El Cafecito

Poner la mesa para romper las copas del estereotipo. Una mirada a “Funerales de hombres raros”, de Wenceslao Bruciaga, por Moisés Ortega

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Funerales de hombres raros copia

si no fuera por el falo

no querría  a los hombres

Leticia Herrera

Funerales de Hombres raros es una novela actual, honesta, agridulce y en algunos puntos erótica. De lectura sencilla, pero no por eso simple, que ha llevado a Wenceslao Bruciaga a colocarse en la lista de autores mexicanos más leídos del 2012.

La novela no excede las ciento cincuenta páginas y está dividida en dos capítulos: “Funeral No. I, ciudad de México, Los tres alegres compadres” y “Funeral No. 2, Torreón, Coahuila, Los últimos nietos de La Comarca Lagunera.” Hay que empezar por los funerales. Dos funerales, dos muertos.  Pero en ambos capítulos el funeral y el muerto, son sólo el pretexto  del que parte el autor para contar la historia. Los funerales, ambos, ocurren en días “que parece que nunca van a terminar”,  Son momentos en los que la voz del narrador hace uso de una hilaridad superlativa y aprovecha para burlarse por un lado del costumbrismo provinciano y por otro de  la conducta de los hombres homosexuales que se asumen como “gays.”  Esos que “iban excesivamente bien vestidos y bien peinados, al último grito de la moda del luto. Hasta parecían modelos de Zara en invierno.”

Pero como he dicho ya, los funerales son sólo el pretexto. La historia, la verdadera historia es la de Teodoro Gurza, de sus amores. Él es un hombre de treinta y tantos que trabaja en un laboratorio de la ciudad de México, un hombre homosexual que no asume como suyas las maneras de los demás homosexuales. Un hombre pero no, un niño de treinta y tantos aterrado frente a la presencia del amor.

En su novela En jirones, dice Luis Zapata que primero es el amor y luego el miedo a la muerte. Teo se enamora dos veces de dos hombres diferentes, (cosa que no ocurre cronológicamente) En la primera parte lo encontramos enamorado de Iván que “A la primera impresión parece un  masculino cualquiera, pero a los quince minutos se despeina y pide copas de vino blanco y pone en evidencia su preferencia sexual.” Teo se enamora de Iván, sí, pero no quiere aceptarlo, no quiere sentirse como un puto más de los que mira a su alrededor en el funeral de Robin (el primer muerto) quien en vida fuera el mejor amigo de Iván. Y entonces ocurre, lo mira cerca del féretro junto a la madre de Robin  y “por primera vez me invadió el verdadero miedo, ese que puedes sentir desde el ombligo hasta los huesos, que te puede hacer mojar los pantalones, que te obliga  a meterte debajo de las cobijas y aún así sabes que no estás seguro y hasta el objeto más insignificante puede hacerte daño, incluso quitarte la vida, como cuando era niño y me daban miedo los relámpago y el catastrófico sonido de los truenos y no había nadie que me dijera que aquello era tan sólo fenómenos de la naturaleza, que nada iba a pasar, que no íbamos a morir porque las cargas energéticas van saltando de nube en nube. Por primera vez tuve miedo a la muerte, quizá en el más allá me encontrara a Robin, con él para toda la eternidad, quizá en el más allá no estuviese Iván. Tuve miedo de que despareciera de mí, para siempre. Ese miedo que es como una descarga eléctrica en los brazos, que dan calambres.”

Con todo y ese miedo y esa manera de amar que trasciende, creo yo las preferencias sexuales, Teo tiene que marcharse a Torreón al funeral de su abuela (la segunda muerta). Es allá donde conoceremos al otro hombre del que se ha enamorado nuestro protagonista, que es nada más y nada menos que el capitán del Santos Laguna. Es en la segunda parte del libro, casi al final donde comprobaremos que Teo no ha dejado de ser un jovencito asustado incapaz de identificar lo que siente. Habla así de Martín: “Cuando duerme se chupa los labios y unos hoyitos se le forman en las comisuras y me da la impresión de que es como un bebé porque encima se enrosca en posición apretadamente fetal y siento algo parecido a lo que sentirán los padres cuando ven a sus hijos dormidos con la sábana por la cintura, ¿cómo se le llamará a eso que siento?” Los sucesos se siguen desarrollando de manera natural (o no tanto) entre Martín y Teo, mientras éste espera la muerte de su abuela, entonces encontramos una cita que termina de describirnos los temores de Teo: “No soy bueno para esto. Para ser afectuoso. Lo hago de cualquier manera. Martín dice que yo soy el único. Que no vuelva a irme. Si al menos mi madre me hubiera defendido cuando la abuela me ofendía, tal vez, ahora sabría cómo tener a Martín entre mis brazos y no sólo cuando estoy caliente.” Nótese la incapacidad de amar y la indefensión, dos sentimientos que desde mi punto de vista también van más allá de ser un futbolista famoso, una top model o un marica consumado.

Podría en este punto hablar más de los personajes que convergen en la novela, decirles que además tiene un sound track de muy buen gusto, que tiene puntos álgidos de erotismo singular o cansarlos con más citas acerca de las cosas que me encantaron, me fascinaron y me hicieron feliz del libro, pero creo que es momento de justificar el título de este texto. Una novela es siempre un libro sí, y a veces puede ser un árbol al que podemos trepar para escaparnos del mundo. Pero esta novela en particular, es una mesa, una mesa puesta para personajes construidos sobre los estereotipos más representativos de una sociedad medianamente urbana. A la mesa de funerales de hombres raros se sentarán nuestros tíos y tías más conservadores, nuestra abuela matriarca obcecada, nuestra madre sumisa, nuestra prima que es modelo famosa (aunque sea sólo localmente), el capitán de nuestro equipo favorito de fut bol, nuestro amigo gay muy maquillado y muy peinado y nuestro primo varonil y grandote que aunque no lo creamos también le gustan los hombres. Y sin duda nuestro padre ausente. Todos se sentarán pero no para compartir el pan y la sal. Los personajes que acuden a la mesa de este libro traen todos en la mano su copa (de cristal cortado, coñaquera, champañera, de vino blanco o tinto, copa globo o de martini) la que más le acomoda según su personalidad, claro está. Pero en vez de brindar con una sonrisa hipocritona y provincial, Wenceslao Bruciaga hará que los personajes de esta novela se rompan las copas entre ellos arrojando los pedazos de cristal contra nuestro ojo, ojo que se sentirá identificado y con ganas de romper su propia copa. Mientras atrás suena “Fade into you” de Mazzy Star. ¡Salud!

Moisés Ortega. Poeta. Nace en Aguascalientes en julio de 1988. Es egresado de la Licenciatura en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Actualmente es Coordinador del Área de Literatura en el programa “Unidades de Exploración Artística” del IMAC y CONACULTA.

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Un pensamiento en “Poner la mesa para romper las copas del estereotipo. Una mirada a “Funerales de hombres raros”, de Wenceslao Bruciaga, por Moisés Ortega

  1. Aquí el ejemplo ideal de la incomprensión del ejercicio de reseña! Nunca había leído nada de lo que escribes, Moises. Atino a decir que la reseña es un poco más que un ejercicio descriptivo; la sencillez en la escritura es un poco más que el lenguaje común.

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