El Cafecito

Celos y mentiras compulsivas, por Luis Buero

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Entre celosos y celados se evidencia que hay mentiras compulsivas para evitar problemas,  o para provocarlos. Pero siempre del lado de los celados

 

  • Mentiras para evitar problemas

 

Esta clase de mentiras aparecen del lado de los celados, pero no porque sean infieles si no porque, dado que el celoso tóxico es un detective implacable (lo propio de la neurosis obsesiva) todo lo que diga el celado puede volvérsele en contra.

 

Entonces, si el muchacho fue a almorzar con sus compañeras de trabajo por ahí lo oculte, o si la chica fue a estudiar con sus mejores amigos tampoco lo revele, o diga que hizo otra cosa cuando le pregunten, no porque haya sido infiel, insisto, sino porque sabe que haberlo avisado con anticipación le significaría soportar una escena dramática de celos, tal vez una prohibición expresa, e intenta evitarla. Y si se descubre que mintió, la cosa se pone peor, por eso este tipo de vínculos basados en la desconfianza básica tienden a romperse tarde o temprano.

 

  • Mentiras para generar problemas

 

Ejemplos:

 

1)     La mujer que no “historiza” los hechos vividos del día, sino que los “histeriza”, contándole a su marido una ficción en la que siempre hay alguien que “le tira los galgos”.

 

2)     El  seductor histérico, el simpático eterno, que requiere “mitomanear” la realidad para impresionar a su novia, mostrándose como el héroe deseado de todas las situaciones.

 

3)     El celado perverso que intenta sembrar la duda de su fidelidad mediante alusiones inexactas, o guardar silencio sobre ciertos asuntos, a propósito, como una manera de atormentar al compañero/a, de reforzar su dependencia y de cultivar sus celos. Lo que pretende es paralizar a la pareja colocándola en una posición de confusión y de incertidumbre.

 

  • Autosecuestro afectivo y mentira

 

Simplificando el problema, digamos que en el terreno de los afectos, hay dos tipos de mentiras: unas determinadas por la presión de las circunstancias y otras cuya motivación central es interna. No incluiremos aquí un tercer tipo de mentiras que están relacionadas con la actividad de fantasear, los famosos sueños diurnos que a veces cierta gente adulta expone como realidades (un resabio de las “mentiras” infantiles).

 

Me interesa aquí señalar el drama de la mentira del celado, intentando protegerse del vendaval. Los motivos se explican a continuación:

 

Por alguna razón, establecido un vínculo entre dos personas, se despliega (a veces inconscientemente) una lucha de poder. En los trabajos, las relaciones de producción generan roles asimétricos, hay un patrón y un empleado. En los matrimonios o noviazgos,  hay una igualdad de derecho y de hecho, sin embargo nuestra inseguridad e impulsos egoístas a veces intentan reproducir, al menos fantasiosamente, la dialéctica del amo y de esclavo.

 

Uno de los sentimientos más comunes que provocan que uno de los dos (o los dos) intente coartar, disminuir o directamente cancelar la “vida fuera de la pareja” del otro/a, son los celos.

 

Sí, celos. Los celos nacen de un exagerado egocentrismo infantil que todos podemos padecer en algún momento. Es un intento de apoderarnos del deseo del otro para que sólo esté dirigido hacia nosotros mismos. Nuestro sueño es ser el exclusivo centro de atención de la persona que dice amarnos, repitiendo de modo imaginario una posición que supuestamente tuvimos cuando estábamos en los brazos de mamá, allá lejos y hace tiempo. Sin embargo esa reivindicación del ser un Todo con alguien (mamá aquella vez, o la supuesta media naranja hoy) es algo imposible de lograr. Y siempre lo fue. Ya mucho nos dolió, como puñalada artera en pleno narcisismo, descubrir en aquellos años en que calzábamos pañales, que mamá tenía marido, otros hijos, y además alumnos de piano y hasta una foto escondida de Alain Delón. Por eso ahora, cuando la novia o el esposo utiliza una porción de “nuestro tiempo” para visitar a su abuela, charlar con los amigos en un café, jugar al tenis con los sobrinos, dedicarse a la política, a un hobby cualquiera, o pasa demasiado tiempo escribiendo en su computadora o paseando el perro, un cercano malestar nos remite a esa angustia de no ser elegidos como únicos full time, esa sensación fulera que ya sufrimos antaño.

 

Ahora bien, ese abandonar totalmente la vida que teníamos siendo solteros, para esquivar escenas tormentosas, es en parte un auto-secuestro afectivo.

 

Sí, nuestra debilidad, el querer gambetear reclamos, caras largas, escenas de cuartel, es lo que nos hace cercenarnos y dejar de llamar o ver a esa gente que solíamos frecuentar. Y así nuestro mundo se va empequeñeciendo, pues nadie puede darnos todo lo que necesitamos y nuestra inserción creativa en la sociedad queda anulada lentamente, mientras nos sentimos morir asfixiados. Si nuestro rol, en cambio, es del “secuestrador”, sufrimos al querer controlarlo todo inútilmente.

 

¿Soluciones? El desaparecido en acción debe volver a la película y no dejarse castrar, cueste lo que cueste. El celoso/a debe entender que puede prescindir de ese objeto de deseo y seguir viviendo igual. También reflexionar sobre la altísima dependencia afectiva que tiene hacia ese otro/a. Y finalmente comprender que aunque es común que sospechemos que nos van a dejar por otro, lo que siempre ocurre, es que nos dejen por nosotros mismos.

 

  • Frase mística para el final

 

La frase del final no es de Schopenhauer o de Paulo Coelho, es de una novia que tuve, Sabrina, mucho más joven que yo, que lavando los platos con un delantal de cocina sobre el cuerpo sin ropas, filosofó una tarde: “la verdad es que la diferencia de estar en pareja o estar sola, es que cuando una está en pareja coge con una sola persona”.

 

En aquel momento su definición me pareció exagerada, y excesivamente simplista. Hoy, años después, entiendo que debería repartirse en algún calendario para los celosos/as, porque les indica en qué ambiente de sus contenidos mentales se halla la antesala de la libertad, esa habitación oscura a la que nunca llegan, no por falta de orientación, si no por cobardía moral.

 

 

 

 

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

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2 pensamientos en “Celos y mentiras compulsivas, por Luis Buero

  1. Está bien escrito, y es claro en teoría: ¿pero en la práctica, los celados no son los mismos que provocan los celos? -Mentiras, ausencias, silencios e indirectas; verdades a medias.- ¡Y después se quejan también a veces? Uno hay en la pareja que reprime o canaliza las emociones fuertes, y el otro las manifiesta, las provoca, o las vive. ¿Cuál es cuál, es un tanto melindroso de definir, cierto? ¿Celoso/a o celada/o? ¿CELOSÍAS MUTUAS?
    -¿Tienen que ver los celos con la baja autoestima, como se dice vulgarmente?
    -Entonces quien los provoca, ¿adónde tiene colocado su propio auto valor?
    -La ética y la moral, ¿adónde comienzan y adónde conducen?… En todo esto de las emociones negativas.
    -Soy responsable de lo que siento, ¿pero de lo que me obligan a sentir, también? – ¿O la subjetividad empieza y termina por cada uno? Intima y privada. – La autoestima depende en esencia del aprecio de cada uno hacia sí mismo… ¿cierto?

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