El Cafecito

La experiencia fenomenológica para disolución de paradigmas sociales, por Gilberto Antonio Reza Barba

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El contacto con la realidad más tangible o no tangible nos da una percepción de experiencia ante un mundo en continuo cambio. La interacción entre el ser  humano como individuo (indivisible) le proporciona a este una relativa comprensión de la realidad. Con todo el conocimiento que tiene el hombre dentro del campo del humanismo se ha planteado formas de resolver problemas, de evolucionar, de hacer la vida cada día mas fácil y  entendible para las generaciones futuras. El propio hombre modifica el objeto para darle una facilidad sublimando su conocimiento hasta llegar a un punto donde la cognitividad es la base de una evolución social compartida en una variable social que se puede ir manipulando para lograr que en común el ser humano camine en un senda de evolución.

Podemos ver que después de lo anteriormente postulado es intrascendente no hablar sobre la experiencia, este es un punto clave en todo ser humano, la experiencia, que como en estudios posteriores a la teoría piagetiana se han hecho sobre gemelos monocigóticos  en los cuales se toma uno de estos y se recoloca en una familia mientras  al  gemelo que queda se le vincula con un ambiente donde no pueda gozar de una experiencia social, en donde se le nulifique, valga la redundancia el experimentar, pero podemos ver claramente que el nulificar al ser humano de la experiencia ya le esta dando la experiencia de nulificación que aunque sea distinta ante la experimentación social, arroja nuevos patrones de comportamiento, los cuales no se pueden prever directamente con el establecimiento de leyes. El ser humano es naturalmente un ser In Situo, el orientar la vida de un incauto hacia la no-experiencia, esto no es más el posicionamiento de este individuo en otro grado experiencial y por consiguiente en otro grado de conciencia. Pero la pregunta es: ¿A esto se le puede llamar conciencia social?, ¿o simplemente es un contracto subjetivo de lo poco que pude saber el individuo estando aislado de un mundo  y una cultura?, ¿acaso el hombre puede construir un mundo alternativo mediante el aislamiento que tenga coherencia con su propia naturaleza?  En la ciencia psicológica la construcción del conocimiento está llena de bifurcaciones cognitivas, en las cuales la verdad está en quien crea la verdad que le plantean, o sea, relativamente en quien lo crea. Pero ese no es el campo, podemos ver con lo anterior que indudablemente la experiencia en un tiempo y en un contexto sociocultural implican un aprendizaje social lineal y concreto en los primeros años de nuestra vida. Los conocimientos universales posteriormente nos dan una perspectiva más verdadera de lo que es  el mundo, ya no solamente lo que es en sí una experiencia en una cultura, sino el relativismo en el cual se desarrollan las culturas, ya sea internamente o como un relativismo  global de acuerdo a la cultura, que muchas veces se suele caer en un etnocentrismo dogmático que daña y ofende la inteligencia natural y cortical del ser humano. El entorno donde desde niños vamos construyendo nuestra percepción   se va modificando esencialmente e irónicamente con los contextos adyacentes en los cuales tenemos contacto con la realidad. Es muy normal el constructivismo,  verlo, admirarse de un natural proceso, pero quién se ha puesto a pensar en la comprensión de este proceso, en la epistemología básica en la cual los procesos cognitivos entran al cerebro y forjan  estructuras, según algunas teorías, cómo el niño asocia imágenes previamente vistas a nuevas experiencias, cómo da un reflejo de miedo ante cosas inesperadas, ante fenómenos que socialmente ha aprendido qué es un miedo, el problema de lo cognitivo es el cómo.

En tiempos arcaicos de la humanidad toda esta virtual comprensión parecería como  una energía sideral que podría ser de una manera u otra incomprensible para el cerebro humano. Pero con la cultura y una tendencia evolutiva en la asociación de grupos, el hombre ha traspasado la barrera de tiempo en la obtención del conocimiento y en el perfeccionamiento de este por medio de métodos científicos estructuralmente verificados; aquí cabe la pregunta, pero si los métodos científicos nos dan un camino a la verdad, ¿quien nos dice que estos están bien realizados?, ¿acaso la epistemología es un camino lineal hacia una verdad aislada?, ¿se necesitará hacer nuevos métodos y metodologías para ir mas allá de un acercamiento relativo a la verdad?  Es entendible la confusión en estos campos e incluso la relativización del conocimiento, porque lo vemos de manera cotidiana y  en esta cultura no tenemos infundida la ciencia o el conocimiento como motor de la evolución, no nada más de la sociedad en sí, sino del humano como individuo; se vive constantemente en relación con el objeto y no en relación  con la comprensión de este para tomar una elección racional.

