El Cafecito

Acercamiento a la idea de pureza en la mujer católica, por Cynthia Iniesta Salazar

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El concepto de pureza no se sabe cuán antiguo pueda ser, aunque su significado ha cambiado con el tiempo, según Mary Douglas. Sin embargo, como concepto permanece, de forma que “las ideas de pureza e impureza pueden parecer eternas e inmutables, pero existen razones suficientes para creer que estas ideas son sensibles al cambio. Se puede suponer que el mismo impulso que las hace nacer para imponer orden es lo que las modifica y enriquece continuamente”.[1]

El concepto de pureza llevaba implícitos en su significado algunos conceptos morales que conformaban contraposiciones tales como las existentes entre el pecado y la virtud, o entre la sexualidad y la virginidad; estaba ligado al modelo de mujer y a la doctrina cristiana que se constituía por binomios o dicotomías que marcaban la diferencia entre bondad y maldad, es decir, lo propio de Dios y lo referente al demonio. Bajo esta pauta maniquea, las mujeres no tenían otra posibilidad que la de escoger entre ser buenas o malas, virtuosas o pecadoras, y la misma sociedad sólo le permitía al género femenino optar por cualquiera de los dos caminos posibles: el del bien mediante el matrimonio o la vida religiosa, o la vida disoluta, sinónimo de prostitución.[2] Según Vladimir Jankélévitch, para poder definir la pureza, es necesario hablar de lo contrario a ella, es decir de lo impuro, pues “solo lo impuro, puede convertirse en objeto de nuestro conocimiento […] es necesario hablar de otra cosas, de algo”.[3]

En 1941, la encargada de la Comisión Nacional de Piedad de la Juventud Católica Femenina Mexicana, Eugenia Olivera decía que:

“La pureza se adquiere por la repetición de actos, ya sea en el aspecto negativo, es decir evitando los actos contrarios a esta virtud; ya sea en el aspecto positivo, ejecutando actos que eleven y purifiquen. Se defiende, ya que encontrará múltiples y poderosos enemigos internos y externos, y contra los cuales será preciso luchar para resguardarla y conservar su delicadeza. Se conserva guardándola como un tesoro de incalculable valor, vigilándola, protegiéndola. Y se acrecienta ejercitándola siempre, apreciándola más y más amándola eficazmente.”[4]

Ella definió la pureza como “un hábito adquirido, consciente; una virtud que sea la repetición de actos voluntarios en el alejamiento del mal, la práctica del bien, en la lucha contra las tentaciones, en la defensa de los peligros en la conservación de la blancura y nitidez del alma”.[5] Según esta líder católica la pureza se adquiría, se defendía, se conservaba y se acrecentaba, y sólo las jóvenes que tuvieran un corazón generoso y ardiente y voluntad fuerte, podían conseguir la pureza del cuerpo y alma.[6]

La pureza implicaba el completo dominio de lo espiritual sobre lo material-corporal, por lo que la Iglesia se daba a la tarea de persuadir a las mujeres a practicar la pureza constantemente a que antepusieran la pureza de su alma sobre el cuerpo y a cultivarse espiritualmente en lugar de honrar su físico.[7] Esto se debió a que las mujeres en el siglo XX pasaron por momentos de cambio, que hacían que se salieran del ideal que la Iglesia tenía. Las mujeres empezaron a tener una mayor participación fuera de la casa, podían acceder a los estudios superiores, en los países reconocidos como democráticos se les otorgó el voto, y había una mayor presencia de mujeres en el sector laboral, aunque en algunos casos sin una remuneración igual a la del varón. A raíz de estos y otros cambios que vivió la mujer, la Iglesia Católica vio amenazado su ideal tradicional de mujer, por lo que para defenderlo retomó la idea de la pureza.

