El Cafecito

La saga del Istmo de Tehuantepec (4/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

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En busca de un paso

La llegada de Hernán Cortés a las playas de lo que hoy es el Golfo de México, donde fundó él mismo la Villa Rica de la Verdadera Cruz en 1519, así como la derrota de los aztecas en Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, significaron el comienzo de un rumbo diferente para los pueblos establecidos en este territorio del planeta que comenzaban a descubrir los españoles.

Los europeos avanzaron conquistando a su vez territorios y tribus sin saber a ciencia cierta dónde se encontraban. La búsqueda de riquezas, principalmente oro, ocupaban su interés. Todo lo demás pasaba a segundo término, salvo cuando se establecían en las encomiendas que les permitían poseer tierras y esclavos para trabajarlas conforme a las leyes establecidas a partir del coloniaje de las primeras islas americanas. Sin embargo, el colonialismo en el continente tuvo que esperar a que la acción de los conquistadores culminara con el sometimiento y pacificación de los naturales, quienes fueron combatidos con la peor saña jamás practicada, según las narraciones de cronistas y frailes, como Bernal Díaz o el propio Bartolomé de las Casas, así como los propios testimonios de los indígenas sobrevivientes a los tormentos o persecuciones a los que fueron sometidos.

Dichos acontecimientos quedaron narrados en códices que se conservan en museos y colecciones particulares como el Mendocino, el Celia Nuttal, Borgia, el Códice de Tlaxcala, entre otros que se hayan dispersos por el mundo. Los genocidios practicados en estas tierras nunca han merecido disculpas ni recapitulación alguna en ningún sentido, hasta donde se sabe.

Cortés venció y cautivó a Moctezuma y con ello acabó con el mayor poderío organizado en la región. A la postre obtuvo, directamente de Carlos V, el Marquezado del Valle de Oaxaca. Para entonces ya se pensaba en explorar la mar del Sur, descubierta unos años antes por Núñez de Balboa.

El marqués del Valle de Oaxaca, y más tarde el sobrino Francisco Cortés de San Buenaventura, iniciaron la exploración de dicho mar, sin despegarse tanto de la costa, dando su navegación en el golfo que lleva el nombre de mar de  Cortés y cuyas tierras él mismo bautizó como Las Californias. Los barcos fueron armados en las bahías de Huatulco y la expedición culminó con un desastre al enfrentarse a los bravíos aborígenes de la península bajacaliforniana.

Cortés buscaba afanosamente las riquezas de Cíbola y Quibirra. Míticas ciudades cubiertas de metal precioso, según la descripción de otros expedicionarios náufragos que sobrevivieron y cruzaron desde las costas de la Florida, entre los que se recuerda a Albar Núñez Cabeza de Vaca y su ayudante Estebanico. El oro no fue encontrado y Hernán Cortés gastó sus últimos reales en la empresa. Posteriormente viajó a España donde murió.

La costa americana del Océano Pacífico permaneció a la espera de nuevos aventureros y salvo algunos comerciantes de pieles, rara vez se navegada.

La importancia de los puertos del Pacífico llegó a partir de la expedición de Manuel López de Legaspi y Andrés de Urdaneta. Pilotos que zarparon de la Bahía de Tenacatita en las costas del actual estado de Jalisco y encontraron las Islas que bautizaron como Filipinas en honor al príncipe español descendiente de Carlos V, Felipe II de España. En ese momento comienza el comercio con Manila, capital del archipiélago y posteriormente se extiende hasta China. El carey, el bambú, el marfil, la seda, la porcelana y otros productos, pronto invaden los comercios de la Nueva España. Con ello da inicio una nueva época del comercio y las modas cambiaron conforme al uso de los atuendos comerciados. En México, es un ejemplo clásico el traje de “China poblana”. Se le reconoce así a una mujer indígena, mestiza o criolla, ataviada con ropajes de seda de procedencia china. En los varones el atuendo se llevaba con ropa o calzón de algodón, con ceñidor en la cintura y paño de seda rojo en la cabeza, espuelas y chaparreras. Esos eran los chinacos.

Ya estaban abiertas las puertas del oriente, solamente faltaba unir el tramo terrestre para complementar el viaje hasta Europa. Quien lograra abreviar y facilitar dicho tramo, se convertiría en el factor dominante. Por tanto, el afán ha sido y es mayúsculo en términos de dominio, control mercantil, económico y político, en América.

