El Cafecito

Los Arlequines Mudos de Nelson Simón, por Rubén Chávez Ruiz Esparza

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¿Quiénes son los Arlequines Mudos de Nelson Simón? Éstos, que vestidos más de rumbos que de rombos, derrumban la carpa con jalones de fieras liberadas. Éstos. Que de vuelta al punto del salto, invierten la isla como un guante y todo el mundo dentro. Todo, una vez trazado la línea, es el descampado. Escrita la línea. Es cuerda floja y es el habla. Es el que habla y nos muda a su abrazo de brazos extendidos. Simón dice: “Cómo volver a ser el domador de mis palabras”, si no hay doma dócil ni la tarascada del amante existe fuera de la memoria. Nelson dice: “Hay días en que no sé / dentro de qué cuerpo viajo, que no reconozco / quién es este ser cada vez más pálido / que acompaña a mi sombra”. Y es cierta la moneda caída en la caja de pinturas. Y es falso el retrato de tan cierto. ¿En qué acrobacia de mimos ante el espejo nos habremos registrado? No, Señor, qué se va ni qué se ha ido. Ahora su viaje de amores hincha a seguras orillas. No se va: Costea un cuerpo que se curva sobre sí mismo. Simón dice: “He dejado mi ciudad. ¿Acaso mi ciudad / me sintió alguna vez como algo suyo? / Si alguna vez tuve un país, he dejado mi país.” Entonces, Nelson, diga de una vez: ¿A dónde anda buscándose? ¿Qué libertad se le escurre en cada apretón de manos, cuando parte? ¿Le han quedado certezas amorosas o se inventa que fue y ahora viene del amor para dudarlo? Y responde: “Nunca sabré si digo adiós / o pido que me salven”. Cuando se aconseja Usted, Usted nos dicta a sentencia firme: “entre un vacío y otro, colocarás tu vida, / cosas sin importancia, pecados y dobleces, / manchas a las que cualquier muerto renunciaría / con tal de hacer más ligero su equipaje”. Pero veamos, si “El amor es una sustancia venenosa”, cómo ha braceado, Amigo, en aires de cianuro beso y caderas de silicio. ¡Y no se enferma! Simón y Nelson. Poeta y hombre. Dice: “Yo soy el arlequín. He de cuidarme el paso, el equilibrio / La cuerda es el único camino que me dieron, / lo demás es el riesgo de caer, el miedo / de no poder tocar el otro extremo de la carpa”. Será, si Usted lo dice. Pero le recuerdo que ya dijo: “nunca llegamos a saber / el verdadero tamaño de esos sueños”. Y ya ve. Puestos a soñar nos vamos o nos quedamos con Usted, Nelson Simón. Sus lectores colgamos de su giro, desdeñamos la red de seguridad, caemos y volvemos a elevarnos si luego afirma: “Yo nunca partiría dejándome a mí mismo”. Sea pues y cierre el libro y vuélvase a andar.

Rubén Chávez Ruiz Esparza (Aguascalientes, Ags., 1967) Ha publicado los libros de poesía: El brezal y la noria, Versus alia, Los sagrados afectos, Patios interiores y Un naipe de picas.

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