El Cafecito

Testimonios de agosto (Little boy), por Oscar Ortega Arizpe

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Mark despertó, le era difícil recordar quién era, lo que alguna vez había sido y ahora no podía darse el lujo de pensar en lo que podía llegar a ser. La mente pone muchas trampas, sabes.

Mark se levantó, se miró en el espejo y con un extraño mariposeo en el estómago sintió como todo lo que creía, defendía y promulgaba estaba por romperse, es esa delgada línea entre la fe, la esperanza y la desilusión; siendo la desilusión lo que había predominado por los últimos años, el tiempo pasa lento, el problema de esto es que nunca se detiene, no hay momentos para respiros ni para reestructuraciones, todo se basa en decisiones; cometiste un error… No hay vuelta atrás, hay que solucionarlo o simplemente perecer y rendirse, podría decirse que esta última frase resume la situación de Mark, la duda predominaba en su mente, ¿alguna vez has sentido que no hay nada más que la inercia sujetándote a subsistir?, ¿qué no hay sonido alguno a tu alrededor más que tu respiración y pulso agitados; tan agitados como un envase de soda a punto de explotar, como un volcán a punto de hacer erupción; donde predominan el temor y el llanto ahogado por un nudo en la garganta como un revolver sin balas? Ante todo hay que sonreír para la foto, ver pasar los minutos, los días, los meses…

De repente Mark recordó aquello que lo ha mantenido aquí… Dime tú, ¿alguna vez has estado enamorado?, ¿alguna vez has dejado todo por ir en busca de una ilusión, de una aventura extraordinaria que va más allá de la compresión de terceros? …Mark sí, cinco años han pasado ya, aún recuerda como si fuera ayer el momento en que la viese por vez primera, nunca había visto nada más hermoso, ninguna otra cosa que pudiera competir con la belleza de la luna o el brillo del sol, era como esa luz que vez al final del túnel, su sonrisa asemejaba la de un ángel, uno que danzaba al ritmo de las melodías de Johan Sebastián Bach, su cuerpo era envuelto y adornado por un elegante y sutil vestido color beige, sus manos cubiertas por unos guantes de seda blancos y en su cabeza había un sombrero muy llamativo, cuando sus ojos se cruzaron con los de Mark, todo dejó de importarle a éste, es uno de esos instantes en la vida en los que comprendemos lo que es estar vivo y lo que esto implica; lamentablemente y para su desgracia, el sentimiento fue demasiado efímero, demasiado rápido, intentó seguirla, pero su silueta se había perdido en el tiempo y espacio, de un momento a otro lo único que le quedaba de ella era un recuerdo… No más, sólo un vago y fugaz recuerdo que podría llegar a confundirse con una invención, ya no importaba pues la vida siguió su curso, todos son más viejos y están cansados en medio de una rutina indeseable para cualquiera, él voltea a su alrededor y todo parece ser lo mismo, un deja vú del día anterior, un andar en círculos interminable y doloroso, los días son difíciles para todos, ¿qué pasa con el mundo?, ¿cómo llegamos a esto?, todo es acerca del poder, todo en medio de sangre, balas, desesperación…

¿Acaso que aquellos diez segundos en los que Mark pudo presenciar a esa bella mujer provocadora de aquel amor platónico y lejano, serían los únicos instantes en los que lograría sentirse en un nivel de alegría supremo? Nadie puede contestar a tanta incertidumbre y realmente da lo mismo, pues de antemano sabemos que para mejorar, es necesario probar cosas nuevas, improvisar, correr riesgos… vivir; algo que pinta sumamente complicado en este ambiente de hostilidad y desesperanza.

Sin embargo, esta mañana Mark lo ha decido, ha comenzado a sentir un extraño aire optimista que inunda su ser y lo impulsa a dar un paseo, apenas si pasan de las 8:00am, el clima es perfecto, puede sentir cómo la briza se encaja en cada poro de su piel, observa el paisaje de su alrededor, sin duda extraña su hogar, no obstante ha comenzado a encariñarse con este pueblo a pesar de que todo es pequeño, la gente es tímida y transpira miedo, lo sé, suena raro pero poco a poco Mark ha comenzado a desarrollar un sentido de pertenencia ahora que la patria y los sueños no importan más, levanta su cabeza, no puede creer lo que sus ojos ven; ¿acaso es una ilusión?, ¿será el inicio de su locura y pérdida de la razón? Podría jurar que ella está parada ahí, en medio de toda esa gente que no conoce y nunca ha visto, su porte es el mismo que recuerda, su piel emana elegancia y clase, su sonrisa opaca la de cualquiera y su mirada implora un saludo… Parece que lo ha reconocido, el lenguaje corporal de ella indica que Mark debería acercarse por lo que finalmente decide hacerlo, se ha parado en frente de ella y le ha dicho hola; ella sólo ha sonreído, mientras toma su mano le ha contestado : —Ha pasado tanto tiempo…Parece que al fin nos encontramos.— Mark no puede creerlo, en un arrebato de emociones, una lágrima traicionera cruza por su mejilla, se siente pleno, realizado, todo ha valido la pena, con su guante de seda ella limpia la lágrima mientras ambos se sumergen en un largo abrazo.

Mark quisiera capturar este momento para toda la eternidad, hacer un complot contra el tiempo y congelarse, fundirse en ese instante… ¡Espera!… No puedo verlos más, lo único que veo es luz, un brillo despampanante ciega a todos donde instantes de silencio absoluto son arrebatados por un zumbido ensordecedor, todo es humo, todo es confusión, nadie comprende que ocurre… Ya pude verlos, siguen abrazados, ambos se refugian en los brazos del otro mientras todo se derrumba al sonido del ¡boom!, en medio del ruido y confusión Mark logra decirle entre dientes: —“Te he encontrado, finalmente te he encontrado”.— Ella sólo sonríe… ¡La fuerza del viento es tan fuerte!, humo… Olor a pólvora, esta vez el revólver tiene balas, esta vez el volcán ha hecho erupción… Todo se desintegra, todo es polvo… Ya no hay nada… El pueblo de Hiroshima nunca había brillado tanto como hoy, recuerda bien este día, pues hoy; 6 de agosto de 1945, Mark ha encontrado a su amada.

No ha quedado nada más que polvo y cenizas… Little boy se lo ha llevado todo…

 

 

 

Oscar Alejandro Ortega Arizpe. Licenciado en mercadotecnia.
Nacido en Zitácuaro Michoacán, actualmente radica en Aguascalientes. Compositor y guitarrista, pertenece a Grupo Zunzet  (www.facebook.com/zunzetags)

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