Para los años cuarenta en México el valor extraordinario de la virtud de la pureza iba en el sentido de que ésta llevaba a la salvación del alma, al evitar toda acción que llevara al pecado, que era consecuencia del desarrollo de las malas pasiones. El Papa Pío XII decía que los peligros habían aumentado de manera extraordinaria a consecuencia “del progreso y difusión de la prensa, las ediciones baratas de revistas, novelas, fotografías, ilustraciones, reproducciones, mal llamadas artísticas, de toda forma color y precio; el cinematógrafo, los espectáculos de variedades y cien otros medios ocultos, que propagan por todas parte los alicientes del mal.”[8] Por eso las jóvenes debían evitar toda acción que las apartara de Dios, y por medio de los actos piadosos se les enseñaba a vigilar los sentidos, para no permitir que por ellos penetraran en el alma elementos que pudieran mancharla, y así mantener la pureza del alma y el cuerpo,[9] ya que la pureza es “la limpieza del alma y del cuerpo, es conservar la blancura de la azucena, es lo que más nos acerca a Dios y a la Santísima Virgen”.[10]

El alma y el cuerpo eran considerados como un sagrario vivo al cual Jesús bajaba por medio de la Eucaristía. Por eso la devoción a la Virgen y la Eucaristía, eran razones para mantener la pureza, pero también medios para lograrla.

Uno de los medios a través de los cuales se buscó conservar esta idea fue la Cruzada por la Pureza, una campaña lanzada a petición del Papa Pío XII en 1941, con la cual convocaba a las socias de las Acción Católica (AC) en Italia a defender la salvación eterna de las almas, ya que aseguraba que estaban en peligro. Al hacer este llamado, el Papa solicitó a las socias de la AC para que todos los esfuerzos se concentraran en el campo de la pureza, el cual era vasto, pues se trataba de trabajar en “la familia, las relaciones de amistad, la vida y las costumbres, los espectáculos públicos y privados, las diversiones, las modas libres e indecorosas”.[11]  Para lograr eso debían “sacrificar un poco de vanidad, de comodidad y de ventajas físicas, para guardar íntegra y pura la vida de vuestras almas y de otras almas.”[12] Fue de esa manera que las mujeres de la AC fueron reconocidas como representantes de pureza, mientras que el Papa les pedía:

“Sed puras de corazón, guardándolo para Dios; de vuestro corazón puro saldrán palabras puras, miradas puras, afectos y sentimientos puros, expansiones puras, tesoros de pureza con los que podéis y debéis enriqueceros y enriquecer a muchas almas en torno vuestro. Mas recordad que lleváis ese tesoro, en vasos quebradizos, como de frágil cristal, hermoso, irisado y que vibra delicadamente, pero que conviene librar de golpes y encuentros peligrosos.

Y porque la materia es delicada, delicadísima, sed fuertes y santamente, decididamente intransigentes, en vuestras conversaciones, en vuestras lecturas, en vuestras amistades, en vuestras relaciones; evita la curiosidad, huid de la ociosidad; elegid bien vuestras diversiones y expansiones; sed modesta atractivamente, modesta en vuestros vestidos y en vuestro modales, en todo vuestro porte exterior, como redundancia hacia afuera de lo que lleváis muy dentro, vuestra conciencia de cristianas, de hijas de Dios, de amantes devotas de la Virgen de vírgenes. Esta conciencia y vuestra piedad, sobre todo la piedad eucarística os darán el triunfo.”[13]

Este valor y defensa de la pureza dependía de las acciones que realizara la joven. La lucha por la pureza estaba reforzada por la educación que las mujeres recibían en los colegios católicos o a través de la Acción Católica ya que en estas instituciones se priorizaban como asunto de la mayor trascendencia reforzar la campaña papal. Para ello enumeraron las acciones o comportamientos, que podían atentar contra la pureza de niñas y jóvenes:

a)  Conversaciones peligrosas: sobre todo chistes y chascarrillos

b)  Cantos peligrosos: “porque fomentan más la sensibilidad”.

c)  Lecturas peligrosas: “las lecturas de novelas sentimentales, aunque no sean abiertamente inmorales, arruinan el alma de la mujer, ya por naturaleza tan sensible”

d)  Malas compañías: necesidad de alejarse de las almas enfermas de corrupción como se hace con los enfermos contagiosos

e)  Diversiones inconvenientes: el baile porque es un “peligro terrible”. El cine porque “en la mayoría de los casos viene a ser la apología de la depravación y de delito”. El teatro, aunque no se consideraba tan peligroso como el cine.[14]

