El Cafecito

Pisadas de gato, por Carlos Antonio Villa Guzmán

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Una vez más Estados Unidos le está hablando fuerte y directo a México. La violencia de apocalipsis en las redes del crimen sacuden las conciencias de quienes por diversas razones siguen los acontecimientos. Nuestro país entró al concierto de las llamadas guerras de baja intensidad desde hace tiempo, para ser exactos; a partir de la implementación radical del modelo económico privatizador de la economía.
Con cifras cuya exactitud desconocemos pero podemos suponer bastante aproximadas a la realidad, cierta autoridad vecina pondera la ayuda necesaria que pretende dar su país para continuar en esta extraña lucha, de la cual sólo vemos parcialmente la que se libra de este lado de la frontera.
Desde los tiempos de Al Capone o la Banda del Automóvil Gris, se ha perdido la pista de las mafias estadounidenses. ¿Cuál es el sistema norteamericano de tráfico y distribución de drogas de toda clase que parece como si fuera pisadas de gato?
¿Por qué la droga no topa en sus férreas fronteras, puede más la astucia de los narcotraficantes sureños que su elevado poder militar y tecnológico? Yo pienso que la estructura norteña coopera en cuanto a logística, así como todos los pasos que acompañan a las drogas desde su producción, es más, desde la raíz biogenética intervienen las fuerzas oscuras.
Modificar especies, perfeccionar técnicas de cultivo, entre otras características que faciliten operaciones e incremento de ganancias, es parte de este juego de bordes macabros.
Sin la tecnología, el capital y el consumo yanqui, el mundo de las drogas no fuera lo que es. Los servicios de inteligencia del Estado Norteamericano proveen a su gobierno de la información necesaria que les facilita, hasta cierto punto, el manejo de incuantificables cantidades de todo género de productos asociados a las drogas. Esto abarca desde los lugares de origen, hasta el ingreso y ramificación en el territorio: de sur a norte y de este a oeste.
Las preguntas que surgen se configuran en torno a la imposibilidad de que sea detectado el inmenso movimiento que ha de representar el trasiego de miles de toneladas de drogas para llegar a los cientos de miles de poblaciones y finalmente a millones de usuarios o adictos de diverso estrato o condición.
Toda la escala social, desde los subterráneos de los barrios hasta los círculos dorados de las elites, es atravesada por esta saeta normal-delincuencial, que es una característica más de nuestras sociedades: un fenómeno cultural excesivamente globalizado; irradiado por las naciones de elevado desarrollo. Los imperios exportaron al resto del mundo este problema, reconvirtiendo el uso que los grupos autóctonos daban ancestralmente a lo que les daba la tierra, como parte asimilada en su cultura. Nada que ver con las prácticas hedonistas, morbosas y mercantilistas con las que las sociedades “avanzadas” denigraron estas sustancias que se utilizaron como medicina, alimento o fuente de inspiración.
Lujo del estatus para unos en tanto que para otros es un recurso que simplemente sirve para obtener ciertos estados mentales, el uso de drogas conlleva una formidable demanda cuyas fortunas se elevan exponencialmente con la prohibición legal, toda vez que se trata de un mercado y como tal es sujeto a las leyes que lo caracterizan. Las dificultades para su producción y manejo encarecen el producto.
Arma de muchos filos. La legalización del uso de drogas planteada en diversos foros pudiera ser considerada como un factor para distender la enorme problemática que se ha enfocado desde múltiples instancias, desde la medicina social, pasando por la economía y por supuesto algunas ramas del derecho.
Sin embargo, las razones que se han presentado para pensar más en profundidad esta iniciativa, son igualmente significativas, por ejemplo la manera como se controlarían las drogas para evitar el uso en menores de edad o individuos bajo tratamiento médico o en proceso readaptación social. Esta posible solución plantea múltiples inconvenientes que tendrán que ser exhaustivamente analizados.
Por ahora, una de las partes más visibles del problema es lo referente a la violencia que surge a partir del control de las plazas o mercados y la consecuente descomposición de instituciones y autoridades. Sólo que esto se ve únicamente en un sólo lugar: México.
Hacia México se dirige un número desconocido de cargamentos de armas de toda especie que puedan ser utilizadas por bandas criminales. Es otra faceta del negocio y no se dice quién las acerca hasta la frontera y mucho menos menciona alguien los nombres de los proveedores. Es posible que se les pague con droga, todo puede ser admisible con tal de cubrir la formidable y cotidiana demanda que significa Norteamérica.
El gran policía del mundo alza la voz y quizá tenga razón, sin embargo, dentro de su territorio se mueve un gato. Sería conveniente e indispensable para recuperar la credibilidad, la confianza, que le pusiera un cascabel.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.

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