Los caminos, las rutas y puentes, han sido tradicionalmente estratégicos en el devenir humano. El posicionamiento de los turcos en los límites de Europa y anteriormente el avasallamiento romano en el Medio Oriente y África se mantuvieron bajo este tenor. Las llamadas guerras púnicas por el dominio del comercio entre Cartago y Roma, obedecieron a lo mismo; un control militar estratégico y sistemático de las rutas y plazas comerciales. El Mar Rojo y el Mediterráneo fueron comunicados a la navegación por el Canal Suez, construido entre 1859 y 1867 gracias a los trabajos que dirigió Fernando de Leseps. Este canal constituye junto con el de Panamá el único par de puentes o pasos transoceánicos que se cuenta en el mundo.

La presión sobre los sucesivos gobiernos mexicanos por parte de los vecinos norteños, para ceder el libre tránsito a través del Istmo de Tehuantepec, como si fuese su derecho, ha sido una constante histórica que por momentos encuentra calma, como lo ha sido cuando se abrió el Canal de Panamá, inaugurado en 1914. El desahogo por dicha ruta permitió a México vivir cerca de cien años sin que los nubarrones de los intereses internacionales volvieran a nublar el destino, hasta llegados los días actuales en los que nuevamente se presentan las imperiosas leyes del mercado y de la milicia disfrazada de seguridad que controla principalmente E.U, para reclamar  concesiones, facilidades y privilegios de toda índole, ante la pérdida de la capacidad de mantener la soberanía por parte del Estado mexicano.

Tehuantepec vuelve a ser un objetivo. El mundo comercial lo reclama para su dinámica que puede interpretarse en los tiempos actuales como un intercambio de millones de toneladas métricas de productos que van de la electrónica, a los fertilizantes, sin dejar de lado los miles o millones de contenedores saturados de materias primas e insumos para la industria y el comercio que envuelve a todo el orbe, además del disputado petróleo.

Este reclamo bien puede ser aprovechado a favor de millones de habitantes que verán alteradas sus formas de vida. Pudieran ellos acoplarse al nuevo mapa social que marcan los capitales, salvo por un detalle mayúsculo: no entran en el plan como iguales. Su condición de naturales los excluye. En este escollo se coartan las aspiraciones y expectativas que mantienen. Las desigualdades existentes se agudizarían con una abrupta reconversión socioeconómica y cultural de gran impacto, como la que supone este plan de las trasnacionales y del gobierno de Estados Unidos. La constante incapacidad del Estado para dar respuesta a  las demandas de estos sectores y sus rápidos reflejos para disponer de los recursos a favor de los capitales, hacen doblemente explosiva la crisis del Istmo de Tehuantepec en nuestra época.

La ruta para transitar de uno a otro océano por el Istmo, se mantuvo en la mira de los vecinos estadounidenses a través de la historia de ambos países. Forma parte de los acuerdos a raíz de las deudas contraídas por el hecho de perder la guerra México y ser el vecino que posee riquezas y puntos geográficos clave. El afán expansionista de Estados Unidos ubicó al Istmo de Tehuantepec como puente geográfico natural entre los océanos Pacífico y Atlántico, en su ruta más corta después de Centroamérica.

Desde el punto de vista teórico el corredor del Istmo podría entonces reducir a la mitad el tiempo actualmente necesario para llevar mercancías por el Canal de Panamá desde Asia hasta la costa Este de Estados Unidos (de seis días se pasaría a 72 horas por el solo paso transístmico) y también el tiempo de transporte por la misma vía de las mercancías que van de Europa a la costa occidental de Estados Unidos (Almeyra y Alfonso; 2004, p.59).

E.U y México tienen un conflicto histórico en Tehuantepec, semejante al que se tuvo en Colombia, antes de perder este país a su territorio de Panamá. La situación es de primer nivel de atención ya que subordina la política de seguridad de nuestro país a los dictados del comando militar estadounidense de la región.

La misión de regresar por los senderos de la historia no obedece en sentido alguno a revanchismos, sino a la posibilidad de tener una visión que se acople a las nuevas realidades que se configuran en el orbe, sin perder los valores identitarios, en términos de conciliar los momentos de transición cultural en los que se ha visto envuelta nuestra civilización en el capítulo concerniente  a “las Américas”, como pueblos en transición.

La velocidad con la que se desvanece la cultura original de los pueblos latinoamericanos, no nos exime de la obligación de hacer acopio de sus voces y expresiones para explicarnos el devenir actual. No hay comprensión posible al margen de las raíces étnicas y culturales que ciñen nuestro ayer.

