El Cafecito

¡Qué raro que nos hayamos conocido!, por Enrique Puente Gallangos

3 comentarios

Los enamorados no lo saben, o mejor dicho no saben que lo saben, pero en sus etapas más tempranas alguien escribió una carta por ellos, la carta fue depositada en una botella y lanzada al mar de la vida. Lacan dice que “una carta siempre llega a su destino dado que éste está donde quiera que aquélla llegue”.

Los enamorados no lo saben o no saben que lo saben: primero, que esa carta es de amor; segundo, que esa carta tiene un mensaje; tercero, que tiene un emisor cierto; y cuarto, que tiene un destinatario incierto.

Los enamorados en tempranas edades empiezan a debelarse como sujetos en sus discursos familiares “Papá nació en Londres, mamá en Egipto y yo en Australia: ¡qué raro que nos hayamos conocido!”. El sujeto se seguirá preguntando sobre lo que no sabe que sabe, los enamorados inician una búsqueda de no sé qué, tal vez de un objeto perdido.

Algunos entrarán a una caverna oscura a buscarlo una vez y otros, los más, entrarán varias veces. En la caverna estará el objeto perdido, el objeto deseado, el objeto esperado que nos dirá tal vez que nos ha estado esperando por varios años. Pero no será lo que estamos buscando y saldremos de la caverna bajo una aparente luz.

Lo que no sabemos que sabemos es que esa carta de amor sigue su camino buscando destinatario y que en esa carta está decidido por adelantado nuestro futuro amoroso, futuro amoroso que es pasado, no es presente ni futuro. En esa carta está decidido de antemano el objeto de amor, de tal manera que busques por donde sea o no busques estás condenado al fracaso o al éxito, en el mayor de los casos un éxito bastante cuestionado e ilegítimo. Los enamorados no serán tales por sus atributos y defectos porque ya están condenados. Condenados a buscar, a buscar  atributos: lindos ojos almendrados, labios rosas, caderas perturbadoras, hombros fuertes, piernas de roble. Condenados a buscar, a buscar defectos: molestos alcohólicos, tristes fracasados, tremendos golpeadores, grandes infieles, incómodas compulsivas, abnegadas religiosas.

En más de una ocasión los enamorados no se explican el porqué están juntos y el porqué se conocieron. Esas preguntas como síntomas estarán presentes una y mil veces en los enamorados y no tendrán respuesta. Pero la carta aún no llega para develar su contenido, contenido de verdad plena, de verdad real, de verdad insoportable, de verdad inimaginable para los enamorados. Advirtiendo tal horror en la verdad de esa carta, el sujeto activa su imaginación y empieza a ver príncipes y princesas, nubes y estrellas, hadas y genios, reyes y reinas, todos personajes imaginarios sin errores, sin imperfecciones y sobre todo inmortales.

Pero la carta que siempre llega a su destino está por llegar, está llegando a su destino, la exclamación sintomática ¡qué raro que nos hayamos conocido! Tiene de tras de la puerta al responsable. Como dicen millones de enamorados ¡cuando menos lo esperaba llegó, es él, es ella! El otro como yo aparece en la escena, aparece en el guión, aparece en su discurso; algo sucede metamorfosis, brujería, milagro, premio o castigo. Él o ella, el otro es el emisor de la carta y yo soy el destinatario, ¡yo y nadie más que yo!, ¡ella y nadie más que ella! La carta ha llegado a su destino en mí. En forma automática desconozco ese reconocimiento en mí y por medio de un desplazamiento me convierto en el destinatario en el momento en el que me reconozco en él, en ella, en el otro.

Los enamorados ya lo saben, los enamorados creen saberlo, los enamorados no saben que saben pero ¿qué es lo que no saben que saben? Lo que no saben que saben es que el otro es también un destinatario, que alguien escribió una carta por ellos, la depositó en una botella y la lanzó al mar de la vida.

Lo que no saben que saben es que el otro también está buscando algo que no soy yo y que él no es lo que yo esperaba. Lo raro, no es que los enamorados se hayan conocido, lo raro es que no se hayan dado cuenta que ninguno de los dos abrió la botella.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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3 pensamientos en “¡Qué raro que nos hayamos conocido!, por Enrique Puente Gallangos

  1. excelente, Doctor Puente!!!

  2. Sin palabras, el mar de la vida te lleva a dónde se tiene que estar en el momento necesario..

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