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La hegemonía que se avecina: apuntes para una construcción de escenarios en la configuración del poder político en Aguascalientes 2004-2010, por Alan Santacruz

La democracia en México es un modelo de gobierno de reciente factura; aún y cuando en la formalidad legal el Constituyente de 1917 había diseñado un Estado democrático, en el fondo, el régimen post revolucionario ideó los mecanismos para limitar la democracia y, en todo caso, orientarla a favor de la clase política “heredera” de la revolución mexicana, encarnada cada sexenio en el gran caudillo de la nación con sus huestes de fieles en un entramado político en el que se confunden perniciosamente las burocracias del partido y del Estado durante casi tres cuartos de un siglo.

La democracia en México está en ciernes y es menester, no sólo para los científicos sociales, sino también para el ciudadano en general, atender a la evolución de este fenómeno, ya que de ahí dependerá que tanto podamos ejercer la capacidad de autodeterminar nuestro destino, como individuos, como pueblos, como entidades federativas, como nación.

Y es que en Aguascalientes este momento político es harto coyuntural por una cuestión muy singular, a saber: un sistema, cualquiera que este sea, tiene dos imperativos insoslayables: primero, asegurar su permanencia en el espacio-tiempo y, segundo, tender hacia la evolución, que se manifiesta en crecimiento y/o desarrollo.

Lo anterior es importante, dado que, luego de transitar penosamente por el largo y sinuoso camino de la autocracia gubernativa, de la falta de contrapesos y de la discrecionalidad en el ejercicio público, llegamos a un punto que es característico de los sistemas democráticos: el de la existencia de gobiernos compartidos, de legislaturas mosaicas, de efectiva relación de pares entre los  poderes.  Sin embargo en nuestra entidad, atendiendo a los resultados electorales de este año, podemos advertir que el sistema democrático en lugar de evolucionar pareciera que al contrario, involuciona… adolecemos de una democracia contrahecha (quiero aclarar que esta declaración está motivada por el regreso a la época de los carros completos, de los mayoriteos, de los monolitos, sean estos del partido que sean).  Y aunque podríamos explicarlo esgrimiendo el lugar común de que el nuestro es un pueblo de vocación sumisa ante el poder unipersonal encarnado históricamente en el Tlatoani, el cacique, el caudillo, el hombre fuerte, el jefe político, el generalísimo, el presidente; no podemos ignorar el hecho de que las estructuras de la política en México sufrieron una transición y las redes de dominación en este país se recompusieron (implicando la pérdida del poder de manos del grupo hegemónico) porque los gobernantes fueron incapaces de sustraerse al sutil embrujo del poder por el poder mismo, no pudieron mandarse atar al mástil para no ceder al canto de las sirenas de la autocracia gubernativa, de la falta de contrapesos y de la discrecionalidad en el ejercicio público; y como la historia es el laboratorio de la ciencia política, quisiera ofrecer algunas referencias para la posible elaboración de escenarios que nos ayuden a prever alternativas de futuro en nuestra entidad.

I. Identificación del momento coyuntural

La historia de la democracia de facto en México (la real, no la formal) es corta, algunos con más romanticismo que cimientos, proponen ubicar sus inicios desde las luchas sindicales de la década de 1950 e incluso con los movimientos cruelmente masacrados de 1968 y 1971; otros más pragmáticos (pero igualmente egocéntricos) los sitúan en 1985, cuando la participación ciudadana rebasó por mucho la acción gubernamental en el momento crítico del temblor de ese año; otros más (con suma fe doctrinaria) identifican el comienzo de la democracia con la primera elección municipal que produce un alcalde de oposición en el ayuntamiento de Tijuana, B.C. e incluso con la truculenta elección presidencial de 1988 que dejó a Acción Nacional y al Frente Democrático Nacional con sabor en la boca de coitus interruptus; existe, además, una rara clase que despistadamente piensa (y lo afirma hasta la enojosa saciedad) que la democracia en México vio la luz al rayar el alba del 3 de julio del año 2000.  Fiel al justo medio aristotélico propongo que el inicio de los avatares democráticos ocurre en el proceso conocido como la “reforma del Estado” que comienza en 1977 y que gradualmente se ha ido construyendo hasta ser la inacabada amalgama de enmiendas estatutarias relativas al acceso y ejercicio del poder político que tenemos hoy.