“Yo no quisiera otra cosa tanto como volver a esa tierra” escribió un navegante anónimo del siglo XVI. Tal expresión no encierra otra cosa que el anhelo por estar nuevamente en el nuevo mundo; a pesar de todo, las riquezas lo valen. Retornar a las Indias se traducía en una empresa capaz de recompensar los sufrimientos, así se tratase de vérselas con “infieles” dispuestos a vender caro el “pellejo”, o el “ánima”. Ahí se estaba cerca de la ventura de encontrar fuentes prometidas que conservaban el cuerpo jovial por eternidades, o minerales comparables a las riquezas de Salomón. Si no se obtenía lo anterior, la recompensa que daban las mujeres morenas que abundaban y abundan aún en estas latitudes, era comparable a los ritos eleusinos o las caricias de las meretrices de Roma. Todo ello fue el motor del coloniaje, aunado al ímpetu de los religiosos por adoctrinar y “salvar” las almas del averno.

Oro, plata, la grana cochinilla, entre decenas de productos de toda variedad, llenaban las bodegas de las embarcaciones que partían hacia el Viejo continente. Éstas retornaban cargadas de toneles de vino, jamones, mantas sevillanas, espadas, arcabuces, armaduras y muebles laqueados. Las mercancías se acomodaban entre sacos de correspondencia y baúles de ropa madrileña, vajillas, porcelanas y candiles de cristal veneciano.

Era frecuente ver en los puertos el desembarco de salterios y hasta órganos  tubulares desarmados para instalarse en los templos de la Nueva España. Las  imágenes marmóreas de los santos también se transportaban desde Europa, junto con los candiles checoslovacos, óleos y tapetes que habían sido traídos desde Persia.

La remota Catay o China, Manila, San Blas, Acapulco, Veracruz, Nueva Orleáns, La Habana, Sevilla y Londres, se unían con el comercio istmeño de Tehuantepec. Tal actividad era interrumpida por las frecuentes revoluciones y los saqueadores que merodeaban los caminos mexicanos, cuando las mercancías eran llevadas de un océano a otro para reembarcarse.

Las escoltas no siempre garantizaban el resguardo de los carruajes y diligencias ante la superioridad numérica de las gavillas y el conocimiento que los rufianes tenían del terreno. Abundan las crónicas de asaltos y muertes de viajeros o bandidos en estos recorridos. Se supone que los botines se ocultaban en cuevas, antes de ser repartidos y muchas veces se olvidaron dichos escondites cuando eran perseguidos o ejecutados los bandoleros.

Llevar cosas de valor ponía en riesgo la vida y debido a la agitación social del siglo XIX y buena parte del siglo XX, ninguna ruta era segura. Por este motivo se puso énfasis en el resguardo de los pasajeros y sus bienes que cruzaran a través del Istmo de Tehuantepec. Los tratados de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848) y el tratado de La Mesilla (30 de diciembre de 1853) así lo estipulan, al igual que el acuerdo que firmaron (sin que fuera ratificado por los presidentes de ambos gobiernos) McLane y Ocampo, el 14 de diciembre de 1859. No solamente se concesionaría el paso de Tehuantepec, sino el tránsito hasta el puerto de Guaymas y la península de Baja California.

Santa Anna había vendido además el derecho de tránsito por Tehuantepec al español José Garaiz en 1853. La guerra con México y la guerra de secesión en EU, incidieron en la exigencia de estas rutas por parte de los estadounidenses que, al estar divididos en norteños y sureños, requirieron los primeros salidas hacia el Pacífico, lo cual se logró al ocupar los territorios “cobrados” a México.

Por su parte, los sureños, necesitaban sacar y embarcar la producción de algodón, así como proveerse de armamento para continuar los combates. El conflicto entre confederados y unionistas, distrajo hasta cierto punto los asuntos que se enfocaban hacia el cumplimiento de los acuerdos con el uso de las rutas por territorio mexicano.

Sin embargo, al lograrse la paz, los enviados se multiplicaron para negociar con México ya no sólo el tránsito, sino la posesión de territorios que se pretendieron comprar en un afán expansionista, característico del país vecino durante la época y mucho después.

La constante negativa de los gobiernos de Juárez y Porfirio Díaz, para ceder soberanía sobre territorio nacional, mantuvo eficacia dado que en la práctica no se llegó más allá de concesiones, de ahí que los norteamericanos rechazaran la ratificación de los tratados al parecerles insuficiente lo que ampara una concesión. Los emisarios regresaron siempre a Washington con las manos vacías.

