El Cafecito

La tecnificación del erotismo, por Carlos Alberto Ruiz

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La masificación de la tecnología ha propiciado que la transmisión de mensajes se incline hacia la eficiencia y la simultaneidad como sus objetivos principales. Tales innovaciones son consecuencia de aquellas trasnacionales que, bajo la máxima de facilitar la vida del hombre, crean artefactos que proporcionan nuevos satisfactores y transfiguran los hábitos de consumo.

De acuerdo con Erich Fromm, “la sociedad está constituida por las relaciones de mercado y las sociales[1]”. En consecuencia, el hombre moderno distribuye la mayor parte de su tiempo realizando una tarea que le es remunerada económicamente, para después emplear la gratificación en artículos o servicios que su contexto mercantil le tiene reservados como dotadores de placer.

En este escenario de modernidad, mercado y goce, es inevitable referir el gran peso que la industria pornográfica representa para la sociedad contemporánea, aunque sin duda, ésta ha estado presente a lo largo de toda la historia. En tiempos prehistóricos ya se trazaban expresiones de carácter sexual como senos enormes y falos prominentes.

El concepto de pornografía — tal como lo conocemos — fue inventado en el siglo XIX por hombres conservadores de clase alta, quienes lo dotaron de un halo prohibido y enfermizo. Desde su origen, la pornografía se relacionó directamente con la tecnología. Cuando el teléfono se incorporó a la vida social a principios del siglo XX, algunos lo consideraron algo tan escandaloso como la distribución de imágenes de cuerpos desnudos y actos sexuales.

Poco a poco, el mercado de la pornografía se fue apoderando de todo medio que facilitara su reproducción y acceso, hasta consolidarse en una industria gracias a la aparición del cine y el video. Industria que en la actualidad ha abaratado sus costos a través de la distribución vía Internet.

El investigador Román Gubern[2] sostiene que la pornografía constituye la aplicación recreativa más extendida en el ciberespacio. Bajo esta óptica, no resulta descabellado considerar que cualquier evolución de la estructura informática será adoptada como una nueva manera de distribución de pornografía en los próximos años.

Es así que los nuevos dispositivos representan rutas propicias para acrecentar esta industria.

En 1993, Octavio Paz afirmó que una de las diferencias más importantes entre la sexualidad animal y el erotismo humano es que en este último, uno o varios de los participantes pueden ser entes imaginarios[3]. A esto podríamos agregar que la masificación de la tecnología permite integrar nuevos medios y gadgets como cómplices de la sensualidad y la sexualidad de las personas.

Así, el factor distancia ya no se concibe como una barrera para las relaciones humanas, sino como un elemento erótico.

Fuentes

Fromm, Erich. El Arte de Amar, 2004, México, Paidós.

Paz, Octavio.  La Llama Dobre, Amor y Erotismo, 1991, México, Seix Barral.

Gubern, Román. El Eros Electrónico, 2000, México, Taurus.


[1] Fromm (1956). El Arte de Amar.

[2] Gubern (2000). El Eros Electrónico.

[3] Paz (1993). La Llama Doble. México.

Carlos Alberto Ruiz Maldonado es Licenciado en Comunicación por la Universidad Justo Sierra. Actualmente se desempeña como coordinador de la asignatura de Historia Moderna de México en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas del IPN. Su trabajo puede ser revisado en: http://carlosarm.blogspot.com

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