese paisaje, ahora

que la ciudad es monocromática y simple

ahora que no hay árbol

tocando con sus ramas de cristal en mi ventana.

La ciudad abre sus fauces llenas de smog

y me observa con sus múltiples ojos vidriosos.

 

el añil de la tarde, es  un inmenso espejo opaco

dónde se pierden  mil y una hojas

yo ,vuelvo al paisaje  que en mi dejas

de cierto  blanco y negro sus matices.

 

 

 Antonia Cuevas Naranjo. Maestra de Educación Secundaria. Becaria Del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes De Hidalgo en 2006 y 2008 en el género de poesía y narrativa. Ganadora del premio Estatal de Poesía “Efrén Rebolledo” 2007. Ha publicado los poemarios “Para mitigar Silencios (2006) y Memorias en éxodo (2007).

Participante y Organizador del Primer  Encuentro Latinoamericano de Escritores en Tulancingo 8-13 de octubre de 2007.Participante y organizador del Segundo Encuentro Latinoamericano de escritores en Tulancingo 8-11 de octubre 2008.