Bajo tal esquema, se construyó y autorizó la concesión del ferrocarril transístmico, conocido como el Tehuano, inaugurado por el propio Porfirio Díaz pocos años antes de que fuera liquidado su régimen por la revolución maderista de 1910.

La ambición por Tehuantepec envuelve intentos de desembarco, ofertas y hasta sobornos, creando con ello una constante presión que trasciende el tiempo en que se configuran las naciones americanas hasta nuestros días.

El propio Benito Juárez siendo gobernador de su estado tuvo que detener y finalmente expulsar a los norteamericanos que osaron desembarcar en las costas del istmo sin ningún trámite.

Lo mismo ha padecido Nicaragua, Costa Rica y Colombia, donde tuvo lugar un acuerdo en 1859 y que guarda semejanza con el que negoció McLein con Ocampo. Les mueve a estas “negociaciones” el mismo interés dominante que busca hacerse de cuanto recurso sirva a los planes de los poderosos.

En medio de cada acción que ha desencadenado esta historia, hay documentos y testimonios que tal vez sea interesante conocer y revelar. Saber quienes y en qué forma han intervenido en el desarrollo de este complejo y no menos importante tema, es lo que se ha propuesto la presente obra.

La relación de por sí difícil, entre una nación fuerte y una débil, tiene que ver con la sustancia, es decir, los “cómo” y los “por qué, de lo que se realizó. No es sencillo explicar cómo y por qué tal país se anexionó más de la mitad del territorio de su vecino, empero se puede entender a simple vista. Basta revisar la historia y el origen de cada pueblo.

Tener lo que otro necesita y no ser lo suficientemente fuerte como para cuidarlo, puede ser muy peligroso. Por otra parte, carecer de algo que el vecino tiene y ser más fuerte que él como para arrebatárselo, debe poner a prueba las capacidades de compromiso y ética, para que finalmente se logre obtener lo que se requiere sin llegar a lastimar su dignidad.

Los países latinoamericanos han facilitado suministros que ayudaron a enriquecer a otros sin salir ellos mismos de su pobreza. La paradoja de la mina de oro y el jacal de quien trabaja en ella, subyace en nuestros pueblos. La magnífica abundancia no nos exime de que millones vivan aislados de la cultura que permite a otros el acceso a estudios, servicios y beneficios, que les ofrecen niveles de vida aceptables y/o privilegiados.

No es una ocurrencia pesimista decir que en Latinoamérica casi todos son pobres. Es que en realidad la mayoría lo es. La disfuncionalidad social se agrava en proporción a las distancias entre los que tienen en abundancia y los que carecen de casi todo.

No es problema nuevo y tampoco el único que enfrentamos, aunque sí el más importante de todos.

La fórmula que eligieron los gobernantes, des- regula y libera los términos y los flujos del mercado. Los libres tratados comerciales destraban y desconocen obstáculos para colocar la mercancía donde conviene que esté y en las condiciones que más favorezcan en cuanto a transportes, embalajes, aranceles y las indispensables rutas.

Se ofrece con esta dinámica aumentar los movimientos del capital y de allí se desprende el crecimiento de la economía. Esto es real para quienes tienen medios de estar en el juego gracias al ingreso que perciben o los bienes que heredan o acumulan vía negocios, desarrollo profesional o inversiones.

Lo deseable y esperado teóricamente por quienes mantienen esta expectativa es que paulatinamente las clases subordinadas accedan a los peldaños superiores. Sin embargo, el desencantamiento llega pronto y la sociedad no se iguala ni en los países más desarrollados. Se da en ellos, eso sí, una mejor distribución del gasto público en términos de equidad y pertinencia de servicios para los ciudadanos. Otra característica de los que tienen mejores estadísticas en niveles y calidad de vida, es la menor corrupción en contraste a lo que ocurre en México, por ejemplo.

Evidentemente se acentúa la crisis pos electoral de 2006 en este país. Las razones del conflicto son hasta cierto punto claras, porque las fuerzas que se disputan el poder político han manifestado su ideología y más que nada la estrategia con las que cada fracción busca presidir el destino de los mexicanos en el terreno social y político del futuro inmediato.

Unos, se han hecho a la idea de que no debe interrumpirse la inercia del neoliberalismo que opera desde hace años. El compromiso es tanto internacional como nacional, ya que en base a capitales mixtos o totalmente extranjeros, es como se busca reactivar y crecer económicamente. Esto significa también que el Estado libere sectores considerados estratégicos, como el energético y los hidrocarburos. Tal liberación no es otra cosa que la privatización.

