El Cafecito

La saga del Istmo de Tehuantepec (2/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

2 comentarios

Vuelven sobre el Istmo de Tehuantepec

En momentos de agudización de problemas sociales y crisis políticas, como la que vivimos en estos días, es necesario mirar de frente la historia y hacer nuevamente las preguntas que no han sido del todo contestadas y cuyas respuestas quizá contienen aún mucho material que nos puede servir para descifrar el entramado que se encuentra detrás de los conflictos y que no nos permite ver hacia el fondo, tratándose éste de esconder y disimular por los sucesivos poderes que se han servido de los bienes de nuestros países en lugar de servir a sus habitantes.

Es preciso recordar aquel siniestro “pacto de la embajada”, que desencadenó la usurpación de Huerta y el crimen de Madero el 22 de febrero de 1913: todo por el control del petróleo mexicano. El gobierno de Estados Unidos una vez más irrumpió en la vida política de este país y con ello no tan sólo precipitó la caída y muerte de un revolucionario, sino que su intromisión — que incluyó la venta de armas a las distintas facciones — tuvo que ver profundamente con una guerra civil de consecuencias terribles en pérdidas humanas y materiales, cuya recuperación significó endeudamientos y pactos sumamente penosos.

Enseguida fue vendida la paz a cambio de una desastrosa dependencia económica y tecnológica, que en gran medida ha dificultado el desarrollo como una de las causales del atraso sociocultural que padece la población y que se agrega a la histórica falta de un auténtico compromiso social, por parte del Estado.

¿Qué hay detrás de los puntos medulares de los endeudamientos con el FMI y los tratados comerciales de América del Norte (TLC, ALCA, ASPAN) y qué similitud guardan en su lógica con los decisivos acuerdos llamados de Bucareli, signados durante el gobierno de Álvaro Obregón? ¿Está el país entrampado en una espiral de neocolonialismo?

Lo que aconteció entre 1901 y 1941, trazó el rumbo de la política hasta nuestros días, configurándose ésta cada vez más a favor de los grupos capitalistas estadounidenses. Aparecen registrados en este lapso los crímenes y las expropiaciones de tierras en la “Faja de Oro” y de las Huastecas, al igual que las conversaciones y acuerdos del embajador Lane Wilson con Victoriano Huerta, con la idea de hacerse del poder desconociendo a Francisco I. Madero, quien fuera asesinado al igual que su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez.

Toda una trama para extraer la riqueza, sin obstáculos, contando con la venia de los cómplices de la época.

A casi un siglo de distancia de la “revuelta” de 1910, nuevamente nos mueven vientos de cambio revolucionario y no tan sólo las estructuras institucionales muestran agotamiento al igual que las viejas prácticas del ejercicio del poder, sino que una vez más el gobierno de Estados Unidos aparece en la escena y no precisamente como extra de la trama, sino con el papel estelar. Siempre ha estado ahí, invariablemente; como “socio”, cliente, proveedor, espía y beneficiario de nuestras crisis.

Desafortunadamente ha dominado el terreno como fuerza que es el llamado “Imperio americano”. No está nuestro país exento de su determinismo en todos los renglones bilaterales, tanto en lo comercial, como en lo político e ideológico, hasta en lo moral y no se diga en lo cultural. La influencia es enorme y no es exagerado decir que la historia de México, durante casi doscientos años, ha estado ligada en forma dependiente, incluso sumisa en ocasiones como la presente, al poderío y expansionismo del país que es vecino en el norte. No es poca cosa ser los  “Estados Unidos Mexicanos”.

La presión en nuestro tiempo se ha intensificado al grado de operar “ellos” la decisión política más importante del país, que es la sucesión presidencial. Ahora no es imprescindible que los embajadores hagan largas estadías en nuestro territorio para afianzar acuerdos, sino que los ex presidentes, como Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, cursaron  estudios en universidades norteamericanas y despachan en sendas oficinas en los centros financieros de allá, del norte. No es una ocurrencia popular llamarles gerentes en lugar de presidentes, es la realidad. El control hacia México se ejecuta vía la presidencia  de la república y ya ni siquiera es necesaria la carrera política sino que basta con haber dirigido la sucursal de una trasnacional como la Coca Cola, para contar con el visto bueno de Washington.

México vive un pre-estallido social generalizado que puede ser de funestas consecuencias. Grupos de los Estados Unidos y españoles en combinación con mexicanos lo instigan como beneficiarios. Ésa es la tesis que sostengo a partir del análisis documental y en base a la observación del desenvolvimiento de los acontecimientos actuales: Desde Estados Unidos se pretende el control absoluto del paso interoceánico en el Istmo de Tehuantepec y con ello crear una “zona de seguridad” en la región. El desmantelamiento del artículo 27 Constitucional llevado a efecto por el ex presidente Salinas ya apuntaba en esa orientación: se negoció la posesión de la zona ístmica y únicamente falta la crisis social y política para consumarlo en hechos. De Chiapas se pasó a Oaxaca y tal vez veremos el sureste sumergido en esta vorágine provocada. Ahora vamos a tratar de responder: ¿Por qué?

