El Cafecito

“La formulita”, por Enrique Puente Gallangos

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Un día, sentado en un consultorio, se encontraba leyendo un sujeto. Escuchó que alguien abría la puerta del consultorio y miró. Era una mujer muy bella que sostenía un sobre en la mano; sin esperarlo, la mujer se dirigió a él y le dijo: —Quiero pedirle un favor, que me diga qué problemas resuelve esta “formulita”. Antes de que el sujeto pudiera decirle algo, la señora agregó: —Esta formulita se la he presentado a dos personas: primero la llevé con un matemático y me dijo que las matemáticas no podían hacer nada; que las matemáticas eran una ciencia formal, que sus axiomas y su razonamiento lógico no respondían a lo planteado en esa fórmula. La verdad me puse muy triste por lo que me dijo. Pero el matemático me comentó que acudiera con un químico, él tal vez pueda ayudarle. Al día siguiente acudí con un químico y le pedí que me ayudara; él muy amable me dijo, que la química estudiaba la estructura y propiedades de la materia, al igual que estudiaba sus cambios ante las reacciones químicas y que la química tampoco podía responder a lo planteado en esa fórmula. De igual manera salí muy triste de ahí. Sin saber a quién más acudir, decidí irme a casa y desistir de mi deseo de saber qué era lo que se resolvía con esa fórmula. Sentía una gran impotencia al no poder saber y sólo podía ver alrededor de mío los elementos de la fórmula. Decidí ir a ver a un psicoanalista porque sentía un gran mal-estar. A llegar al consultorio vi a un sujeto con un semblante de saber y procedí a contarle el porqué estaba yo ahí.

El sujeto que la había escuchado atentamente le dijo: —La fórmula está incompleta. La mujer, sorprendida, le contestó: —Sabía que algo estaba mal con esta fórmula y sabía que un psicoanalista me daría la respuesta, sí tiene usted razón eso era.

El sujeto, un poco nervioso, le dijo a la señora que tomara asiento. —Primeramente, quiero decirle que no soy el psicoanalista, en segundo lugar quiero decirle que vine a ver al psicoanalista, en tercer lugar yo también vine a lo mismo que usted. —¡Cómo!, exclamó la señora. —Sí, dijo el sujeto, yo vine al psicoanalista para que me dijera qué problemas son los que se resuelvan con esta fórmula. Sacó de su bolsa un papel que contenía la misma fórmula que tenía la señora. El contenido de la fórmula era éste: “αγάπη δίνει ό, τι δεν υπάρχει, κάποιος που δεν είναι”. Al ver que la fórmula era la misma, los sujetos se habían dado cuenta que los dos estaban ahí por el mismo motivo y mirándose a los ojos se expresaron una discreta sonrisa.

En esos momentos un sujeto de bata blanca sale del consultorio y les dice que pasen; ellos un poco contrariados al ver a ese sujeto vestido de blanco a la par le preguntan: —¿Es usted el psicoanalista? A lo cual contestó: —¡Volvió a pasar! No, señores, no soy el psicoanalista, soy el neurólogo, el psicoanalista tiene su consultorio enfrente, ahí donde no hay ningún letrero.

La pareja salió del consultorio expresando una gran sonrisa, que al salir de ahí, se convirtió en una carcajada. Al estar frente a la puerta del psicoanalista se quedaron hipostasiados por unos segundos. Ella le dijo que si antes de entrar al psicoanalista podrían tomarse un café para platicar sobre la formulita; el sujeto dijo sí de inmediato; al encaminarse hacia la salida del edificio sin darse cuenta, de sus manos se despojó la hoja que cada uno sostenía y que contenía la formulita. Continuando su camino hacia el café y a su destino. Horas después arriba el psicoanalista al edificio y frente a la puerta de su consultorio se encontraban en el piso las dos hojas; las toma del piso y las lee. Segundos después expresa ¡el amor es una cuestión que la razón no entiende! La fórmula expresaba lo siguiente “el amor es dar lo que no se tiene, a alguien que no es”. Dos sujetos que por un mal entendido habían coincidido en ese lugar y se encontraron con un deseo inconsciente frente a frente. ¿Cuál deseo de saber? No podríamos decirlo, pero los dos querían saber. Podría, tal vez, aventurar una respuesta pretensiosa, los dos sujetos querían saber del amor.

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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