El Cafecito

Esa insoportable y nada leve distinción entre ficción y realidad, por José Luis Justes Amador

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‘Do you feel better?’ he asked.

‘I feel fine,’ she said. ‘There’s nothing wrong with me. I feel fine.’

(E. Hemingway)

La cita, las frases finales del cuento “Colinas como elefantes blancos”, es una de esas que siempre hemos escuchado:

“¿Te sientes mejor?”, le preguntó él.

“Me siento bien”, dijo ella. “No me pasa nada. Estoy bien”.

Lo que en el maestro usamericano se convierte en el final del cuento (“no fue una perdiz lo que me comí sino el final del cuento”, cantaba El Niño Gusano) en la vida real es el principio de algo, la mayor parte de las veces negativo.

En esa raya entre ficción y realidad, entre lo leído y lo vivido, hay mil y una coincidencias, y una sola salvedad: los cuentos, las novelas (la poesía es otra historia) terminan, aunque sigan viviendo dentro de uno, la vida nunca se detiene.

Tengo una amiga que propone que todo es ficción. Yo, por mi parte, propongo que todo es realidad. Supongo que ninguno de los dos tiene razón, pero es imposible demostrarlo. A cada ejemplo que yo propongo hay un contraejemplo y viceversa. Ese tal vez sea el único punto en el que pueden convivir en paz ficción y realidad, contradiciéndose, contrargumentándose.

Hay autores que sólo pueden mentir en la vida real y disfrazan la verdad en lo que escriben. Para el resto de los mortales la opción es más complicada, mentir en la vida real pero también escribir una novela real con nosotros mismos como personajes. O en su defecto, vivir sin más.

“Me gustaría quedarme a vivir dentro del libro”, dicen los niños. “Me gustaría vivir como en este libro”, dice el adolescente. “Me gustaría que este libro no fuera tan verdad”, dice el adulto. O “me gustaría que no fuera tan mentira”.

Cito de memoria: Si leer no nos sirve para ser más reales, ¿entonces para qué sirve? Ése es, palabras más, palabras menos, el planteamiento final de Zaid en uno de sus ensayos. ¿Para ser más reales, dónde?, ha sido siempre mi duda. ¿En la realidad-realidad o en la realidad-ficción?

“Ahora estoy convencida de que las cosas siempre son como deben ser. Es más, si me ofreciesen de nuevo la posibilidad de revivir aquel breve periodo, la aceptaría sin dudarlo un instante, aunque supiera de antemano cuál sería su final”. Qué hermoso.

“En la época en que más medios hay para contrastar y verificar las informaciones, mayor es la indistinción entre lo verdadero y lo falso, confundidos en una especie de magma, y cada vez va teniendo menos sentido decir y saber la verdad. ¿Total, para qué, si ya casi pesa lo mismo que la mentira y apenas cuenta?”, escribe Javier Marías en El País y tiene toda la razón del mundo.

PD: Un poema de “Eros es más” de Juan Antonio González-Iglesias.

Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.

Pero lo que presiento no se parece en nada

a la común tristeza. Más bien es certidumbre

de la totalidad de mis días en este mundo

donde he podido encontrarme contigo.

De pronto tengo toda la impaciencia de todos

los que amaron y aman, la urgencia incompartible

de los enamorados. No quiero geografía

sino amor; es lo único que mi corazón sabe.

En mi vida no cabe este exceso de vida.

Mejor; si te dijera que medito las cosas

(fronteras y distancias) en los términos propios

de la resurrección, cuando nos alzaremos

sobre las coordenadas del tiempo y el espacio,

independientemente del mar que nos separa.

Sueño con el momento perfecto del abrazo

sin prisa, de los besos que quedaron sin darse

sueño con que tu cuerpo vive junto a mi cuerpo

y espero la mañana en la que no habrá límites.

José Luis Justes Amador es escritor y traductor.

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Un pensamiento en “Esa insoportable y nada leve distinción entre ficción y realidad, por José Luis Justes Amador

  1. Esta insoportable distinción entre realidad y ficción, es la que genera la posibilidad de creer en algo, siempre existirá porque la esperanza moriría. Creo que desde la génesis de la escritura y la configuración de los discursos el meollo siempre fue la creación de creencias (disculpame la expresión), lectores y seguidores de esos textos que sin duda contiene la realidad-realidad y la realidad-ficción. ¿Qué no podríamos también taxonomizar ficción-realidad y ficción-ficción?

    Es una locura, pero agradezco la existencia de la música porque es el único medio de expresión que su fin es la estimulación de los órganos agitándolos, golpéandolos y a veces maltratándolos, pero no exige nunca (en primera instancia) una cognición de su mensaje.

    Es curioso pero una vez platicando sobre cine con una colega dramaturga bonaerense me decía que jamás una película de ficción tendrá tanta explicación como un documental, porque la ficción es per se antropomorfa no es siquiera un género, es la manera en que nos presentamos ante el mundo y el documental que siempre busca la verdad, digo yo, es la ostinación de un discurso moralista y perverso. Sin embargo, le cuestioné sobre la clasificación de “géneros” y me respondió que por ejemplo ella en el teatro prefiere no hablar de géneros sino de tonalidades como en la música, quien no está bajo el 440 ya pisa terrenos indiscernibles.

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