El Cafecito

Don José Arcadio Buendía para alcalde, por Javier Arturo Haro Oteo

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Cuando era el momento de decidir qué tipo de artículo sería este, me pasaron mil cosas por la cabeza, desde el hecho de referirme a las últimas olas de inseguridad que se viven, hasta la idea de escribir algo respecto a la próxima venida de los Ángeles del Infierno, finalmente de todos los temas que se  podían tratar, decidí escribir un poco sobre el que consideré mas importante — o quizá menos complicado —, cuando vio la luz este espacio de expresión, se puede decir que Aguascalientes era otro — a fin de cuentas, nadie se baña dos veces con la misma agua en el mismo río —, no existía la zozobra constante de presenciar un asesinato de policías o un levantón de albañiles, a menos que existiera la posibilidad de viajar a otra entidad de la república; el héroe legendario de “La Pejeida” aún se encontraba en plenitud de sus facultades mentales; el Congreso del Estado y el Municipio de la Capital, se encontraban en manos del panismo; en el Poder Judicial un hombre bueno buscaba abrirse paso a la presidencia del mismo; la 14 Zona militar era una zona de actividades militares, no una puerta de flujo constante para patrullas del Ejército, en fin, el ambiente era otro.

El resultado de la elección de 2004 arrojó a un vencedor absoluto en la figura de un partido político, sus miembros pretendieron servirse con la cuchara grande y lo consiguieron, crearon desde el Congreso del Estado una Ley electoral totalmente inequitativa; todo parecía indicar que el régimen panista se convertiría en una pesada dictadura ataviada con el manto de la democracia y, sin embargo, no fue así, como el niño que busca comerse solo un gran pastel, el PAN se atragantó; enfermos de poder, sus miembros cometieron errores estratégicos que encumbraron de nuevo a un “cadáver muerto”, como diría Erasmo, en el poder; con Gabriel Arellano a la cabeza, el priísmo recuperó importantes lugares en el tablero del ajedrez político estatal.

Sin embargo, como suele suceder siempre que los triunfos son improvisados y no producto de una planeación estratégica, cuando les cae la hamburguesa, diría mi buen amigo Albino, el resultado es desastroso, aun y cuando traté de no atacar a Gabriel Arellano, debido a que en mi más íntimo corazoncillo esperaba que no le fuera tan mal  — como, creo, esperábamos todos —, ante la creciente ola de desaciertos, no puedo más que escribir un poco acerca de ello, sin otra intención que la de ser una voz de las que no se resignan a ver las violaciones a la Ley y esperar pacientemente el momento de sufrir en carne propia dichas violaciones.

La primera medida que podríamos calificar como ocurrencia de don Gabriel lo fue la idea de multar con $10,000.00 a los conductores ebrios, su argumento era que los conductores ebrios causaban muchos accidentes, y que merecían un castigo ejemplar, debido a que el hijo de unos amigos suyos de menos de 20 años de edad se había matado por conducir ebrio; sin embargo, ante la existencia de serias penas en materia penal, además de la responsabilidad civil objetiva, surge la pregunta: ¿mayores multas van a hacer que los jóvenes dejen de embrutecerse y que los juniors amigos de don Gabriel dejen de matarse conduciendo como animales, en estado burro? Si la constitución — el librito que juró y protestó don Gabriel — prohíbe en su artículo 21 la imposición de multas excesivas, ¿cómo se califica y se justifica semejante ideota? ¿Cómo se justificaría semejante multa en un estudiante o en un obrero, que son a los que a fin de cuentas se les aplica todo el peso de la Ley? ¿Cuántos juniors, hijos de amigos del alcalde realmente pagarían y a cuantos se les condonaría? Y finalmente, ¿el fin de semejante medida es la seguridad o la recaudación?

Otra de sus ideotas fue la de quitar a los vendedores ambulantes, limpiaparabrisas y limosneros de los cruceros, esto porque eran un peligro y estaban coludidos con las mafias que asaltaban vehículos; en este caso, me parece que el alcalde se confundió y creyó que estaba gobernando Nueva York, lo cual no es raro, ya que su cero tolerancia tiene nacimiento en la perversa mente de Giulianni; en este sentido, y más aún de lo absurdo del argumento me quedan algunas dudas, ¿puede el municipio retirar a la gente que se encuentra en los cruceros?, en principio sí, tal vez sólo a los vendedores, debido a sus facultades expresadas en el Artículo 115 Constitucional, en cuanto a la regulación del comercio; sin embargo, ese criterio es tan ambiguo que bien podría sentar jurisprudencia contraria al Municipio; en el caso de los limpiaparabrisas resultaría imposible, a menos que se tipificara dicha actividad como ilícita o al menos como falta administrativa, lo que conllevaría a prohibirnos a los ciudadanos el disfrutar de las amables atenciones de los despachadores de gasolina; en el caso de los limosneros, pues estaríamos hablando de una seria violación a los derechos humanos, puesto que la pobreza reinante en el estado obliga a sectores desprotegidos a entregar su dignidad para pedir unas cuantas monedas, y diga lo que diga el alcalde o los “estudios serios” estadísticos y económicos realizados respecto al tema, la verdad es que cuando vemos un discapacitado rogando por una limosna, resulta extraño creer que es un delincuente encubierto, o un millonario excéntrico.

Si tomamos en cuenta que el poder público sólo puede actuar dentro de lo que la Ley le permita, mientras que el ciudadano puede actuar dentro del margen que la propia Ley no le prohíba, estamos hablando de que con estos dos ejemplos — hay muchos más — el alcalde ha violado, entre otros, los Artículos 5, 11, 14, 16, 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y eso sin contar los respectivos códigos reglamentarios.

Por cierto, al escribir ideotas, lo más correcto era decir ocurrencias, puesto que don Gabriel, de tanta ocurrencia ya me recuerda a Don José Arcadio, personaje de 100 años de soledad de Gabriel García Márquez, quien a fuerza de tanta ocurrencia y tratando de tomar el Daguerrotipo de Dios, terminó loco; cualquier parecido con el hecho de que te caiga la Hamburguesa de la Alcaldía, es mera coincidencia; por ello, “Don José Arcadio Buendía para Alcalde”, a fin de cuentas, don Gabriel ya nos gobierna.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


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