El Cafecito

Viven en una publicidad de cerveza, por Luis Buero

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En todos los canales pasan un aviso en el que un muchacho le dice a otro que cree estar en una publicidad de cerveza, lo cual es cierto, como también lo es que siempre los jóvenes aparecen en estos spots convertidos en personajes que lo único que desean es fiesta, alcohol, y gente del sexo opuesto (o del mismo), para divertirse. Y nada más.

Tiempo atrás, la misma marca de cerveza lanzó una campaña con el slogan “hey, buena onda”, intentando que la frase se asocie al nombre de la bebida, y puntualizando que la misma es sinónimo de diversión y de “happy hours”. En los cortos televisivos y en los afiches desplegados en la vía pública daba varios ejemplos de jóvenes o situaciones buena onda, cuyos personajes revelan una vez más el target puntual al cual están dirigidas casi todas las propagandas de cerveza, y también las de gaseosas: gente de 18 a 35 años.

Esta generación a la que se alude aparece siempre como muy consumista de todo lo que se defina “pasarla bien” y se la expone con una visión super light, cool and slow de la realidad. Y tal como se los muestra en esas filmaciones, los destinatarios de estos mensajes nada subliminales componen ese híbrido definido como los adultescentes. Ahora bien, como ocurre siempre, no todo es como se muestra, y menos en un corto publicitario.  

Sin embargo, sí parece existir un segmento de chicos y chicas buena-onda que no pueden darse por enterados de que ya son hombres y mujeres, y para ellos, también seguramente existirán muchos terrícolas que significan lo contrario. Es decir, mala onda, porque no viven en una publicidad de cerveza.
En lo cotidiano, ¿quiénes son los mala onda para estos creciditos pero con el reloj mental algo demorado o con cierta educación incompleta que les impide reconocer la alteridad?

Para ellos los mala onda son por ejemplo:

* El profesor que los quiere reprobar porque plagiaron un texto de Internet o porque no cumplieron con ninguno de los ejercicios de la materia.

* El bedel que les pone ausente cuando faltan a clase.

* El policía que les hace la boleta por manejar la moto sin casco, o por pasar un semáforo en rojo o estacionar la 4 x 4 arriba de la vereda.

* El médico que le avisa a sus padres que lo halló desmayado en la calle de tanto emborracharse.

* La novia que luego de seis meses le pregunta a su Romeo si son novios o qué son.

* El guarda de trenes que le impide consumir un porro en el vagón.

* El vecino que llama al 911 porque varios muchachos y chicas se ponen a charlar gritando durante horas debajo de su ventana a las cuatro de la madrugada o pasan con el equipo de audio del auto a todo volumen a la misma hora.

* El marido que protesta porque su pareja no está nunca a la hora de la cena, ya que prefiere ir a los “after office” de la empresa todos los días.

* El transeúnte que les exige que respeten la cola para subir al colectivo, o que no se sienten colocando los pies sobre el asiento de adelante.

* El amigo que no se suscribió a un servicio de banda ancha y no chatea horas y horas los domingos por la tarde y encima estudia.

* El portero que se queja porque dejaron el auto estacionado frente a la salida de garaje del edificio.

* El mozo que les recuerda que no se puede fumar en ese bar.

* El jefe de personal porque les descuenta el día si llegaron tres horas tarde o faltaron.
Algunos psicólogos mala onda han escrito sobre el decaimiento actual de la Ley del Padre, como imaginario de los deberes y valores rectores de una sociedad. La metáfora paterna es algo que se inscribe en tiempos primordiales del ser, no es un sello que se puede colocar en la frente cuando uno está grandecito.

Es evidente que quienes lo recibieron en este mundo no hicieron totalmente la tarea. Y que los maestros, pediatras y demás sustitutos de la Imago paterna no pudieron hacer nada para que estos sujetos salieran de su posición “his majesty de baby”, generalmente creada por mamá permisiva y papá tipo pasea-perros.

Y por ello nos encontramos con este tipo de “sujeto rey autofundado”, que vive en su mini estado soberano del cual es monarca, súbdito y esclavo.

Un amigo psicoanalista me contaba que le costaba, en las entrevistas preliminares, encuadrar a una paciente joven como psicótica o neurótica, debido a este límite borroso de la carretera principal que algunos jóvenes reflejan en su proceder y en su discurso.

Pero estos niños adultos atrapados en ese infantil modelo de Yo ideal que busca hacer lo que desea, cuando y como quiere, no se han quedado sólo en el vacío solitario del buena-ondismo cervezero, esperando el hitazo, como el chico de la publicidad, por el contrario, parecen exigir que los cobije una nueva Ley de la Madre, o mejor, de la Abuela, construyendo una rara subjetividad en la que casi todo se les perdone y se les permita, porque en definitiva, como se les pregona en otro de los avisos, la vida es como te la tomás.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

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2 pensamientos en “Viven en una publicidad de cerveza, por Luis Buero

  1. Pingback: 4077 El Cafecito, Dorismilda Flores Márquez, enero de 2010 « Octavio Islas [octavio.islas@proyectointernet.org]

  2. Me siento totalmente identificada con tu texto. Soy profesora universitaria, tengo alumnos que rondan los 22 años y son la viva imagen de éste retrato que haces. Me he abierto un Facebook especial para ellos (para no mezclarlo con el mío personal) y me asusta lo que veo. Sólamente postean frases de “me gusta – no me gusta” del tipo: “te caga ver que soy feliz”, “qué bien que no soy tú”, “que noche la de anoche”… etc.

    No postean nada retomado de otros sitios, artículos de interés, noticias, un buen poema, una foto. Ah! eso sí: los videos de Lady Gaga están al por mayor…

    Bueno, ya no me extiendo, es que estoy agarrando este blog de paño de lágrimas por lo siguiente: En una de mis materias reprobaron 4 alumnos y todavía me mandan mails y sms preguntándome ¿porqué? ¡¡¡pero si no entregaron tareas ni lecturas y tampoco asistían a clases o asistían para pasar lista y salirse a los cinco minutos!!! ¡Dios! ¿qué mundo es éste?

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