El Cafecito

Día del deseo femenino, por Luis Buero

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El Día Internacional de la Mujer se celebra el 8 de marzo en todo el planeta  “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Así cuentan los diccionarios.

Pero más allá de los hechos históricos que determinaron su día internacional (que precisamente no coincide con el Día de la Madre), esta fecha encierra otro símbolo y otra gesta, que nos promueve la reflexión. ¿Me acompañan?

Cuando Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán, no inventó solamente el número Dos, sino que apostó a la existencia de un partenaire complementario. Como si para los textos sagrados (redactados por hombres)  ésta fuera la función otorgada al género femenino, y la esperanza de que ese ser nuevo podría transportarlo a Adán a su estado anterior, es decir, que el número Dos fusionado en el amor,  podría convertirse en  Uno nuevamente.

Pero Eva, desde el vamos, no se ajustó al plan divino prefijado, y eso le costó el Paraíso. Desde entonces, en la historia, en la literatura, y en la vida cotidiana, no hacemos otra cosa que asistir a la denodada resistencia de muchas mujeres (por no decir todas) a ese lugar complementario o suplementario que le fue asignado sin pedirle permiso. Ese rol de estar en función de y del cual, se les dice, depende el equilibrio universal.

No importa entonces si ella es santa, prostituta, doctora, asesina serial, madre nutricia o presidenta; porque para nuestra cultura “falocéntrica”, ella es “la que no tiene”, la que viene al mundo a perfeccionarnos, y a  mecer la cuna.

Hasta el Psicoanálisis (otro invento masculino) nos informa que “la mujer no existe”, y que es un síntoma o un sueño del hombre, pues nunca se inscribe una esencia de qué es la feminidad en el inconsciente.

Contra todo esto, siento yo, se rebela a diario la mujer. Se opone a guardar el lugar de subrogante de la imagen materna ante su marido, y de objeto sexual degradado frente a su amante.  Porque se da cuenta de que lo femenino, encarnado en ella, es el paradigma de lo diverso, lo altero, lo héteros, que cuestiona el ordenamiento masculino del mundo. La mujer de hoy, a sabiendas o involuntariamente, se hace popó en algún momento de su vida en la corsetería cultural que le han impuesto, y cuando todo parece perfecto, cuando su tensión interna debería llegar a un equilibrio permanente (la tan nombrada homeostasis), aparece el incómodo deseo. Incómodo para su pareja cuando no está destinado a él.

De allí, que lo femenino tanto como su deseo, emergen como inquietantes, como aquello que pone en duda todo saber, toda certeza, toda garantía.
El Día Internacional de la Mujer debería llamarse Día del Deseo Femenino, esa energía  de ella dirigida a un goce que no es ajeno a los varones, inasimilable, porque nos revela que lo perdurable, lo previsible, ya no pertenecen al espejo en el que la obligamos a mirarse, si,  desde siempre.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

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