El Cafecito

Neuronas rosadas y celestes, por Luis Buero

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Dos matutinos importantes coincidieron en publicar sendos estudios de universidades americanas sobre las diferencias en el pensar masculino y femenino, seguidos del siguiente interrogante: ¿no reflexionamos igual por culpa de la cultura o nuestros cerebros ya vienen distintos de fábrica?

Y tras esta duda (¿genética o educación?) se pusieron a investigar las causales biológicas, psicológicas y sociales por las cuales podría haber mentes “celestes” y “rosadas”.

Y para esto midieron las oleadas de testosterona que nadan en la sangre de ellos, calcularon la cantidad de materia gris de unas y  de otros,  y pesaron las masas encefálicas de machos y hembras. También arrojaron muñecas y camioncitos de bombero de juguete a monos en sus jaulas para ver qué elecciones hacían  según el sexo del bicho en cuestión. Y al final llegaron a la conclusión (obviamente sin tener en cuenta las guerras que los presidentes y generales inventan) de que el hombre es más racional porque escasean las profesoras de matemáticas y hay más científicos varones.

En fin, sin comentarios. Cualquier tipo que haya estado casado un tiempo o toda la vida, sabe que hombres y mujeres piensan distinto sin tener que pisar la Universidad de Harvard para ello. Y vayamos a ejemplos simples:

Cuando un hombre pide “déjame ver la televisión”, su esposa escucha: “no te deseo y me excita más Bailando Por Un Sueño”.

Si el marido pregunta: “¿te ayudo a poner la mesa?”, su mujer entiende: “¿qué pasa que todavía no está lista la comida?”.

Supongamos que un ex esposo, dominado por la culpa, llama a la madre de sus hijos y le pide disculpas por haberla abandonado: la señora inmediatamente dirá en voz baja: “a éste lo largó la minita”.

Un elogio del novio: “así como estás te ves divina”, la joven lo interpretará como: “no te pruebes más vestidos o vamos a llegar cuando cierren el restaurante”. El anuncio de Romeo: “me voy a pescar a Chascomús”, a Julieta le huele a: “al fin me levanté a mi secretaria”.

Pero también se da el caso inverso, y a las pruebas me remito.

Cuando ella sonriente afirma: “si no querés venir a casa de mamá no importa, voy sola”, él cree oír: “yo pareceré viuda pero a vos te voy a hacer cornudo”.

Si la muchacha declara: “no necesito leer las instrucciones”, su pareja capta: “serví para algo, ya que sos hombre, y poné en funcionamiento esta cosa”.

El bostezo de la mina acompañado por un “la fiesta de la empresa estuvo de lo más aburrida”, su concubino lo traduce como: “bailé con un flaco maravilloso pero no me animo a transarlo porque es mi nuevo jefe”.

La declaración de la cónyuge: “deberías empezar gimnasia para descargar los nervios”, a él le resuena como: “con esa panza estás menos erótico que Porky en musculosa”.

Sólo en algo piensan igual Evas y Adanes y es cuando dicen “te perdono”, pues en realidad están exclamando: “prepárate,  me ocuparé de recordártelo toda la vida”.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar

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