El impacto de una medida semejante pudiera trasformar los equilibrios y de no tener un fundamento que asegure una transición estable de una condición a otra, los estallidos sociales como los que han brotado serían la constante hasta llegar a la ingobernabilidad total y en el peor de los casos; una guerra civil.

Las luces de alerta se han encendido porque las decisiones tomadas en este sentido no dieron resultados, es más, ni siquiera se acercaron a las expectativas. Se desploma la credibilidad y se multiplica la inconformidad. La economía no se aleja del anémico dos por ciento de crecimiento, mientras que se ordenan más sacrificios de parte de los desposeídos. El trato privilegiado al empresario aniquila el porvenir de varias generaciones de mexicanos y latinoamericanos sometidos a políticas del mercado. No se trata de aludir al discurso que la izquierda utiliza y repite sin tregua y muchas veces con razón, sino de poner al día nuestra visión sobre las constantes antropológicas y socioeconómicas que con variados tintes dibujan nuestra realidad.

Evidentemente no se han agotado los embates neoliberales alentados por la derecha. Su fuerza es capaz de crear ambientes virtuales y burbujas económicas que cuando llegan a estallar reproducen en serie la banca rota.

En la era del auge del comercio mundial la disputa por el control de los puentes internacionales y las rutas de tránsito, como amplios corredores de flujos humanos y de mercancías, se vuelven prioridades junto al acceso a los recursos naturales.

La posición geopolítica es propicia para las tensiones por múltiples causas; nos toca vecindad con un país que triplica en número de habitantes al nuestro, es decir, son alrededor de trescientos millones de estadounidenses que demandan recursos como es agua, energía, alimentos y de todo lo que el mundo produce. Nos encontramos inmediatamente en el sur de su frontera y los bienes que aún contamos como nuestros, son altamente cotizados en el mercado internacional por su gran rentabilidad; tales como sectores energéticos, rutas de transportes, forestales, pesqueros, hidrológicos, entre muchas otras vetas de riqueza que aún mantiene en abundancia nuestra nación.

El asunto se vuelve aún más cuestionable cuando nos percatamos que de todo ese potencial, una mínima parte llega a ser de alguna manera traducido en mejoras para la vida de las tres cuartas partes de la población mexicana.

Asistimos a una disolución de antiguos contenedores o moldes, que se reemplazan por nuevas fuerzas fusionadas y a su vez desprendidas de sus viejas “amarras”, quedando sueltas para volverse poderes en sí mismos, desgobernados, deslocalizados, autónomos y muchas veces invisibles.

La desintegración de la trama social y el desmoronamiento de las       agencias de acción colectiva suelen señalarse con gran ansiedad y       justificarse como “efecto colateral” anticipado de la nueva levedad y      fluidez de un poder cada vez más móvil, escurridizo, cambiante, evasivo y fugitivo (…) Para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles (Bauman; 2002, p.19).

Todas esas rupturas, el fin de los “grilletes”, de las narrativas éticas y corresponsabilidad social que hace a los sujetos y a las instituciones partícipes integradores del desarrollo mutuo, son sustituidas por un nuevo orden que censura, reprime o excluye, a los que no logran situarse en sus dinámicas y exigencias.

De ello desprendo el requerimiento para investigar las tramas y los escenarios que se han relacionado a la saga del Istmo de Tehuantepec. Lo analizo como una coyuntura y una constante o la confluencia de varias constantes; ha sido y es factor de riesgo y amenaza de la estabilidad social.

Un recurso en pleno auge, como lo sería un moderno paso a través de vías y autopistas para trasladar mercancías entre los océanos Pacífico y Atlántico en México, es capaz de generar riqueza que coadyuve en el desarrollo social de la una nación.

Panamá vive de su canal y le costará mucho dinero y tiempo ponerlo al día. Más de cinco mil millones de dólares y siete años de trabajos. Además, se tiene que considerar la pérdida de varios millones de toneladas cúbicas de agua dulce en cada embarcación que pasa por las esclusas.

El proyecto de Tehuantepec revive, pero con carácter neoliberal. Esa es la diferencia y las consecuencias pueden calcularse en base a lo que se ha visto como resultados en la aplicación de éste régimen de mercado.

Lo que es difícil saber es qué sucederá con los imaginarios de la población y sus representaciones simbólicas cuando la transformación industrial se haga presente en el Istmo de Tehuantepec. La industria y el comercio en su máxima expresión ¿lograrán desarticular los muros de Mitla? Desde lo alto de las construcciones de Monte Albán, que sirvieron para observar y dominar los horizontes por donde aparecían las columnas de mercaderes o guerreros, ¿se verán ahora columnas de ferrocarriles, tractocamiones y todo ello custodiado por fuerzas armadas?

