El Cafecito

De allá para acá, por Circe Vela

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Yo venía en la ruta veinticinco de allá para acá, al lado de una señorita que arrepegó sus jamones con los míos (guácala con eso de la aproximación física [y peor aún con aquello de la relación de almas]), tolerando la violación al derecho que poseo, por el sólo hecho de haber nacido, de contar con un espacio de, cuando menos, un centímetro por sobre mi superficie para mí solita, disociada entre las hermosas hectáreas de por el rumbo, ya más bien anochecido, cachete pegadito al ventanal de la wawa, y ya más bien atardecida, pensando en mi próximo poema.

El problema es que la crítica literaria de mi círculo no otorga buenas referencias si de mi nombre se habla, así que sólo me quedó en el panorama mental-imaginativo una cosa como: “Noviembre es razón contundente/ para creer/ que no hay abrazo que abrace/ beso que penetre/ lágrima última// es palabra idónea// para extrañar los días/ donde vivir no era un método”. Pero como venía yo diciendo eso no se me da, y un día mi coach de la farándula literata me dijo: “Weyis, ¿sabes qué?, tus poemas son muy sosos y no dicen nada”. Entonces yo me acuerdo –y muy bien- que me sentí así como si me hubiera tragado un chicle por equivocación (porque para esas cosas, sin en cambio, sí soy una daga) y me dije bueno, está bien, ya perdí el toque para los versos porque ellos me llevaron entre sus patas, y véanme aquí, en la computadora de mi trabajo y el Word, en esta oficina de cinco por cinco, frente a una ventanota que desde el piso hasta el techo puede absorber toda la luz exterior, o bien, desde la que uno podría lanzarse al vacío y morir sobre la cisterna que el otro día dejó abierta la dentista del primer piso. Pero no.

A un lado de mi incienso de mirra, dejé ya el veredicto final de los médicos: “trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad tipo límite” le dicen, que no está chido, aunque honestamente me ha resultado más incómoda esa sensación que la jamonuda ha dejado todavía en mi muslo izquierdo, iak, parecida a aquella que, cuando niña, me quedaba en las palmas de las manos después de haber acariciado durante largo tiempo el pelaje de la Roña, que era mi cachorra.

Pero todo bien, obvi y así, diría mi vecinita.

Circe Vela nació en Aguascalientes, Ags. en el año de 1987. Fue becaria del FECA en el año 2007 y publicó su primer libro titulado “Destrozaría la casa” en el año 2009, en la editorial veracruzana “Letras de Pasto Verde”. Regresa al mundo, sin muchas palabras en la boca.

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Un pensamiento en “De allá para acá, por Circe Vela

  1. Está buenísimo. Comparto todo eso, toda la escena. Me recuerda a mí mismo, en esas rutas, en esos pequeños abismos. Un fuerte abrazo. Por cierto, todavía lo tienes… el toque 😉

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