El Cafecito

La saga del Istmo de Tehuantepec (1/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

2 comentarios

La ley igualitaria de la naturaleza es débil frente a la ley desigualitaria de la historia.

Michel Focault

Hace poco más de una  docena de años, durante mis primeras visitas a Oaxaca, un guía explicaba a cierto grupo de turistas acerca de la posible relación de los grabados sobre las rocas que cubren los muros de Mitla — el mictlán, o lugar del “descanso eterno” de los señores zapotecas — con antiguos caracteres procedentes quizá de China.

La imaginación y posible acierto histórico del que hablaba ante los visitantes sugería intercambios que se dieron hace milenios entre culturas distantes y separadas por un enorme océano, mucho más grande aún que toda la tierra conocida entonces.

La simetría de los relieves esculpidos en los muros de dicha ciudad sagrada representa símbolos labrados en piezas que a su vez fueron talladas, cada una, para ocupar un determinado espacio en las sorprendentes edificaciones. Es una técnica de construcción que se acopla a las ondas de los frecuentes movimientos sísmicos que ocurren en la región. Las piedras quedan en su lugar después de las sacudidas, por lo que las representaciones de los bajorrelieves no han sufrido alteraciones por esta causa.

Algunos restos de pintura todavía cubren los recovecos y pasillos que pudieron conservarse por siglos con esa sobriedad. Las escalinatas dividen patios que seguramente en las celebraciones y rituales saturaba el humo del copal. El aire que respiraban quienes se acomodaban en el Palacio de las Columnas, era impregnado de mezclas aromáticas que se revolvían con el olor de la gente que entraba y abandonaba los recintos durante las prolongadas reuniones. Éstas se extendían en ocasiones durante varios días y noches en que no se callaba el bullicio de instrumentos, cánticos y conversaciones, en medio de la algarabía de los niños que correteaban juguetones y los llamados de los vendedores para que se arrimaran los marchantes a ver la mercancía y llevarla.

Los adornos de los atuendos lanzaban destellos a la luz de las antorchas durante las ceremonias nocturnas; cuando las fiestas tenían lugar en pleno día, la actividad parecía flotar entre nubes de penachos, telas y flores.

Los juegos que se practicaban tuvieron un lugar destacado en la antigua sociedad zapoteca, al igual que en el resto de las culturas de Mesoamérica.

Aún se conservan grandes espacios rectangulares que estaban delimitados con muros que en algunos sitios fueron cóncavos y sostenían aros de piedra colocados en distintas posiciones y niveles.

Las variantes en las dimensiones y formas de estos lugares dan idea de los estilos de juego. Algunos cronistas mencionan que en ocasiones los enfrentamientos culminaban con la muerte de los vencidos.

Una gran cantidad de rocas de toda clase y tamaño fueron transportadas y labradas durante cientos de años por las manos de incontables individuos que las colocaron para dar forma a las pirámides, así como las murallas, los patios y las viviendas de la gente que habitó, desde épocas tempranas, el Valle de Oaxaca (5 mil a 3 mil aC).

Ubicándose en Monte Albán (conocida con este nombre por el español que se apropió de estas tierras después de la conquista) es posible contemplar las planicies donde se aprecian las huellas de otras poblaciones ocultas por la acción del tiempo.

Esta metrópoli de la antigua América antecede a otras como Tenochtitlan y Tula, Tollan-Xicocotitlán y quizá halla sido en un tiempo contemporánea de Teotihuacan, la ciudad que veneraron, ochocientos años después de abandonada, los aztecas.

Lo elevado de su ubicación y lo recio de su arquitectura, nos hacen pensar en una ciudad construida en función de la guerra. Las atalayas dominan lejanías donde no podían pasar inadvertidos los forasteros o invasores.

Monte Albán cuyo nombre zapoteco es Dauyacach, que significa “Colina de las piedras sagradas”, se construyó para que sobrevivieran sus habitantes ante las constantes guerras, quienes finalmente se dispersaron por los valles.

Estos combatieron, dominaron y a su vez fueron dominados por distintos agrupamientos emparentados entre sí y con otros extranjeros provenientes de la región del golfo de México, donde habitaron antiguamente los Olmecas (1200 aC).

Cuando hicieron su aparición los europeos la ciudad ya tenía varios años despoblada.

En la parte baja de la colina donde se erigen sus pirámides se extiende la actual ciudad de Oaxaca, bautizada por los españoles del siglo XVI como “La Verde Antequera”. Abunda la cantera de tonalidad verdosa aplicada en las edificaciones.