En México la Cruzada por la Pureza comenzó en 1944 y estuvo a cargo del comité Central de la Juventud Católica Femenina Mexicana (J.C.F.M.), que organizó una cruzada nacional, no solo en el campo de trabajo propio de la organización sino que se promovió también fuera de éste mediante la invitación a las Asociaciones Confederadas, colegios particulares, centros catequísticos y familiares.[15]

La Juventud Católica Femenina Mexicana era una organización que pertenecía al Acción Católica Mexicana, fue fundada en 1926 estaba destinada para las jóvenes solteras de entre 15 y 35 años de edad. Aunque dentro de ésta había dos secciones preparatorias: la de aspirantes, dedicada a las niñas de entre 12 y 15 años, y la infantil para las niñas de 6 a 12 años. Su objetivo era formar a las jóvenes “en el apostolado por medio de una solida preparación espiritual, intelectual y moral”.[16] Para lograr esta finalidad en 1930 creó la revista Juventud, la cual fue un instrumento de la organización para difundir cada mes el mensaje de la jerarquía católica y transmitir sus ideas, iniciativas y actividades realizadas. La principal finalidad de la revista estuvo en consonancia con la promoción de la virtud de la pureza. Para ello publicó, durante todos los años en que salió a la venta, lecturas apropiadas para las jóvenes, convocatorias a concursos, campañas, cruzadas como la señalada anteriormente, elaboró cuentos, difundió los discursos de eclesiásticos de la jerarquía y una variada información en relación con esta virtud.

El Comité Central de la J.C.F.M. encargado de organizar lo relativo a la Cruzada, comenzó a prepararla desde el mes de enero de 1944, en particular el material auxiliar impreso que sería necesario para este trabajo. El material consistía en libros, folletos, estampas y artículos literarios alusivos a la pureza.

El objetivo de la cruzada era despertar, conquistar, avivar y difundir en el corazón de jóvenes y niñas la virtud en cuestión. Ese año “se recomendó a todos los fieles la Cruzada por la Pureza, emprendida por la JCFM como un medio de alcanzar remedio a tantos males vistos por el Papa”. [17]

El proyecto consistió dar a conocer, durante el mes de abril, la idea y el material preparado para la misma. El 1 de mayo de 1944 comenzó la cruzada con peregrinaciones en varias partes del país a algún Santuario de la Virgen Santísima, y se realizaron durante todo el mes diversas actividades.

En el ámbito de lo colectivo se realizó la difusión del material impreso alusivo a la pureza, se organizaron círculos de estudios y eventos de destrucción de artículos que ofendieran la virtud. En lo personal se fomentó la práctica de la virtud durante las cuatro semanas del mes, para lo cual se recomendó a las mujeres vigilar la imaginación (fantasía, sueños, lecturas, etc.); el corazón (afectos, amistades); el recato en el exterior (ademanes, posturas, arreglo personal, etc.) y cuidado de la vista (periódico, revistas, anuncios, diversiones). En el aspecto religioso se recomendó la realización de ejercicios espirituales durante el mes de María, ofrecimiento de flores y oración especial para alcanzar la virtud.

La cruzada sólo se realizó ese año pero, a pesar de ello, el mes de mayo permaneció como el mes de María, así como también persistió la tradición del ofrecimiento de flores, pues antes de que iniciara la campaña ya se venía realizándose esta actividad dentro del mundo católico, con el fin de cultivar la pureza. La pureza consistía para las niñas en imitar a la Virgen Inmaculada en no manchar su alma y concientizar a las jóvenes de que esta virtud era el más preciado valor que debían tener y defender.

La pureza era representada por dos símbolos: el color blanco, especialmente en la vestimenta, y las flores blancas, especialmente la azucena. En el ofrecimiento de flores a la Virgen las niñas podían escoger el tipo de flor que simbolizara la virtud preferida, la azucena era la flor que representaba y enseñaba a cuidar su virtud, pues se hacía alusión a que su tallo recto implicaba la rectitud en el comportamiento, es decir, ni pensar, ni hacer, ni decir nada contra su buena conciencia. El que emergiera de la tierra, simbolizaba el esfuerzo que las niñas debían hacer por elevar su alma de la tierra, para que no se manchara con lo que no debía ver, oír, sentir. Su corazón debía recogerse al igual que los pétalos blancos de la flor, para cuidar de la gracia que recibían de Dios, y de esa manera abrir el corazón hacia arriba como lo hacía la azucena, buscando las cosas del cielo y no las de la tierra.[18]

