El Cafecito

El cine mexicano en la actualidad, por Axel Mishael Muñoz Barba

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i442El cine, como disciplina artística, forma de expresión y/o entretenimiento, ha tomado mayor importancia para las personas que les gustaría dedicarse a esto; aun a pesar de ser un país muy centralista, esto no ha mermado los deseos de jóvenes, o no tanto, de engrosar las filas del séptimo arte. Esto no representaría ningún problema, claro está, si se tuviera plena consciencia sobre la responsabilidad que conlleva. Me ha tocado ver a muchos y muchas que en el momento en que se dan cuenta, que desde el primer día que llegan, no se sientan en la silla de director ni gritan “¡corte!” y “¡acción!”, se decepcionan y desertan; esto resulta curioso, puesto que pasa algo muy similar en otras disciplinas artísticas.

El cine es poderoso, como expresión de un arte, como maquinaria capitalista y piramidal; es atractivo y repulsivo a la vez, atrae, como muy pocas cosas, a la exacerbación del ego y de la vanidad. ¿Por qué? Es muy sencillo, el cine cambia la vida de los que se involucran en ello, el cine puede ser mágico, y, como diría un maestro: En el cine, la materia obedece.

En un país de más de 100 millones de mexicanos, el pensar en hacer cine o dedicarse a él, es un lujo; el cine es caro y este país no es rico; el cine no es unipersonal, se requiere de un equipo de trabajo; es vertical y no democrático.

El hecho de querer estudiar cine, hace que uno tome conciencia de que esto es tan solo una herramienta, no es la única opción, pero seguramente es de las mejores. En la actualidad existen muchas escuelas (y cada vez, salen más) pero esto no quiere decir que cualquiera vale la pena; hay cosas que no te pueden enseñar las escuelas y yo soy de los que cree, que la formación autodidacta, ayuda mucho: leer mucho, ver mucho cine, mucha pintura, escuchar música y vivir las experiencias lo más posible, hacen que uno complemente sus estudios. Las escuelas son tan buenas como uno las aproveche y, la verdad, es que con el tiempo, uno las valora y añora más, y lo veo hasta en gente a mi alrededor que no tiene nada que ver con el cine.

Este deseo de más y más personas de dedicarse al cine, sugiere una cuestión que hay que reflexionar a profundidad: la relación creador-espectador es de una diferencia abismal, habrá que preguntarse cuántas películas se realizan al año y cuántas de éstas se podrán proyectar con sus consabidas dos semanas de exhibición ante la maquinaria de las corporaciones que prefieren aguantar meses las películas hollywoodenses (porque, al fin y al cabo, el cine también es negocio).

Entonces, ¿cuántos espectadores se tienen por película mexicana? Las cifras son aterradoras. Pienso que habría que valorar, si uno quiere hacer cine por el mero hecho de expresión, o, dado eso, buscar que la mayoría de las personas lo puedan ver. Ambos deseos requieren de un esfuerzo titánico que va más allá, aun de uno mismo.

He ahí donde se encuentra el talón de Aquiles, habrá que cambiar poco a poco (pero algo de prisa no afectaría) la cultura y exigencia del espectador mexicano en relación con el cine mexicano. Creo firmemente en que no tiene uno que apoyar a TODO el cine mexicano, sino aquel que a uno le intrigue o le llame la atención, por la sinopsis, el trailer, los actores, vaya pues, la propuesta misma del director o directora (que las hay, y muy buenas).

Con esto, quiero acotar en algo que me llama la atención: mucha gente que ha ido a ver el cine mexicano y la cual me ha externado sus opiniones, que van desde las que le gustan las películas para entretenerse, con actrices guapas y/o actores guapos, hasta los que buscan un tipo de cine de arte diferente.

Es ahí donde encuentro uno de los problemas, puesto que así como la derecha (política) siempre ha estado unida porque sus intereses han sido los mismos, simples y avasalladores; en el gusto por el cine comercial y de entretención, las razones son simples y buscan darle gusto al ojo con buenas caras y buenos cuerpos, entonces, así como la izquierda (política también) ha estado siempre desunida por una constante autocrítica y competencia por la radicalidad de sus proyectos personales o sociales; así, en las razones para hacer o ver el cine de arte, ha habido muchas propuestas interesantes en un tiempo reciente, pero han sido criticados por una supuesta falta de identidad del mexicano (nada más complejo como empresa) y una pretención de emular las películas francesas, italianas, españolas, etc. (somos todo eso, y más).

En relación con el espectador, la búsqueda y exigencia del cine de arte contiene, en sí mismo, una hipocresía, puesto que somos más exigentes con los intentos de los cineastas mexicanos, que con cualquier cosa que nos llegue de Europa, Asia u otro, ¿por qué? Porque perdonamos cualquier pecata minuta en lo extranjero, como por ejemplo, que descubramos, ante algo que nos venden como cine de arte, una comedia burda que hace todo, menos reír, pero como es una película francesa o italiana, pues no hay problema; y no aceptamos cualquier intento de un no-arquetipo en los estándares sociológicos de lo que se quiera o pueda entender como mexicano.

Encomio a que nuestra exigencia sea más acorde con nuestros gustos y exigencias, tampoco el cineasta mexicano puede, debe o tiene que esperar a que el espectador pueda, deba o tenga que entender su arte, se tiene que buscar el mejor de los dos mundos.

El cine no es un arte barato, jamás lo fue, y hacerlo en un país como el nuestro es muy caro, para entrar con cifras duras, diré que en promedio, las películas mexicanas se hacen con un estimado que va desde 5 hasta 12 millones de pesos, esto abarca desde lo que llamamos pre producción hasta la exhibición y la cantidad de copias que puedan salir al mercado; una película como Arráncame la Vida costó alrededor de 60 millones de pesos. Entonces, haciendo una operación sencilla:

Película mexicana de costo promedio: 8 millones

Tiempo en cartelera promedio: dos semanas

Espectadores promedio:  2,000 personas

Costo de boleto promedio: 50 pesos

Es decir, que el ingreso promedio en una película mexicana es 100,000 pesos en taquilla, los cuales se reparten más o menos en:

50-70% el exhibidor (Cinemark, Cinépolis, Cinemex)

10-40% el distribuidor (aquel que se encarga de mover y ofrecer la película a los exhibidores)

7- 10% el productor de la película.

Entonces, en promedio, de un ingreso de 100,000 pesos, una película que costó 8 millones, recupera entre 7,000 a 10,000 pesos… Creo que no hay que añadir nada más a esto.

Por último, diría que el panorama no es nada alentador, ante las debacles sufridas con batallas perdidas como el peso en la taquilla y la ley del 226 (que radica en recibir hasta un 10% del ingreso anual de una empresa para apoyo al cine y que sirva como exención de impuestos) que quieren tumbar. No queda más que luchar contra todo este aparato y seguir abogando a que la producción no pare, ni mucho menos, la voz propia e individual del artista mexicano en el medio que ha escogido, el maravilloso cine.

Axel Mishael Muñoz Barba estudia Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica.

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