Es la actual capital de una región multiétnica y gastronómicamente suculenta, que además nos maravilla con su tradición de bordados y arte plasmado en variedad de figuras y tonos que reinventan la luz sobre las telas y objetos. Singulares formas artesanales, lúdicas, como para establecer un contacto fuera de este tiempo y a través de la creatividad que nos lleva a otro mundo.

De pronto aparecemos ataviados con ropa de algodón y sandalias entre una multitud que hace lo mismo. La gente estrena atuendos y adornos mientras se deleita con las vendimias del tianguis que rebosa de acento indígena.

Para comer, las tlayudas, para beber es el mezcal. Además, el clima de Oaxaca trajo la tradición de hacer nieve: bocado de sabor afrutado y melosamente sabroso.

El quesillo se estira como liga y fundido lo untan en el maíz convertido en tlayuda, o sea, la tortilla de Oaxaca tostada y bañada de caldo de frijol.

Un tamal oaxaqueño es la masa de maíz con carne enchilada y envuelta en hojas de plátano. El mole es un lujo presentado como pasta achocolatada, ligeramente picante, que se acompaña con carne, generalmente de pollo.

El chocolate se bebe casi hervido con agua. El agrio sabor del chapulín y el gusano de maguey, nutren y condimentan, junto con hierba santa, los platillos de esta región.

De tales características es tal maravilloso lugar. Y podemos hablar de la genética autóctona, repartida en quinientos setenta municipios habitados por más de veinte etnias subdivididas en ocho regiones: La cuenca del Papaluapan, (Tuxtepec), La cañada, (Huautla de Jiménez) La Mixteca , Sierra Norte, Sierra Sur, La costa, Los Valles Centrales y el codiciado Istmo de Tehuantepec.

Este istmo, significó en el pasado un objeto imprescindible para el desarrollo de los estadounidenses. La historia de ambos países registra las presiones que ejercieron los distintos gobiernos de los vecinos para controlar el estrecho interoceánico. En 1914 se inauguró el Canal de Panamá y el Istmo de Tehuantepec fue temporalmente olvidado.

Ahora el mundo es muy distinto; los recursos como la biodiversidad y los energéticos, adquieren un significado estratégico cuya posesión y control han desatado una carrera sorda, insensible y cruel, que cambió radicalmente las reglas del juego geopolítico.

Las fronteras geográficas pasan a otra categoría debido a los numerosos tratados comerciales y la soberanía se pone bajo el acoso y la presión de las exigencias de los capitales que operan bajo sus propios esquemas globales.

No es remoto que pudiera desencadenarse una transformación que diluya el pacto federal  en el corto plazo y pierda el país su actual fisonomía para dar lugar a dos o tres regiones con características socioculturales y económicas específicas. A un costo político, económico y social imposible de calcular.

El impacto de lo que se decidió hacer veladamente en el Istmo, es de consecuencias tales que afectan en todos los renglones constitucionales y en la sociedad contemporánea, principalmente en la vida de los ciudadanos mexicanos que habitan en dicha región.

Me preocupan y a la vez me decepcionan los gobiernos de nuestro país que permiten que los intereses extranjeros, por medio de las trasnacionales y los políticos enriquecidos en el poder, se apropien nuevamente de una parte del suelo de la patria. Esta zona fue defendida históricamente por individuos íntegros, de la estatura y dignidad del presidente Benito Juárez y el general Lázaro Cárdenas, en cuyo gobierno fue rescatado el istmo que hasta entonces estaba concesionado a los estadounidenses por un acuerdo que se tuvo en fecha cercana a la primera mitad del siglo XIX y que no se había anulado cuando asumió la presidencia.

El istmo de Tehuantepec representa una zona de gran relevancia para los planes de control político-militar y expansión de EU hacia Centro América y América del Sur.

Además, Junto con el canal de Panamá conformaría la ruta por donde pudiera desplazarse más del diez por ciento de la mercancía del comercio que se ejerce mundialmente y es el puente de flujos migratorios y hasta la droga que viaja hacia el norte por tierra.

Me atrevo a presumir que los presidentes mexicanos, durante los últimos cuatro sexenios, obedecieron a intereses que dieron y darán más beneficios a los habitantes e inversionistas de Estados Unidos y europeos, que a los propios ciudadanos mexicanos, a menos que pertenezcan estos a las reducidas clases altas y las mafias que de alguna forma han salido beneficiadas con el auge neoliberal.

A partir del periodo de Miguel de la Madrid Hurtado, han actuado como si los conciudadanos fueran gente de otra categoría, que puede servir en los empleos  de las trasnacionales cuyos salarios no cubren siquiera necesidades básicas.

