El Cafecito

Me duele este México rojo, por Dorismilda Flores Márquez

5 comentarios

When the violence causes silence, we must be mistaken.

The Cranberries, “Zombie”.

 

La primera vez que estuve en Tlatelolco tuve una sensación muy extraña, al estar parada sobre el lugar donde nuestros antepasados indígenas hacían sacrificios humanos y donde ocurrió la masacre de los jóvenes estudiantes en 1968. En muchos momentos de nuestra historia, las manchas de sangre se han acumulado —literal y simbólicamente— en espacios geográficos concretos. Asistimos ahora al enrojecimiento de nuestro mapa, los asesinatos, ya no de individuos sino de grupos de personas, ya no sólo de “delincuentes” sino también de ciudadanos que cometen el grave error de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con las personas equivocadas y se convierten en “daño colateral”. ¿Hasta qué punto es normal? ¿Dónde comienza a ser demasiado?

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Recuerdo mucho una tira de Mafalda, donde ésta señalaba que tenía un enfermo en casa. Se trataba de un mundo recostado, ya que, en palabras de ella: “Le duele el Asia”. Si retomamos esa metáfora, quizá podamos decir que al mundo le duele todo, le duele China y también Birmania, Inglaterra, Haití, Afganistán y más. También le duele México, con sus graves problemas de feminicidios y el incremento en la comisión de delitos relacionados con el crimen organizado, con el olor a miedo y los ríos de sangre y los gritos de ayuda que no son escuchados.

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“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”[1], con esas palabras Felipe Calderón tomó protesta como presidente hace casi cuatro años. Alguien no está haciendo bien su trabajo si el bien y la prosperidad se traducen en una supuesta guerra contra el narcotráfico, que ha dejado más destrucción y muerte que soluciones, donde la sensible pérdida de miles de vidas es reducida a un daño colateral. Del otro lado, si la inseguridad y la violencia llevan al silencio y la indiferencia, los ciudadanos —en tanto Nación— no estamos asumiendo nuestros derechos y obligaciones de demandar a nuestros representantes que hagan su trabajo.

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Recientemente fue publicado en Nexos, el artículo “Cómo reducir la violencia en México”, de Eduardo Guerrero Gutiérrez. El autor delinea las tendencias en la violencia en nuestro país desde el año 2001, hace una crítica a la actuación del gobierno mexicano y plantea propuestas concretas de acción. La crítica es clara: “El gobierno federal falló en dos temas cruciales: el diagnóstico del mal y el método para combatirlo. El gobierno supuso, equivocadamente, que las organizaciones criminales no tendrían capacidad para reaccionar ante el asedio gubernamental. Peor aún: el gobierno creyó que él mismo estaba en condiciones de iniciar la guerra en enero de 2007. Este error de cálculo ha implicado enormes costos para el país en términos de vidas humanas y bienestar. El incontrolable aumento de la violencia en varios puntos del país ha propiciado que la estrategia oficial se revierta en contra del gobierno mismo. Junto con la violencia crecen el secuestro y la extorsión, el consumo de drogas y la percepción pública de que la guerra se perdió”[2]. Con frecuencia, el discurso oficial habla del narcotráfico y las organizaciones criminales como si se tratara de una realidad aparte a la que se ataca, pero no se ha reconocido lo que Guerrero Gutiérrez y otros analistas han señalado, la relación entre los “golpes” que el gobierno ha dado con la detención o ejecución de grandes capos y el incremento en los niveles de violencia en la reorganización de las geografías del narco y la reapropiación de territorios.

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En El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia, el antropólogo Arjun Appadurai habla de un contraste entre dos lógicas: la del sistema vertebrado de los estados-nación modernos y la del sistema celular del las redes terroristas. Estas últimas están “conectadas, pero no dirigidas verticalmente; coordinadas, pero notablemente independientes; capaces de dar respuestas sin contar con una estructura centralizada de comunicación; borrosas, pero con claridad”[3]. Quizá sea un error comparar las organizaciones terroristas con el crimen organizado, de entrada, porque aunque existan claras similitudes, hay también muchas diferencias. Sin embargo, quizás esto ayude a entender las fallas en la “guerra” o “lucha” contra el narcotráfico que ha emprendido el gobierno mexicano, porque el enfrentamiento entre sistemas distintos no ha conducido a la añorada tranquilidad, sino a la rearticulación y multiplicación de las organizaciones delictivas.