Han sido centurias recibiendo extraños y luchando. Las tensiones humanas en Oaxaca son ordinarias desde tiempos que no alcanza a cubrir la memoria y se han olvidado.

Las razones que les mueven a pelear van de la conservación de la identidad, entendida como idioma y tradiciones, básicamente, hasta las inercias de un aparato político que se instaló en el imaginario de los mexicanos durante siete décadas y amenaza con permanecer e inclusive reforzarse.

La pobreza en que vive la mayor parte de la gente de Oaxaca, es equiparable a la que se padece en los más atrasados rincones del orbe. El conflicto que se manifiesta en las calles de la capital es mucho más que un choque de grupos de diferente filiación política. Se ha fermentado algo más grave aún y puede ser leído con ayuda de indicadores como el último lugar que ocupa en PIB per cápita y el penúltimo en desarrollo humano, según la ONU.

Un tercio de las viviendas en el estado cuenta con piso de tierra, el 38 por ciento carece de drenaje y 29 por ciento no cuenta con agua corriente.

La crisis llegó a convertir a Oaxaca en un “estado de excepción”, lo cual significa que pudieron desaparecer los poderes.

La acción represiva contra los manifestantes posicionados de las calles y algunos edificios públicos e instalaciones de medios de comunicación, no ha llegado a desalentar los ánimos de mucha gente que se replegó para organizar una nueva ofensiva en contra de las autoridades estatales. Lo más probable es que veremos en esta región más acontecimientos, donde están en juego el propio Estado mexicano y la estabilidad social del país.

Lo que sucedió a mediados del siglo XIX, donde sobresalió la ambición del Istmo de Tehuantepec, como asunto vital para el expansionismo norteamericano, sirva para hacernos reflexionar en las condiciones que ubican el paso de uno a otro océano como un puente fundamental para el mundo moderno, ¿quién se lo apropia?

Armando Bartra ha señalado con tino cómo el planteamiento del gobierno mexicano, que es quien bautiza este proyecto mesoamericano como PPP, pone ofensivamente en el mismo plano a los países centroamericanos con los estados sureños de la República. Si concediéramos que efectivamente este plan fue elaborado por el gobierno mexicano, sería la primera vez que éste tomara una iniciativa transnacional para influir económicamente de manera tan decisiva en el conjunto del área centroamericana. Pero en realidad hay indicios sólidos de que este plan fue originalmente elaborado por el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y diversas universidades estadounidenses, en colaboración con algunos tecnócratas procedentes (BIODIVERSIDAD 33/1 Agosto, 2002).

La apertura del Canal de Panamá en 1914, con el consecuente sacrificio de colombianos, desahogó la presión ejercida sobre el uso de la ruta por el Istmo de Tehuantepec.

Hoy, Panamá se haya en situación distinta al cumplir casi cien años como vía marítima. Los gigantes de los mares no intentan cruzar porque su calado rebasa con creces la magnífica tecnología y dimensiones del canal. Tendrán que esperar la inminente ampliación que llevará siete años a las empresas de Carlos Slim, empero se construirán buques de mayores dimensiones.

El mundo globalmente mercantilizado así lo exige. Los “Pos-panamax” irán por las rutas que se abran y esto puede significar la habilitación de dos puertos clave en México: Salina Cruz y Coatzacoalcos, en Oaxaca y Veracruz respectivamente. Además, será necesario ampliar y posiblemente construir dos vías para ferrocarriles de alta velocidad.

La autopista “trans-ístmica” ya está construida. Es muy reciente, no tiene más de dos años de haberse completado.  El nuevo mapa del país en su edición INEGI 2006, la marca como autopista de cuota.

La gente habla de inversiones extranjeras en la región y existen estudios que documentan dichas afirmaciones. Adentrarse en Oaxaca en estos días de incertidumbre es un desafío sociológico interesante y peligroso a la vez. No están visibles todas las fuerzas, ni tampoco aparecen fácilmente las intenciones que mueven y motivan a los contingentes en pugna. Se ve lo obvio, el añejo reclamo, los clamores de las víctimas del abandono y la inequidad. Nadie habla de la razón de construir las autopistas, ni cuál es el sentido de las mismas. Se trazaron en medio de las comunidades y seguramente se cierne un destino diferente al darles un uso.

