El Cafecito

La semilla, por Roberto Quevedo

1 comentario

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No bien terminaba la vereda, eran visibles dos siluetas al fondo, detrás del grupo de huizaches que se incendiaban con la luz hambrienta del atardecer. Ella se preguntaba si había sido suficiente, si aquel regalo de carne habría satisfecho al niño de ojos magenta. La estaban esperando, eso la sabía, pero no lograba dilucidar si los mandatos recibidos a voces en la duermevela habrían sido claros ¿pudo perder acaso algún detalle?, ¿alguna imperceptible desviación del ritual que conduce al vientre del dragón?, ¿un descuido en los signos de la lumbre que vio surgir de las nubes cuando comenzó el degüello? Sacó del abrigo de su vientre la tela de lino que resguardaba la cabeza del cordero. Se acercó aún más. Rodeó la enramada de arbustos y entró en el bosque de árboles resecos que tenían apenas su altura. Los encontró ahí, en el centro de un círculo de tierra quemada, en cuclillas, comiendo tunas rojas como corazones de nonatos. La miraron sonriendo, sin pronunciar palabra, con aquellos iris de ignición vuelta cristales. A los pies de los dos quebradizos cuerpos dejó caer el bulto que todavía escurría sangre. Ellos lo abrieron con un entusiasmo de niños que reciben el mejor juguete. Cuando retiraron la tela pegajosa pudo entrever por vez última el rostro, desfigurado todavía de terror, del que fuera su consorte amado, antes de que las dentelladas de los dos ángeles de fuego terminaran por convertirlo en un amasijo irreconocible. No tardaron sino un par de minutos en dejar sobre la tierra ceniza trozos del cráneo despojado de humanidad. Ella los miraba con regocijo y al saberlos satisfechos se atrevió a lanzar, con voz temblorosa, la voz tan escuchada entre sueños. La gritó siete veces. Comenzó entonces su agonía. Hoy se yergue en el mismo sitio el carbonizado árbol sin nombre que devoró hace dos años a mi padre.

 

 

Roberto Quevedo es escritor y editor.

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Un pensamiento en “La semilla, por Roberto Quevedo

  1. Una buena selección de textos. Pero este es exquisito. Gracias cafecito.

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