El lugar donde estudiaron, su educación, entrenamiento y quizá algunos rasgos psicológicos y de su propia idiosincrasia, les hicieron abrazar el llamado Universalismo Europeo y subordinaron la política nacional de sus sexenios al discurso del poder estadounidense. Amenazados, real o imaginariamente por alguien, o convencidos de las bondades de la cultura del dólar, el caso es que han traicionado con lujo de hipocresía, una y otra vez, al pueblo. Le han mentido y lo han rebajado a la condición de esclavo del nuevo colonialismo. Con veleidad comprometen los recursos como el agua, el petróleo, la biodiversidad y la cultura milenaria de los pueblos de la región y del país.

¿Qué clase de gobernantes ha tenido México y algunos países latinoamericanos que cada día son más pobres y menos dueños de sus recursos? (Haití, Colombia, Panamá, Nicaragua, Ecuador, y otros).

Gente ambiciosa, que trata de llevar la fiesta en paz con los sucesivos gobiernos estadounidenses, que les permiten a su vez acumular una envidiable fortuna sin ser molestados, pero siempre bajo la amenaza de fuerzas desestabilizadoras o derrocamientos.

Han asimilado una evidente domesticación pro yanqui, de tal suerte que firman tratados ominosos que desencadenan estallidos sociales por rebajar tanto la calidad de vida de sus gobernados, que bien harían en llamarse víctimas. Sometidos a los organismos financieros internacionales y las mafias que operan las trasnacionales, como si fuesen empleados de categoría muy inferior, arriesgan todo el edificio de nuestra sociedad. Ávidos de poder y sin dominio muchas veces de sí mismos,  suelen exhibirse como bufones ante el mundo y al mismo tiempo son contrabandistas de la riqueza de su país.

No han faltado en la historia; desde Santa Ana, hasta los cuatro jinetes de este Apocalipsis neoliberal de nuestros días: De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox.

El que tenemos ahora va por la misma línea: condicionó el apoyo que le dieron para conservar la presidencia pese al fraude, a cambio de toda facilidad posible a la transformación que sufre el istmo de Tehuantepec y más que nada la militarización yanqui en nuestro territorio, por medio de maquillajes y membretes de planes y proyectos motivados por los aviesos capitalistas convencidos de que el mundo solamente es para ellos y el resto no debe aspirar más que a ser la fuerza de trabajo.

El presente estudio comenzó hace aproximadamente diez años en forma de tarea escolar y a partir de entonces no he dejado de comprobar que las acciones de los gobiernos de América del Norte apuntan en esa dirección.

En el año 2002, envié ingenuamente una carta en respuesta a una convocatoria que realizó el entonces presidente Vicente Fox para diseñar el Plan Nacional de Desarrollo. Hablé claro de este asunto, sugiriendo que el negocio del canal seco, transoceánico, multimodal, fuese para beneficio de los mexicanos por medio de obras sociales tan requeridas en todos los rubros.

Jamás obtuve respuesta. Ellos ya tenían y conservan su plan que no es otro que plegarse al plan de los gringos. Una vez más en esta historia cíclica.

No sabía a quién acudir para tratar de provocar una investigación y posibles foros o debates para ventilar este asunto, por cierto demasiado ocultado por las autoridades o, mejor dicho, bastante maquillado con argumentos y nombres rimbombantes como: Plan de las Américas, Plan de Desarrollo 2000, Plan Puebla Panamá, Plan Mérida y el abominable ASPAN (Acuerdo para la seguridad y prosperidad de América del Norte).

Todos son engendros de una sola bestia, agazapada en el discurso del progreso y las oportunidades. Palabrería abiertamente neoliberal que se empeña en articular a la humanidad bajo el dominio del mercado y de las armas que lo custodian.

Decidí darme a la tarea de documentar y continuar con estas reflexiones que ya es necesario sacar a la luz.

Agradezco a todas las personas que comprendieron su importancia y contribuyeron para el presente trabajo.

Mi admiración y reconocimiento para quienes antes y después de esta obra, han investigado y publicado sus trabajos para que los ciudadanos estemos más informados sobre este tema que tiene la relevancia de ser decisivo para el futuro de los mexicanos.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la primera. Las tres restantes aparecen en las siguientes ediciones de El Cafecito.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.

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2 pensamientos en “La saga del Istmo de Tehuantepec (1/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

  1. Carlos, ojalá pudieses ponerte en contacto conmigo. yo estoy en Gdl. viví algún tiempo en SC, haciendo radio en la FM, y trabajando en la Dovalí Jaime; también escribí en el Sol del chisme.
    Saludos
    Mi cel (33) 1117-5687

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