Lo que llamo “La saga del Istmo de Tehuantepec” (Cerro del Tigre en Náhuatl) es un plan que desde mi perspectiva implica antecedentes políticos y una evolución histórica que es posible que tenga una vinculación muy directa con lo que se vive en el país en estos días; inestabilidad que en breve pudiera desembocar en ingobernabilidad.

La parte angosta del sur de la República Mexicana, lo que llamamos Istmo de Tehuantepec, es una región sumamente estratégica en términos de riquezas naturales como fuentes de agua no contaminada, petróleo, uranio y una gran riqueza biótica. Además ofrece la posibilidad de rutas comerciales desde el norte al sur del continente o viceversa, así como entre ambos océanos (Pacífico y Atlántico) que divide dicha zona ístmica. Un paso interoceánico ha sido concebido y discutido por los gobiernos de México y EU, desde la época de Santa Anna.

En distintos momentos los vecinos norteños exigieron la posesión y por tanto el libre paso a través del istmo y hasta se llegó a construir un ferrocarril concesionado a una compañía inglesa cuando gobernaba Porfirio Díaz: “El Tehuano”, inaugurado en 1907.

Al finalizar el siglo XIX fue enviado por el gobierno francés, monsieur Lesceps, (el contratista del Canal de Suez) quien sugirió, como lugar idóneo para la realización del canal, el Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, las condiciones sociales del país no estaban como para ceder el paso a los franceses y estadounidenses que pretendían asociarse y éstos últimos buscaron otra alternativa: la gran Colombia, en una parte muy angosta y con abundantes recursos hidrológicos; Panamá, entonces departamento colombiano. La previsible negativa de los colombianos devino en una guerra que se conoce como la “Guerra de los mil días” que costó alrededor de noventa mil vidas y la pérdida del territorio. Finalmente fue tomada esta parte del país y los estadounidenses “inventaron” la “independencia” de Panamá para construir el canal.

El nudo gordiano lo rompió el primero de los Rooseveltes, con el famoso I took Panamá and talked about it afterwards, la arrebató desmembrando a Colombia y disputándola después con el negocio de la indemnización. Por lo demás así quedó cerrado en América el capítulo de la construcción de la vía interoceánica (González; 1973, p.123).

En 1903 se firman unos tratados a perpetuidad entre ambos países para ceder el istmo panameño con la idea de agilizar la construcción del canal que se realiza entre 1903 y 1914.

Hacia 1908 se reconoce plenamente la independencia de esta nueva república, después de entregar EU ochenta mil dólares al congreso colombiano. A partir de ese año y hasta finales de 1999, fue cruzado por alrededor de 800 mil navíos de diferentes calados y procedencias, hasta que se comenzaron a construir los barcos “Pos-panamax”, de los cuales existen actualmente unos 300 navegando los mares del planeta y cuyas dimensiones hacen imposible atravesar de un océano a otro a través de dicho canal.

La importancia que tuvo el canal de Panamá, comercial y militarmente durante un siglo, está fuera de toda duda. Sin embargo, esta compleja obra de ingeniería que continúa brindando un importante servicio, al ser la única posibilidad de paso interoceánico, (además del Estrecho de Magallanes) fue “devuelta” a los panameños el 31 de diciembre de 1999 en una ceremonia pomposa y al mismo tiempo discreta.

Años antes tuvieron lugar los “acuerdos Torrijos-Carter” (1977), por medio de lo cual se retiró la cláusula de perpetuidad del tratado anterior, así como los conflictos que desembocaron en las invasiones de Granada y Colón. Fue la época de las protestas y brutales represiones estudiantiles. Sin respetar la soberanía fueron construidas las bases militares (la base aérea Howard y la estación naval Rodem) en las islas panameñas y posteriormente vino el secuestro y encarcelamiento de Noriega, la sangrienta invasión y bombardeo por parte de las tropas navales y aviación estadounidense, (1986) entre otros hechos que tuvieron lugar en esta región latinoamericana.

Las grandes transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y España, principalmente, voltean nuevamente hacia México, específicamente hacia Tehuantepec, al tiempo en que en Panamá se programó un referendo que tuvo lugar el 22 de octubre de 2006, donde los ciudadanos decidieron el futuro del canal como principal recurso económico del país.