Esto en el orden federal, que a cuenta gotas se reflejó y se reprodujo en las entidades de la federación: Aguascalientes no fue la excepción, dado que a partir de la década de 1980 se van dando mayores prebendas jurídicas a los partidos políticos, con lo que poco a poco Acción Nacional va aumentando su influencia.  Sumemos, en nuestra entidad, el fenómeno de la balanza migratoria positiva cuyos orígenes cuantitativos más importantes están en Zacatecas, Jalisco, San Luis Potosí, Michoacán, Guanajuato y, cómo negarlo, el Distrito Federal.  Aunado a esto, el modelo económico de sustitución de importaciones implantado en el sexenio de Rodolfo Landeros, así como la creciente industrialización y el desarrollo del mercado interno a partir del mismo periodo, crearon una nueva burguesía en Aguascalientes, moldeando así los nudos de las redes de poder que ahora se está recomponiendo.   Estos tres factores: el jurídico electoral, el poblacional y el económico se configuran para que la alcaldía de Aguascalientes, las legislaturas, y finalmente la Gubernatura de la entidad vayan pasando de una élite a otra.  Aunque debemos de reconocer que al principio de la transición en Aguascalientes, el Revolucionario Institucional, a pesar de sus esfuerzos, no fue capaz de ganarse la animadversión popular de manera total; mientras que el PRD (como ya es usanza en nuestra patria chica) se ha hecho padecer de un sano equilibrio intermedio entre la indiferencia y la malquerencia de los electores, limitándose sólo a existir; no podemos soslayar, además, que en la elección local de 2001, la candidatura externa de Saúl Alejandro Flores por el PT a la alcaldía de la capital (elección en la que ésta fuerza política ocupó el tercer lugar de las preferencias, por encima del PRD) fue muy útil para posicionar a los egregios dirigentes de este partido en el congreso local y en el colegio de regidores de Aguascalientes.  De la forma que sea, la transición en Aguascalientes se caracterizó por la existencia de fuerzas políticas vivas, desde 1995, representadas en la pluralidad de las legislaturas, en la negociación entre partidos, entre autoridades de filiaciones distintas… hasta ahora, en el momento coyuntural en el que encontramos una desviación de la tendencia que apunta a una hegemonía de una élite política en lo administrativo y en lo legislativo dentro de la entidad.

II. Identificación de los actores políticos coyunturales

Hay quien dice que el sexenio de Felipe González finalizó cuando éste hizo la entrega del quinto informe de gobierno; esto por la forma en la que se presentó el mensaje a la sociedad con motivo del informe, mensaje que fue construido a la sazón de la despedida, del recuento de un quinquenio de tantos y tantos afortunados aciertos, que el gobernador ya no halló cabida para los errores en su discurso, mismo que encontró sospechosa resonancia en casi toda la prensa local.  Quizá no debamos reparar en estas minucias de forma, y sólo de forma, con las que se dan las cosas, aunque quizá debamos atender a las palabras de Don Jesús Reyes Heroles cuando dice que “en política, la forma es fondo”.  De cualquier manera, el último año de gobierno significó para Felipe González la oportunidad de llevar a cabo dos cuestiones indispensables: primero, obtener su acreditación como bachiller (probablemente porque se enteró en alguna página de avisos clasificados de una oferta de empleo que tenía como requisitos la preparatoria terminada y la disponibilidad de horario); y segundo, preparar a sus subalternos para llevar de la manera más aterciopelada el protocolo de entrega-recepción del gobierno a la nueva élite.

La élite política a la que hacemos referencia tiene como cabeza visible a la figura de Luis Armando Reynoso Femat, gobernador electo postulado por Acción Nacional, de lóbregos orígenes como simpatizante del Revolucionario Institucional (lo que le valió que algún analista le acuñara el apelativo de “El Águila Bicéfala”), empresario perteneciente a la nueva red que en Acción Nacional dan por llamar “neopanistas”, acaso para hacer el distingo entre los que echaron a andar la máquina de los que se subieron cuando ésta ya iba andando.  La figura de Reynoso Femat es indispensable para este análisis, ya desde su gestión como alcalde de Aguascalientes dio muestras de que cuenta con un espíritu que está capacitado para lo grande.  El grupo que le brindó el apoyo de propaganda por un tiempo un tanto mayor del que la constreñida legislación electoral permite lleva el nombre de “SúmaLA”, espacio donde convergen las edades, los estratos sociales, los sexos, las idiosincrasias e incluso los terruños, destacándose la participación de tropa y mandos que tuvieron como cuna alguno de los pueblos de los Altos de Jalisco.  Esta organización llevó la campaña de Reynoso Femat por encima, incluso, del mismo partido, lo que contribuyó a acrecentar la evidente división al interno del PAN.  Esta pecata minuta encontró solución al convocar a una plantilla de incondicionales en la gran mayoría de cargos que ganaron Luis Armando, “SúmaLA” y el PAN, lo que favorecerá para que las negociaciones entre el ejecutivo y el legislativo, así como con los ayuntamientos sean negociaciones menos ríspidas, dictámenes más expeditos, administración más fluida, siendo ésta una perspectiva del propio Luis Armando, quién ve a la hegemonía como una fortaleza y no como una debilidad.  Empero, es necesario hacer énfasis en la figura de Rubén Camarillo, quién no pertenece a la red de “neopanistas” y que por los últimos cinco años ha sido el responsable del desarrollo económico de Aguascalientes; es importante resaltarlo ya que él será el líder de los dieciocho diputados que tendrá Acción Nacional en la próxima legislatura.

En la generalidad de los casos, la nueva élite política está conformada por una burguesía local no muy añeja, con arraigo empresarial en la entidad, con relativamente poco tiempo en actividades político gubernamentales y solventados por una maquinaria publicitaria de gran envergadura.

