El Cafecito


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Dr. Jesús y Mr. Cristo, por Alexandro Roque

I

Jesús partió al desierto: se fue sólo con la ropa que llevaba puesta, una botella de agua y un espejo, donde podría ver la imagen del tentador mayor.

Se instala en una roca y mira al cielo. Nadie responde.

Parece abatido: no hay oasis a la vista, el paraiso es un rumor. Parece hambriento: hay que morir para dar vida por lo menos a gusanos.

Yo lo miro.

¿Soy entonces el tentador?

Reflejo o experimento fallido.

¿Soy sólo un espejismo?

De Jesús nunca más se supo nada. El que regresó fue mister Cristo.

Viernes de dolores. ¿Cuántos faltan?

II

Cuarenta días, muchos más, ayuno de ti.

El espejo crece y grita su reflejo atroz. A desgranar recuerdos como un rosario, oraciones con palabras prohibidas, sin destinatario en la arena de inmensa clepsidra.

A vagar se te ha condenado, jodido errante.

III

Algunos baten palmas por el rumor de que alguien entra, sin saber quién es o a qué viene. Voces a lo lejos. Se le llama esperanza.

Sólo los que gobiernan en las sombras saben de la gravedad: algo puede caer.

Ambos grupos han de morir. El perdón es lo dudoso para unos u otros.

IV

Dar el don de lenguas y quedarse sin él. Musitar apenas para otros un perdón no pedido.

La Ley manda linchar al otro, al infiel, transfigurado en el que inocente tira la primera piedra.

Sonreímos. El dolor es el otro.

Nos vamos a nuestras casas. La llaga queda debajo de la túnica.

V

Fueron espinas las que clavaron en sus manos,

después de tatuar con ellas palabras en su espalda.

Latigazos de lengua,

una zarza tejida con terracota,

una paleta con todos los dolores.

Con los brazos abiertos y sin poder abrazar.

Clavado a ti,

distante

de tantos ojos que miran cómo corre mi sangre.

Perdóname porque saben lo que hacen.

Y yo muero a sabiendas.

Mujer, he ahí tus ojos.

Aquí mi boca.

VI

Pero también cuentan algunos apóstoles que Jesús siempre se quedaba dormido y era el diablo el que hacía los milagros. Aseguran que fue el diablo quien murió crucificado mientras Jesús espiaba escondido con sus discípulos detrás de una roca.

Perdónalos, padre…, dicen que dijo.

VII

Hay un sudario empapado. Queda una imagen que sonríe entre las llagas.

Por lo menos, dicen, el diablo suplantó a Jesús al resucitar, adelantado a su tiempo, para dar la noticia ante las mujeres. Bien sabe el diablo a quién se le aparece.

O quizá no. Era Jesús, liberado de Cristo y de su cruz.

 Alexandro Roque es de San Luis Potosí. Escritor, editor, artista visual y periodista cultural. Sus libros más recientes son Olimpotosí. Ninis: ni cuentos ni poemas y Vademécum. Su blog: http://alexandroroque.blogspot.com

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