A partir de los últimos 30 años los gobiernos mexicanos han pavimentado el camino para la implementación de los Planes de Desarrollo Neoliberales, donde en la zona del Istmo se instalaron empresas arroceras, azucareras, se ampliaron las refinerías y plantas petroquímicas, privatización de empresas paraestatales, instalación de maquiladoras, entre otras. De ellas, una de las medidas que más afectó a la población local fue la instalación de algunas reformas legales a la legislación agraria para la liberación de la propiedad comunal y así facilitar la individualización de los títulos de propiedad, para su posterior venta, renta y posterior despojo en beneficio de los grandes grupos transnacionales interesados en invertir y explotar en esas comunidades, por lo general indígenas. Esta iniciativa se ejecuta a través del programa PROCEDE (Programa de Certificación de la Propiedad Ejidal), el cual a través de la entrega de certificación individual de la propiedad de la tierra a los campesinos va destruyendo la propiedad comunal, con un supuesto fin de legalizar la propiedad de la tierra (Jerez, 2002).

El ansiado paso hacia la Mar del Sur, en el que se afanaron los aventureros que exploraban América en el siglo XVI, cobra vigencia. Se busca un nuevo paso a través de las mismas tierras. No tanto porque el que se tiene viva sus últimos años, si es que no se llega a transformar y modernizar, sino porque al jugar sus piezas, el más poderoso imperio que existe, no escatimará acciones para satisfacer a su majestad “El Mercado”.

El mexicano-estadounidense Plan Puebla Panamá, ratifica que existe un plan y al mismo tiempo lo oculta. Se muestra la punta del iceberg y la parte sumergida contiene la explicación de lo que se vive en México, particularmente en Oaxaca y Chiapas.

En otro escenario se alinean quienes dicen buscar la restauración, una vez más, de la Republica. Liberales versus neoliberales o neoconservadores. El pensamiento de Juárez en oposición a la visión del FMI. En el pasado Polk, Pickett, Buchanan, Santa Anna, Díez de Bonilla… en el presente están los Bush, Tony Garza, Zedillo, Salinas, Fox, Santiago Levy… Ayer fueron los confederados y los unionistas, hoy son los demócratas y los conservadores. Ayer y hoy, lo que deciden y hacen unos y otros, impacta en nuestras vidas como latinoamericanos.

La diferencia es que hoy existe un elemento que no se tuvo ayer, o al menos no con la misma intensidad, no estaba imaginado y mucho menos definido. Me refiero a la organización civil en defensa de los derechos y causas de los grupos humanos. Oaxaca no es solamente su comunidad, sino que se refleja ahí México y, en algún sentido, el mundo tiene presencia en los acontecimientos recientes que suceden en este suelo.

La interconectividad de los medios de comunicación y sobretodo la movilidad social, cada día más entrenada, han dado un cariz distinto al problema oaxaqueño que ya se comparte, al menos a nivel informativo, por millones de sujetos y grupos sociales. Las redes de solidaridad y apoyo, dentro y fuera de las fronteras son una prueba más de este sentir colectivo que revela la caducidad de las formas y los discursos que sobreviven en países subdesarrollados como el nuestro.

De igual forma, el acceso a los proyectos, transparentarlos desde que son concebidos, ha de formar parte de la cultura como sucede en el primer mundo. Ha sido muy alto el precio de la libertad democrática que se vislumbra apenas en nuestros pueblos, como para retroceder por el capricho mercantilista que mueve los hilos del poder.

La tiranía del mercado puede resultar más costosa de lo que imaginamos, aún para los propios mercaderes. Los contrapesos se hayan en la ley cuando se aplica, aunque ésta ya muchas veces es rebasada por la vertiginosidad del cambio social. Otra forma para contra restar la opresión se basa en formar opinión que llegue a cuestionar los proyectos cuando se considere necesario, sin detenerse a causa de quienes están detrás de los mismos. Privilegiar la participación ciudadana en la toma de decisiones, es finalmente la mejor opción para construir un país.

Vivimos procesos de ciudadanización bastante claros y elocuentes. Es común que se mezclen movimientos reivindicativos con personas que asumieron de motu propio, la tarea de contribuir a los cambios sociales que mejoren las condiciones de vida de ellos y sus conciudadanos.

En ese orden de ideas, el caso de Oaxaca y el Istmo no es ajeno a muchos que siguen de cerca los acontecimientos y procuran formarse una opinión diversificada en cuanto a las fuentes de información. Cada día se supera el número de ciudadanos críticos que se mantienen alerta a lo que sucede en este entorno de confrontación.

También es verdad que muchos nos preguntamos las razones que llevan a esta tensión social y los agentes que las provocan, ¿quienes y con qué fin?

