El Cafecito

Cómo ser libres dentro de los límites de la ley, por Enrique Puente Gallangos

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La libertad de los hombres bajo el gobierno consiste… en una libertad que me permite seguir mi propia voluntad en todo aquello en lo que la norma no prescribe, así como no estar sometido a la voluntad inconstante, incierta, desconocida y arbitraria de otro hombre.

John Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil.

Una vez que el orden constitucional sacrifica su compromiso con la libertad, sacrifica rápidamente todo lo demás.

Michael Ignatieff, El mal menor.

Como ciudadanos, claro, sólo los mayores de 18 años y que tengan un modo honesto de vida, o sea, que no estén en la cárcel     o como sujetos del Otro como la cultura, e lenguaje y la ley, suponemos distinguir las diferencias entre Poder Constituyente Originario, Constitución, Estado, Gobierno. Pero generalmente suponemos mal. El  Gobierno son todos aquellos sujetos que nos representan, ya que fueron electos por los ciudadanos, claro, no todos, como los Ministros de la Suprema Corte y su séquito. El Gobierno es el modelo político que decidimos adoptar, entonces, se  encargaría en un deber ser de cumplir con las facultades propias de los tres niveles en que se divide el Estado Legislativo, Ejecutivo y Judicial para su mejor administración, según lo dice el artículo 49 del texto Constitucional.

El Estado, entonces, es un ente jurídico virtual, con personalidad propia, que se encargará en un deber ser, de cumplir y hacer cumplir la Ley en un primer momento, en un segundo satisfacer los derechos humanos mínimos de la colectividad y no violar los mismos y, en un tercer momento y el garante de la libertad social, limitarse a sí mismos, evitando en todo momento que los gobernantes sobrepasen al Estado. La Constitución es la estructura política, económica, cultural y jurídica y modelo del espíritu del Poder Constituyente Originario, esta estructura, en un deber ser también, no puede ser modificada por nadie en su base estructural, como la división de los poderes, las garantías individuales, la democracia, el Estado de Derecho y la forma de gobierno. El Poder Constituyente Originario es un acto político y social, un contrato social, un acto estructurante donde un grupo representativo del grupo social o no, con una facultad soberana, esto es indispensable, decide autodeterminarse de manera absoluta dándose una  estructura, que permita satisfacer y garantizar sus  deseos y posteriormente los del grupo social.

La pregunta es la siguiente: ¿es el gobierno autoridad soberana?, ¿es el Estado?, ¿es la Constitución? La respuesta es no, es el Poder Constituyente Originario. De tal forma que, en un deber ser, el Gobierno o los Gobiernos, el Federal, el Estatal y el Municipal, se encuentran sometidos al Estado y a la Constitución. En el momento que ellos no cumplan con los derechos humanos indispensables pactados en el Acto Constituyente, como son una humana convivencia social, respeto a la dignidad humana, justicia social, solidaria dentro de la igualdad y la libertad, condiciones socioeconómicas para la libre autorrealización y emancipación humana, deben ser sustituidos inmediatamente del cargo. Desgraciadamente, el no conocer por parte del grupo social y por parte de quienes nos gobiernan, esta jerarquización, provoca que los sujetos que gobiernan se repitan de manera perversa: “¡el Estado soy yo!, ¡la Constitución soy yo!, ¡el soberano soy yo!” El no saber limita la libertad de los sujetos ante la perversidad del poder y de los sujetos que de manera consciente suponen ser los que nos someterán, no es así, sólo nos someteremos a la ley que deriva de un pacto social que nos permite ser libres y reprimir nuestros deseos más oscuros. No permitamos ser reprimidos por otro como yo o, mejor dicho, otro peor que yo.

En este 2009 una manera de ser libres no es votar por quien perversamente nos limitará, sino primero ejercer nuestros derechos humanos ante los Tribunales locales e Internacionales y limitar a nuestros gobernantes; segundo, participar en agrupaciones sociales no partidistas que verdaderamente busquen cumplir con el pacto social y los Derechos Humanos; y tercero, acudir a una de las miles de terapias para curar nuestro mal-estar. Por cierto hoy tengo que ver a mi psicoanalista.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños; actualmente estudia la Especialidad en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en la FLACSO Virtual Argentina; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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