El color blanco simbolizaba la pureza, pues era considerado como lo limpio; vestirse de blanco para ofrecer las flores significaba “que la niña se presentaba ante la Virgen con la inocencia y el candor de su alma pura. La blancura de su vestido era símbolo de la pureza de su alma”.[19] Por eso decían “¡Venid y vamos todas con María!” ¡Todas vestidas de blanco, como imagen de la pureza de nuestras almas! ¡Con flores blancas, símbolo de la virtud de la pureza que cultivamos en nuestras alma!”[20]

La idea de pureza era el deber ser de la mujer católica. La Iglesia y sus organizaciones no dejaban sola a la mujer en esta lucha contra los innumerables obstáculos y peligros que le ponía el mundo moderno cotidianamente. Para ello intentaron hacerla parte de estas organizaciones y hacerle llegar recursos como las vidas de santas, ejemplares de revistas, y prácticas piadosas que le ayudaran en este combate.

Cynthia Iniesta Salazar es Historiadora. Con la tesis “La educación de las mujeres. El caso del Colegio de la Paz 1940-1975” obtuvo el grado de Maestra en Investigaciones Sociales y Humanísticas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


[1] Mary Douglas, Pureza y peligro. Un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, Buenos Aires, Nueva Visión, 2007, p.23

[2] Valentina Torres Septién, “El noviazgo: una aproximación desde el discurso de la Iglesia católica, 1930-1970” en Pacheco, Martha, Religión y política. México durante el siglo XX, INEHRM, México, 2007 p.118-119

[3] Vladimir Jankélévitch, Lo puro y lo impuro, Buenos Aires, Las Cuarenta, 2010, p. 19

[4] Eugenia Olivera, “Comisión de Piedad” en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Revista Juventud, caja 67, julio 1941, p.5

[5] Ídem

[6] Ibídem.

[7] Torres, Septién Valentina, “Bendita sea tu pureza: Relaciones amorosas de los jóvenes católicos en México (1940-1960)” en Gonzalbo Aizpuru, Pilar y Bazant, Mílada (coord.), Tradiciones y conflictos. Historia de la vida cotidiana en México e Hispanoamérica, México, El Colegio de México, El Colegio Mexiquense, 2007

 p.404

[8] Altamirano, “La voz del asistente eclesiástico” en Archivo de la Acción Católica Mexicana,  Acervo Histórico de la Universidad Iberoamericana, Revista Juventud, caja 67, noviembre 1941, p.3

[9] Ídem

[10] Eugenia, “Bendita sea tu pureza” en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Revista Juventud, caja 69, mayo 1947, p. 23

[11] Ídem

[12] Ibidém.

[13] Ib.

[14] Ib. p.182

[15] s/a, “Cruzada por la pureza” en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Revista Juventud, caja 68, Octubre 1944, Extraordinario 7° asamblea general, p.16

[16] Revista Juventud, caja 66, Año 1 No. 1, Abril de 1930, p.5

[17] Ídem

[18] Margarita María, “Azucena, símbolo de pureza” en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Pequeñita, caja 105, mayo 1942, p.5

[19] s/a, “De Blanco…” en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Pequeñita, caja 105, mayo 1944, p.3

[20] s/a, “Fiesta de la Pureza en en Acervo Histórico de Universidad Iberoamericana, Pequeñita, caja 105, mayo 1942, p.18

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Un pensamiento en “Acercamiento a la idea de pureza en la mujer católica, por Cynthia Iniesta Salazar

  1. bueno me gusta. espero que todavía haya mujeres que aspiren a ser puras como la virgen ( seguro que las hay)
    no me gusto la parte en que quemaron libros, creo que de lo que nos hace mal tenemos que alejarnos pero no enfrentarlo con la misma moneda. los que elijen el mal camino son conscientes de ello y hay que respetarlos en su elección, es el LIBRE albedrío. podremos no comprenderlo nosotros pero dios si lo entiende nosotros los católicos queremos lo mejor para todos pero aveces no es posible lograrlo. Dios y la Virgen Maria los bendiga

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