El Cafecito

Diario de lecturas (febrero), por José Luis Justes Amador

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“Desgraciadamente, aquellos que no tienen interés en lo que están haciendo, sino en ser aprobados, presionan hasta que se salen con la suya. Muchos años después, cuando llegan al poder y la gloria, son los modelos de una sociedad reducida trepar, y la degradación se extiende desde arriba. Muchos lo lamentan, sin ver que todo empieza abajo: cuando maestros, jurados, editores, para no sentirse verdugos, se vuelven cómplices del trabajo mal hecho. Y luego un pobre diablo, aprobado por compasión, cansancio, irresponsabilidad, se convierte en su jefe, su juez o su verdugo” (Gabriel Zaid, en el primer libro que me compré cuyo colofón es del 2009).

Se nos fue Updike. El 28 de enero, no el 28 de febrero como dijo algún periodista cultural en esta ciudad. Lo leí como poseso durante tres noches. Aprendí tanto, demasiado, sobre la mediocridad hipócrita de la clase media. Alguien tenía que contarlo como Chejov contaba lo triste de la vida funcionarial rusa, pero con esa misma sensación de que podríamos ser cualquiera de nosotros (o, en un momento autoexculpatorio, alguien que conocemos). Y aprender lo que podríamos ser y lo que no queremos ser. Aprender, con un escalofrío de reconocimiento, lo que somos.

Cortesía de Carlos Fuentes (aunque, como siempre, lo peor fue la horda de imbéciles que aplaudió a morir): “El premio Nobel no lo recibió Tolstoi, no lo recibió Chejov, no lo recibió Kakfa, ¿por qué me lo iban a dar a mí?”

El mejor antídoto para una frase estúpida es una inteligente: “Alguien dijo que Rilke era el Santa Claus de la tristeza; yo veo a Bloom como el Papá Noel de la crítica”. (Ch. D. M.).

14 de febrero:

Yo no quiero darte un hijo

quiero darte mi castidad,

y cada noche me convierto en virgen

(Alda Merini)

y

Todos le piden a dios

la salud y la libertad

y yo le pido la muerte

y no me la quiere dar

(de una caña popular andaluza)

y

Para saber de amor, para aprenderle,

haber estado solo es necesario.

Y es necesario en cuatrocientas noches

– con cuatrocientos cuerpos diferentes –

haber hecho el amor. Que sus misterios,

como dijo el poeta, son del alma,

pero un cuerpo es el libro en que se leen.

(Jaime Gil de Biedma)

Todo un placer leer al maravilloso y nunca superado Gombrich: “There not such thing as Art. There are only artists”. Con esas sencillisimas palabras comienza su “The Story of Art”. Adviértase que es “story” y no “history”. Combinar su lectura con la de la “Breve Historia del mundo”, una novela de aventuras real.

Jhumpa Lahiri, Unaccustomed Earth. ¿No basta con el título?

Hay alguien allá bajo, en Venezuela, creo, que se preocupa de lo de la censura a Carol Ann Duffy (http://www.letralia.com/204/articulo02.htm). Hay alguien, en algún lugar, aquí no, claro, que sabe que obligar a que algo no se escuche, no se lea, es peligroso, siempre peligroso. Una vez que se empieza a prohibir cosas, ya no hay límites.

1000 datos inútiles que todo niño debe saber antes de crecer, una obra maestra de la trivialidad en el buen sentido de la palabra, de lo que los ingleses llaman small talk, es justamente lo que su nombre indica una colección de datos triviales del tipo “los astronautas no lloran en el espacio porque las lágrimas necesitan gravedad para salir”, “el koala es el único animal que no necesita beber agua en toda su vida” y la última, una cita de Groucho Marx, “la televisión es educativa. Cada vez que alguien la enciende, me voy a otra habitación y abro un libro”.

Me recomiendan leer Liquid music. El título es tan hermoso que tengo miedo de que no esté a la altura.

–          Cada vez que te leo me acuerdo de Alma, la de The History of Love.

–          ¿De verdad te recuerdo a Alma Singer?

–          No tonto. Yo me recuerdo a ella cuando te leo. Tú me recuerdas a Leo.

Demasiadas estupideces que leer en la prensa cotidiana, una detrás de otra. De esa monotonía maligna sólo me salva, extraño, Fernando Savater al que después de La hermandad de la buena suerte juré que nunca más leería. Pero qué inteligencia en Los siete pecados capitales.

Reviso el caos en que la señora de la limpieza y Jhumpa Lahiri está con Shakespeare del que me han encargado que seleccione unos fragmentos para unos universitarios que quieren montar una función amateur de teatro con fragmentos de él. Romeo y Julieta, Much ado about nothing, tal vez El Mercader de Venecia, pero no, lo que seguro que no es oír en boca de ninguno de ellos ni un solo fragmento de El Rey Lear. Porque 1) no podría cortar nada de la obra más sublime de la historia de la literatura y 2) si acudo a verlo me temo que me entrarían ganas de asaltar el escenario cual Harold Bloom explicando Moby Dick.

“Ha terminado mi presupuesto para drogas y ha terminado lo que tengo que decir”. Los planetas en una canción que afirma, oh certeza, “es denigrante que mi futuro hoy esté regido por estos cerdos fascistas”.

Y en marzo, Sylvia Plath y terminar de escribir metrónomo.

José Luis Justes Amador es escritor y traductor.

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