III. Escenarios deseables, probables y críticos

Para efectos del presente análisis y creación de escenarios, se tomará en cuenta la relación del gobierno estatal electo con: las fuerzas productivas, las organizaciones políticas (partidos, ong´s, grupos de presión), el Poder Legislativo y los municipios, así como con los medios de comunicación, teniendo en cuenta que estos actores conforman gran parte de la realidad política de la sociedad.

En lo que respecta a las fuerzas productivas, hemos sido testigos del paulatino declive económico que ha estado sufriendo la entidad; lo deseable sería que se reactivara el empleo y la producción local, lo cual es probable por la cuna clasista de la nueva élite; un escenario crítico lo constituiría el hecho de que las acciones de gobierno orientadas a elevar la producción y el empleo tengan el espurio fin de beneficiar a las empresas particulares de quienes integran a la élite, con las implicaciones en la relación empleado-patrón que esto conlleva. Debemos de estar alerta en el curso de las cosas, pues esto no es nuevo y a la gente parece no importarle.

Con las organizaciones políticas, la situación es un poco más complicada, ya que al tenor que está la situación, es posible que las posturas se radicalicen y cada uno recurra a la ortodoxia y al dogmatismo para defender lo propio; en tal caso, es deseable contar con una Secretaría General de Gobierno abierta al diálogo y proclive al consenso; sin embargo, aquí convergen el escenario probable y el crítico, dado que, como ya se apuntó, en la nueva élite impera la visión de que la unanimidad es más nutritiva que la pluralidad.

La relación del nuevo gobierno con el Poder Legislativo es materia de un profundo análisis, sin embargo aquí sólo apuntaremos que Maurice Duverger y Giovanni Sartori utilizan para medir la fortaleza de un gobernante, precisamente su relación con el legislativo a partir, primero, de la mayoría o minoría de diputados de su partido en la cámara (dos terceras partes de la legislatura para el PAN, en nuestro caso); segundo, de la capacidad del gobernante para que sus iniciativas sean aprobadas por los diputados de su partido; y tercero, de la capacidad de promover y establecer alianzas con los diputados de un partido distinto al suyo.  En este entendido, vemos que la figura del ejecutivo tendrá un peso muy determinante sobre el legislativo, a pesar de que el líder de la bancada del PAN no se identifique plenamente con las falanges de SúmaLA. Aquí lo deseable sería, en primera instancia, que existiera una efectiva división de poderes por lo insano de la hegemonía; y en una segunda instancia, que la LX Legislatura se elija de manera más equilibrada; sin embargo, lo probable es que el Poder Legislativo opere como la oficialía mayor del jurídico de Gobierno del Estado y, a mi juicio, lo crítico vendría si en la LX legislatura se repite el cuadro.

Con los municipios, el escenario no es muy distinto, lo deseable sería, en todo caso, un crecimiento armónico de toda la entidad; lo probable, es que sea sólo el ayuntamiento de Aguascalientes el que crezca (esto en el caso de que Martín Orozco sea el primer regidor de la capital; de no ser así, creo que las cosas se parecerían a los tiempos en los que Otto Granados y Alfredo Reyes eran vecinos, sólo que ahora, habitando los palacios a la inversa… el policía del karma hace su ronda…) y que se les pongan trabas a los ayuntamientos gobernados por un partido distinto al PAN. Lo crítico ocurriría si se vulnera el hábitat de los ayuntamientos que no sean albicelestes, motivado por mero revanchismo.

En los últimos años los medios de comunicación han corrido el riesgo de convertirse en los grandes fiscales de la nación, esto sería infecto en Aguascalientes si obedeciera, como a nivel nacional, sólo a la espuria guerra del rating, sin embargo sería muy provechoso si tal fiscalización a los actos de gobierno se diera con el ánimo de contrapesar, de multiplicar las opiniones, de enriquecer los debates, de racionalizar a la opinión pública, no obstante, la bonita cobertura que la mayoría de los medios dio a los logros de Felipe González lo único que hace es levantar suspicacias.

IV. Conclusiones

En este repaso superficial por las posibilidades de futuro, podemos advertir que el escenario probable coincide más con el crítico que con el deseable, lo cual no tiene un ánimo alarmista, sino más bien, pretende constituir una convocatoria a los actores políticos y a los ciudadanos, a estar pendientes de la cosa pública, teniendo en cuenta que en la medida en la que una sociedad se involucre en lo público (más allá de las urnas), esa sociedad crece y se desarrolla; que no es en la unanimidad, sino en la pluralidad donde nacen los consensos y se nutren las ideas; que la mitad de la mitad de un padrón electoral no hace a un gobierno; y que a fin de cuentas, reflexionemos hasta dónde tenía razón Aristóteles en su tipología de las formas de gobierno cuando nos dice que al gobierno bueno unipersonal y a la tiranía sólo los separa el uso que el gobernante haga con el poder, si beneficia al pueblo o a sus propios intereses, y que la democracia es una forma impura de gobierno, porque son las mayorías, mediante la demagogia, quienes oprimen a las minorías… a fin de cuentas, ésta es una invitación a reflexionar.

Alan Santacruz es politólogo, egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, miembro del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes AC.

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