[1] 500 años de México en documentos (2006, diciembre 1). Toma de protesta de Felipe Calderón como Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Disponible en: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/2006_413/Toma_de_Protesta_de_Felipe_Calder_n_Hinojosa_como_Presidente_constitucional_de_los_Estados_Unidos_Mexicanos.shtml

[2] Guerrero Gutiérrez, E. (2010, noviembre 3). Cómo reducir la violencia en México. Nexos. Recuperado el 5 de noviembre de 2010, de: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1197808

[3] Appadurai, A. (2007). El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia. Barcelona: Tusquets.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.

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5 pensamientos en “Me duele este México rojo, por Dorismilda Flores Márquez

  1. Doris, este tema es realmente pertinente y me parece más que necesario ponerlo en la agenda de debates académicos y tonarlo una preocupación de nuestra población. Frente a esa situación pienso, a principio dos cosas:
    1- Sería absurdo pensar que el gobierno de Calderón realmente se haya equivocado en declarar guerra al narcotráfico, ¿o esta “guerra” sería a penas un primer paso en busca de la legitimidad de una serie de procesos que tienen que ver con el ultrapasado discurso político de “seguridad pública”? Más que un error, ¿no sería el mismo “error” un paso estratégico que le conviene al gobierno? La situación en la que se encuentra México frente a esa violencia, le abre posibilidad al gobierno de un proyecto de centralización de fuerzas militares, aumento de servicio de seguridad privada, etc…

    2- la segunda inquietud que tu texto me causa (y lo digo no más como especulación) tiene que ver con algunas materias del noticiero brasileño que viene como que metiendo poco a poco en la agenda nacional el mismo tema a través de comparaciones de la violencia entre Brasil y México. Claro que nada puedo afirmar con seguridad, sin embargo me parece sospechoso esa necesidad de la comparación, una vez que son situaciones, desde sus raízes, bien distintas. Pero, como dices, si se concentra el tema del narcotráfico como algo aislado de la realidad del país, entonces sí puede ser que haya similitud. Pero el problema es que, como lo dijiste muy bien, el problema del narcotráfico y de la violencia que sufren nuestros países son solamente parte de un conjunto de problemas y debilidades que tienen que ver con nuestra política y nuestros políticos.

  2. Hola, Paulo. Qué gusto que aparezcas por acá. Sobre lo que comentas, no considero que hacer frente al narcotráfico sea un error en sí mismo, pero la experiencia nos ha enseñado que la forma no ha sido la más conveniente para la mayoría de los mexicanos. Como tú dices, hay de por medio una estrategia de legitimación mediante el discurso de la seguridad pública; pero es el discurso de un presidente que cierra calles y estaciones del metro para poder ir a Bellas Artes, mientras los ciudadanos de a pie no sabemos si encontraremos paz y tranquilidad o una balacera en el camino. Por lo demás, estoy de acuerdo, aunque el foco de interés está puesto sobre el asunto de la inseguridad y el crimen organizado, los problemas y debilidades que señalas no se reducen a eso. Triste panorama, ¿no crees?

    • Doris y Pablo. Los mexicanos están pasando una fase inicial en la guerra local y global contra el crimen organizado, la misma que los colombianos vivieron por la época de Pablo Escobar y su imperio del terror en las calles de Medellín y Bogotá. El narcotráfico es una manifestación de una economía clandestina que pretende adueñarse de los más altos círculos del poder y del gobierno. De este modo es una resultante (casi que un desquite) de cientos de años de subyugación y explotación de amplias masas de la población menos favorecida, una resultante de los malos gobiernos y sus políticas excluyentes y discriminadoras. ¿Por qué los norteamericanos (EEUU) no se matan entre sí en las calles en medio de las más encarnizadas balaceras, y por qué son los mayores consumidores de una droga que muchos de ellos la consideran como un divertimento?

  3. Buena pregunta, Alejo. Gracias por venir.

  4. Buen texto Dorix para continuar el debate.

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