Tehuantepec puede contener el futuro de México y ser al mismo tiempo un modelo para repetirse o desecharse. Alguien se ha referido a la región como el laboratorio del sistema, donde se pone a prueba la forma en que se controlará y dirigirá el país en los tiempos venideros.

Los planes elaborados de espaldas a la opinión pública, necesariamente conllevan malas noticias para los que los padecerán. Su ocultamiento pretende aplazar las protestas para llevarlos a cabo con la menor interrupción posible.

Ni siquiera los vestigios de los sitios arqueológicos detienen este avance del capitalismo vuelto una fuerza salvaje. Según una nota que publica la Jornada (2007-12-21) escrita por Octavio Vélez Ascencio, los activistas opositores a cierto proyecto de la CFE en el Istmo, piden una inspección de la zona arqueológica recién descubierta. De acuerdo con el periodista, los ejidatarios y asociaciones civiles de la Venta, informaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el hallazgo de restos de edificaciones prehispánicas en la zona donde la Comisión Federal de Electricidad (CFE) instaló generadores de energía eólica. En el reporte señalan que el proyecto tampoco tomó en cuenta los estudios de reconocimiento que el mismo INAH ordenó realizar en esta región y en otros pueblos del Istmo, “que eran ruta de las culturas zapoteca, zoque, huave, mixe y maya.

Por su parte el Frente de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra sostuvo que la CFE impulsa “con engaños y amenazas” el proyecto eólico La Venta III en el ejido de Ingenio Santo Domingo, también en el Istmo de Tehuatepec. Asegura esta organización que empleados de la paraestatal presionan a los ejidatarios para que “arrienden en condiciones leoninas” sus terrenos para la construcción de ese parque eólico que de acuerdo a la opinión de los campesinos seguramente será entregado a las compañías españolas que ya operan en la región. Afirman que se les obligó a firmar ante notario público contratos de arrendamiento por treinta años y no tienen copia de ello.

De igual manera, anunciaron una reunión nacional de afectados por la CFE en La Ventosa, municipio de Juchitán, para oponerse al despojo de tierras ejidales y comunales, a los daños ambientales y a la pérdida de soberanía nacional.  Participarán el Frente de Pueblos del Istmo y organizaciones como la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI), Grupo Solidario La Venta, Red de Radios Comunitarias del Istmo, Campesinos y Granaderos de Unión Hidalgo, Ejidatarios de La Blanca y Cactus, apoyados por legisladores federales (Vélez, La Jornada; 2007-12-21).

Lo anterior da cuenta de las enormes tensiones que se viven en esta región de México donde entran en juego los intereses capitalistas y militares de E.U., principalmente y de España como uno de los países asociados.

Si se hubieran sometido los sucesivos proyectos de la zona del Istmo de Tehuantepec a un plebiscito entre la población, como lo hicieron los panameños con el proyecto de ampliación de su canal en 2005, seguramente hubiera habido un respaldo popular hacia los mismos, sin embargo, sucedió todo lo contrario: se impuso la coacción y las fuerzas represivas del Estado para desplazar a las comunidades de sus tierras.

Los sucesivos presidentes mexicanos a partir de Salinas, negociaron esta operación trasnacional con la Casa Blanca, al margen del congreso, como sucede con el acuerdo llamado ASPAN, que elaboró el gobierno de Bush para aplicarse en México con la rúbrica del ex presidente Fox y ahora apalancado en el aval personal de Felipe Calderón.

Años difíciles se vislumbran para este país sacudido por el descrédito popular hacia sus instituciones y la recurrente crisis económica que golpea a las clases menos favorecidas económicamente desde hace por lo menos tres décadas.

El fin del auge petrolero a partir del agotamiento de las reservas principales puede ser otro factor que haga aún más agudo el problema social de no llevarse a la práctica fuentes alternas de energía.

Igualmente el endurecimiento de EU en sus políticas anti-inmigrantes, como el llamado “muro de la vergüenza” que se construye en la frontera, constituyen formas de presión, junto con las constantes expulsiones, asesinatos y acoso de ilegales. Todo ello deriva en empeoramiento de las condiciones de vida del mexicano y del latinoamericano común.

Me parece incorrecto permanecer solamente como espectadores y esperar a lo que suceda. Es tiempo de la imaginación para inventar un futuro donde nadie tenga por qué ser sacrificado en aras de unos que se consideran privilegiados o superiores. El invento de ese mañana puede comenzar a partir de saber qué se trama para transformarlo en algo mejor para la mayoría.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es última.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.

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