El Cafecito

México, ¿por qué?, por Carlos Antonio Villa Guzmán

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Qué difícil entender cómo y por qué México, el país que proyectaba hacia el mundo la imagen de un lugar de gente sencilla, casi siempre sonriente y amable; de una nación cuyos mayores encantos surgían, precisamente, de esa cordialidad; ahora se haya convertido en un lugar de pesadilla, sangriento y terrible; un sitio sin justicia ni ley; poblado de criminales y gente sin escrúpulos que son la peor amenaza que puede existir para los que viven honradamente y en paz; un imperio de impunidad y corrupción.

Si bien la etapa de la Revolución y la menos conocida pero igualmente sangrienta Guerra Cristera, ya habían marcado ésta como una tierra de gente rebelde y atrevida; como auténticos domadores de miedos; salvajes para jugar con la muerte, casi hasta la brutalidad; el siglo veinte continuó viviéndose en contextos de estabilidad política suficiente como para alcanzar el desarrollo que, en cierto momento, ubicó a México como una de las naciones más prósperas de Latinoamérica.

Medio siglo después de esa efímera bonanza y ya adentrados en el siglo XXI, México, el que era “Casi el paraíso”, como lo definió Luis Spota, “el país amigo”, que proyectaba sus bondades hacia el extranjero, devino en el lugar de la muerte.

Si volteamos hacia atrás, para tratar de encontrar la bifurcación por donde desviamos el rumbo, los orígenes de lo que en unas décadas se convirtió en una frenética matanza de gente que no se sabe bien a bien por qué, ni cuántos desaparecen o mueren todos los días, hasta que se van descubriendo las fosas u otros rastros o testimonios que revelan la indescriptible situación que desvanece las esperanzas de la gente y causa miedo, nos encontraremos con los terribles días de 1968 en los que se escribió el asesinato masivo de Tlatelolco un 2 de octubre, así como las cruentas persecuciones y crímenes que siguieron a esa fecha, hasta llegar al Jueves de Corpus de 1971, con otro asesinato de estudiantes. Fueron centenares o millares de desaparecidos forzados a manos de integrantes de grupos paramilitares y policíacos, como la Dirección Federal de Seguridad, DFS. En ningún momento de la historia contemporánea el Estado dejó de utilizar la fuerza contra todo aquello que transgrediera sus fines. Lo mismo se reprimió siempre a huelguistas que a estudiantes o periodistas. Al nacer el PRI cuyos antecedentes habían sido el PRM y el PARM, instituyó la práctica de perseguir a los opositores, como sucedió el 7 de julio de 1952, un día después de las elecciones, cuando los seguidores de Miguel Henríquez Guzmán festejaban el triunfo sobre la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines y fueron brutalmente reprimidos en la Alameda.

Aun así, la imagen de los gobernantes ante la opinión púbica mundial se mantenía intacta, mientras que en su propio país éstos no provocaron los niveles de desprecio que la gente siente hacia los actuales representantes del poder estatal: Luis Echeverría, acusado de crímenes contra industriales e igualmente reconocido como autoridad que dio la orden de las emboscadas contra las concentraciones de gente que se revolvía con estudiantes en mítines y marchas, vivió aislado el resto de su vida mas no por ello se ocultaba plenamente. De vez en cuando, concedía entrevistas o aparecía en lugares públicos. Jugó a ser socialista pero se dice que era agente de la CIA. “Arriba y adelante” fue el lema de campaña que se mantuvo durante su gobierno, sin embargo el país retrocedió en términos de equidad y justicia social, además se perdió el valor de 12.50 pesos que había mantenido el dólar por mucho tiempo. Echeverría modificó la Constitución para hacer que Carlos Biebrich pudiera asumir la gubernatura de Sonora, cuando este no tenía la edad requerida para ocupar el cargo. Transformó el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI) en los sistemas DIF y en su período se fundó lo que ahora es el INFONAVIT; creó también la Coordinadora Nacional de Subsistencias Populares, (CONASUPO) desaparecida al inicio de la etapa neoliberal. Aspiró a ser líder de lo que entonces se conocía como el Tercer Mundo, en la distribución geopolítica del planeta. Para ello se vinculó con jefes de Estado procedentes de varios continentes e impulsó un proyecto que no alcanzó a nacer plenamente: La Universidad del Tercer Mundo, con inspiración africana. La sede comenzó a operar en San Pancho, Nayarit, México. Fueron montadas unas enormes estructuras e instalaciones con pisos y muros de materiales naturales como cortezas de árbol, troncos de bambú, techos de palma atados con soga de ixtle, etcétera. Se impartían técnicas para la producción agrícola y elaboración de conservas, así como el aprovechamiento de recursos pesqueros, entre otros. Sin embargo fue sumamente efímero este sueño latinoamericano.

Como vemos, no hubo en esos años conflictos que remotamente se asemejen a los que se manifiestan en estos días. Por cierto, en 1968 los pobladores de San Miguel Canoa, en Puebla, acusaron de comunistas a unos trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla, UAP y los agredieron; dos de ellos murieron por linchamiento. Se han mantenido las rupturas ideológicas como parte de lo que arrastra o lleva a cuestas nuestro pasado, sólo que ahora se suma la vorágine del crimen organizado y lo que el Estado hace en torno a ello, que es bastante confuso, ambiguo, ya que va de un extremo a otro: para ciertos grupos o sujetos utiliza una fuerza y saña descomunal, en tanto que para otros actúa con evidente complacencia, como el caso del recientemente fugado Chapo Guzmán.

Ya podemos hablar de la guerra en México; la que se libra todos los días en diferentes lugares, con actores que igualmente varían de condición y problemática, pero que tienen una característica que los iguala: No quieren que el gobierno les imponga su voluntad. Para la gente que vive en constante inconformidad y lo manifiesta de alguna forma, organizada o no, el gobierno desparramó toda su credibilidad, no tiene absolutamente nada a favor como para ser digno depositario de su confianza. Para la mayoría de los que vivimos y trabajamos en este país, el actual gobierno de Peña Nieto ha fracasado. ¿Qué seguirá?

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y doctor en Política y Gobierno por la Universidad Católica de Córdoba y en Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com

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