El Cafecito

¿Y vivieron felices para siempre? La seguridad por la libertad, por Dorismilda Flores Márquez

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Dijo Freud alguna vez que los seres humanos sacrificamos la libertad por la seguridad. Dice Bauman que en estos tiempos es a la inversa, la seguridad se sacrifica por un poco de libertad. Se podría pensar en la inseguridad pública, a partir de la violencia que se ha hecho cotidiana; en la inseguridad financiera que a todos golpea, por obra y gracia de la crisis que comenzó en EU; pero esta relación entre libertad y seguridad tiene implicaciones sobre otros terrenos de la vida social, como el amor.

Hubo un tiempo en que eso que llaman amor estaba lleno de reglas, había tiempos y espacios para el cortejo, parejas asignadas desde la infancia, clases sociales que no podían o no debían mezclarse, mínima interacción entre los novios, vigilancia extrema por parte de los papás, matrimonios de conveniencia y más. Las mujeres y los hombres se dedicaban a buscar y encontrar o aceptar pareja en un terreno previamente preparado para ello, se casaban, tenían hijos y cuentan que eran felices para siempre. Libertad prácticamente inexistente en aras de cierta seguridad.

Pero se acabaron esos tiempos, no se trató de un cambio de un día para otro, sino de varias transformaciones que llevaron mucho tiempo y muchas generaciones; el punto es que ahora no hay tantas reglas para enamorarse-emparejarse-casarse-arrejuntarse (y qué bueno), la interacción entre novios se ha disparado al máximo y la vigilancia de los padres disminuyó considerablemente; los matrimonios por conveniencia son bastante menos frecuentes y mucha gente ha descubierto que tener una pareja no necesariamente es el centro de la vida (al menos, no para todos); muchos incluso no seguimos el guión de vida de generaciones todavía recientes, que indica que a cierta edad hay que “sentar cabeza” y unirse en santo matrimonio a alguien y encontramos otras opciones que de distintos modos nos hacen felices. Libertad casi total… y a cambio, toda la inseguridad del mundo.

Inseguridad porque no hay pareja segura, porque cuando hay pareja nada garantiza que será para siempre (ni de un lado ni de otro), porque cuando se elige no tener eso que llaman “una pareja estable” tampoco hay garantía de que no se antoje una historia rosa con un “y vivieron felices para siempre”… inseguridad incluso, porque como ya dijo Zygmunt Bauman, donde hay dos, no hay certezas.

¿Hubo un tiempo mejor? Creo que no hay tiempos mejores ni más fáciles, sólo distintos. Y aunque en nuestros tiempos de incertidumbre las preocupaciones y las ocupaciones son muchas, el amor persiste, distinto, pero existe… y tal vez nunca escaparemos de él, porque es demasiado grande para perderlo de vista o para intentar explicarlo con teorías.

Dorismilda Flores Márquez es egresada de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.

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