Setenta por ciento de los panameños votaron a favor de una ampliación cuyo costo ascendería a unos 5 mil 250 millones de dólares y los trabajos de construcción llevarían unos siete años.

Tuvieron que movilizarse las autoridades del canal, ya que se estima que su vida útil concluye en el año 2012, sin que ello signifique que quedara en desuso.

La tecnología de canales secos multimodales que emprende EU, así como las alternativas que ofrece Centroamérica en Nicaragua y el Istmo de Tehuantepec en México, pudieran significar una fuerte competencia para la ACP (Administración del Canal de Panamá).

El istmo mexicano ofrece condiciones idóneas para abrir, no ya un canal como ruta navegable, sino que puede abrigarse un megaproyecto que contemple la construcción de una doble vía de ferrocarril y varias autopistas para conectar los puertos de Coatzacoalcos, Veracrúz y Salina Cruz, Oaxaca, y entre ellos las conexiones hacia el norte y hacia el sur de América. Este nuevo plan se dio a conocer en el inicio del sexenio de Fox con el nombre de: Plan Puebla-Panamá, aunque tiene antecedentes en el gobierno de Echeverría.

Pude comprobar con los viajes realizados en 2004, que todo lo que había supuesto a partir de las lecturas y de observar el curso de la política en México, junto con el fenómeno social del neoliberalismo, está a la vista.

Las autopistas ahí se encuentran y el artículo 27 constitucional fue modificado por Carlos Salinas para facilitar la reconversión socio-geográfica de esta región. Pudiera abundar más en otros detalles como lo es la energía eólica que ofrece esta “cintura” del país, convirtiendo la zona en un lugar privilegiado para aprovechar las potentes y constantes corrientes de aire que cruzan de uno a otro océano, específicamente en un área cercana a un lugar que se conoce como “La Ventosa”.

Una de las grandes modificaciones se efectuó en 1992, con Carlos Salinas de Gortari, cuando se reformó el artículo 27 Constitucional en materia de tenencia de la tierra, donde se convirtió la propiedad social en propiedad enajenable, así se legaliza que el ejido y la propiedad comunal puedan rentarse o venderse a particulares, restándole además importancia a la asamblea ejidal. En la ley agraria reformada en 1993 debido a esta modificación, se establecen los mecanismos por los cuales se pueden comercializar las tierras ejidales (Almeyra y Alonso; 2002, p.66).

Artículo 45.- Las tierras ejidales podrán ser objeto de contrato de asociación o aprovechamiento celebrado por el núcleo de población ejidal, o por los ejidatarios titulares, según se trate de tierras de uso común o parceladas, respectivamente. Los contratos que impliquen el uso de tierras por terceros tendrán una duración acorde al proyecto correspondiente, no mayor a treinta años.

Ya se han instalado cientos de generadores eólicos con los que se pretende alimentar de energía a las industrias que se posicionen y comiencen a invertir como Aurrerá-Walmart, Repsol, Monsanto y otras.

Considero que no debe ser visto de forma negativa el progreso, siempre y cuando el país se vea beneficiado directamente del mismo. Al decir “el país”, me refiero a la gente de toda condición que pueda recibir dicho beneficio traducido en servicios y oportunidades de desarrollo, al igual que una mejoría sustancial en la calidad de vida.

El problema surge cuando los beneficiarios son los dueños de los capitales extranjeros que se han apropiado de los recursos y en este caso dichos inversores trasladan las ganancias a sus respectivas naciones. De hecho, en su mayoría son principalmente compañías españolas y estadounidenses las que hasta ahora han invertido.

Hasta el momento prevalece una decidida resistencia por parte de las agrupaciones civiles; comisariados y otras representaciones populares, para que se lleve a cabo este plan concebido desde la óptica global y sobretodo neoliberal, sin embargo, constantemente son acosados los pobladores para que dejen sus tierras.

El Plan Puebla Panamá (PPP) habla del desarrollo de la región sur de México integrada por los estados de Veracruz, Puebla, Guerrero, Oaxaca Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; región caracterizada por una enorme pobreza y un enorme despilfarro de riquezas naturales. Pero también habla del desarrollo de los países centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), así como la integración del sureste de México con Centroamérica por medio de una serie de corredores logísticos de infraestructuras de transporte (carreteras, puertos marinos, aeropuertos), comunicaciones (redes de fibra óptica) y energía (electricidad y gasoductos) (Biodiversidad; 33/1-Agosto-2002).

Las condiciones económicas recesivas en EU habían impedido mayores flujos de capital hacia la zona a través de los organismos financieros que acostumbran endeudar a los países en desarrollo, sin embargo, el gobierno de Bush encontró la manera de enviar los primeros quinientos millones de dólares con el argumento de la colaboración mutua contra el narcotráfico y otros delitos relacionados con la seguridad de Norteamérica.

La presión de las trasnacionales sobre la zona va en aumento y en breve pudiera modificarse el acuerdo constitucional que mantiene el sector energético estatizado para quedar ofertado al capital internacional junto con los recursos del Istmo. Todo ello ha sido acompañado de crisis y rupturas entre grupos sociales donde no ha faltado la represión de las fuerzas del Estado. La gobernabilidad se ha tornado más vulnerable con lo que se hace propicia la intervención externa y de ahí una negociación en condiciones desfavorables que dejan para el otro  las ventajas de los acuerdos.

Estas fechas me recuerdan a los años anteriores e inmediatamente posteriores a 1910, cuando el petróleo se convirtió en el detonante de la guerra revolucionaria tras el crimen de Madero. Enseguida vinieron los “Acuerdos de Bucareli” con el gobierno obregonista y no hemos dejado de ser de alguna manera sometidos a los intereses de los organismos financieros internacionales, por medio de créditos impagables, acuerdos de libre comercio, entre otras medidas bastante difíciles para la vida de un ciudadano que vive del salario y absolutamente cruentas y despiadadas, para los millones que ni siquiera salario tienen.

Volviendo al motivo de la presente consideración, quisiera mencionar un artículo de Walter Goobar (Buenos Aires), titulado “Confesiones de un golpeador económico”, (Público; 24-mayo-2005) en el que habla de un libro escrito por un tal John Perkins, quien por muchos años trabajó al servicio del gobierno de Estados Unidos para introducirse a países pobres y mediante indicadores económicos falsos y otras truculencias, lograba involucrarlos en créditos imposibles de pagar. Con ello se desestabilizaban las respectivas economías, por lo que se recurría a métodos de cobranza bastante extremos. El autor narra que Indira Gandhi fue visitada por un representante de EU, quien le llevó un mensaje donde se le decía que 70 inversionistas estadounidenses, con contratos de inversión de 30 mil millones de dólares, viajarían a Nueva Delhi en cuestión de horas si ella aceptaba un crédito por la misma cifra del FMI.

Gandhi recibió al representante en su despacho del parlamento, pero rechazó la oferta con el argumento de que con dificultades acababa de pagar un empréstito de dos mil millones de dólares y no veía cómo aceptar este “negocio”. Según un alto funcionario, ella pagó con su vida este rechazo.

Así actúan estos monstruos del dinero. Por eso no dudo que una crisis que se agudice con elementos explosivos, tales como el crimen organizado y el no organizado, la corrupción desmedida en los distintos niveles de gobierno, la inoperancia del Estado, etc., viene a la medida para consumar planes como la enajenación del istmo de Tehuantepec.

El proyecto Puebla-Panamá es la cara económica del plan militar Chiapas 2000, renovada estrategia contrainsurgente de rostro más “amable” puesta en práctica por la Secretaría de la Defensa Nacional, dirigida a “quitarle las banderas” a los zapatistas sobre la base de la legitimidad democrática” del nuevo régimen (Facio, La Jornada, 11-12-2000).

Más que nunca debemos informarnos sobre lo que se tramó y negociaron los gobiernos recientes en el contexto neoliberal que se ha instalado políticamente en el país y que ha comprometido no tan sólo recursos naturales, como bienes de la nación que no de las corporaciones, sino también la soberanía sobre espacios geográficos, como lo son las playas, bosques y otros lugares estratégicos por la cercanía de yacimientos o rutas de comercio internacional.

Las señales sobre una intención que opera desde los centros del poder son múltiples y lo que sucede en el sureste mexicano, especialmente en Chiapas y  Oaxaca, no es espontáneo.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la segunda.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.

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2 pensamientos en “La saga del Istmo de Tehuantepec (2/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

  1. Felicidades por atender este tema, se diria que es pesimista pero, nuestra historia mexicana no dice otra cosa, el dinero, el poder y la traicion ya es parte de nuestra cultura y de lo que nos ofrecen las potencias extranjeras. Solo a nosotros nos toca poner un autentico basta haciendo lo que nos corresponde, desde luego sobre la mejor informacion.

  2. Señor Torres, agradezco mucho que nos comparta su comentario y su felicitación que recibo con gran beneplácito. El mejor aliento que se puede recibir es el de un ciudadano como usted, que compromete su conciencia con una idea firme que es poner el hasta aquí a la espiral terrible en que sozobra nuestro país. Con personas que reaccionan así el futuro ya no será tan desolador. Hagamos causa común y estemos atentos al momento ciudadano donde nos vamos a manifestar en serio.
    Le mando un abrazo al igual que a los lectores que se juntan en el Cafecito.
    Carlos Villa

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