El hombre en su experiencia social vive apegado al conocimiento de formas, texturas que dan significantes y significados a las diferentes creaciones socioculturales. Retomaremos algo de lo que dice Vygotsky en su teoría. Este teórico ruso habla claramente de cómo el ser humano puede conocer mucho del mundo en el que vive (significantes), pero comprender muy poco de esto (significados). Es evidente que en su planteamiento de nuevo forma y de una manera mucho más idealizada (definitivamente por el constructivismo en el que está basada su teoría) vuelve a retomar una idea de construcción y, sin lugar a duda, de experiencia sobre  la conducta. ¿Qué sería la conducta sin experiencia?, es un absurdo. ¿Qué sería la experiencia sin contexto sociocultural? Probablemente en nuestra época también sería un absurdo pensar en todo esto (aunque no se descarta  que en tiempos arcaicos esto habría sido plateado de diferente forma). A este tipo de cuestiones está ligado el fenómeno.

Primero debemos mostrar nuestras delimitantes. ¿Qué es un fenómeno? De un vocablo griego  “phainomenon”, aquel cambio, evento, captado por los sentidos. Es muy amplio este concepto, ya que como vemos, todo esto representa la posibilidad de generar conductas tanto subjetivas como objetivas que llevan una implicación social. Es claro que cotidianamente presenciamos fenómenos que por medio de nuestros sentidos se transforman en experiencias y que pueden o no generar conductas. Incluso el más mínimo movimiento observable puede representar la existencia de un fenómeno. Pero qué sucede cuando todos estos fenómenos son delimitados por un objetivismo, quitando el carácter de individual al fenómeno, es decir, el que se nos implanten ideas preconcebidas acerca de la experiencia fenomenológica cotidiana y que con este tipo de estructuras creamos mapas mentales con ideas preconcebidas sobre el fenómeno. ¿No suena familiar esto con la realidad que vivimos?, ¿acaso nuestra sociedad no ha estado en la construcción de paradigmas (explicaciones de la realidad vista desde una perspectiva muy general) que han limitado nuestra vida a experiencias de terceras personas  emulando la vivificación de la vida (valga la redundancia)? Es aquí el clímax del postulado en el que estamos. Como supuesto, el ser humano es libre, pero por más libre que sea, ¿tiene las herramientas tanto cognitivas como afectivas para afrontar experiencias de fenómenos dejando atrás las preconcepciones sociales?, ¿o simplemente es un títere, el cual la sociedad hace suyo para los eventos más pragmáticos?

Cabe mencionar que las diferencias individuales nos permiten moldear nuestra plasticidad cerebral para lograr ver las cosas de diferente forma y forjarnos un criterio “único”, pero en verdad estamos influenciados por las experiencias de los demás, por la carga de información verdadera o falsa de nuestro entorno. Simplemente de la manera más básica ya no somos libres de experimentar   limpiamente lo que está a nuestro alrededor.

Positiva o negativamente, vivimos rodeados de información en la cual debemos aprender a educar el criterio; qué difícil es el comprender lo innato de la experiencia humana, pero resulta fácil verificar los fenómenos observables e interesarnos por ellos. Podemos ejemplificar todo esto haciendo una comparación entre un niño que aprende a caminar con la ayuda de sus padres a un tiempo determinado de acuerdo a su desarrollo psicomotríz, el infante se ve limitado a las enseñanzas positivas de sus padres de la forma de caminar por medio de la imitación y con un reforzador (Bandura, Teoría del aprendizaje social), el niño aprende y logra llevar en su vida hábitos de caminar. Si hacemos la comparación con un niño que nunca fue enseñado a caminar por  sus padres o tutores (que lo ha habido), que ha aprendido a caminar solo cuando es la excesiva maduración psicomotriz lo que le permitió levantarse, apoyarse y poder empezar a  imitar el caminar; definitivamente será una experiencia más directa hacia la experiencia que pueda tener un niño al caminar. El primero fue delimitado, mientras que este segundo vivió la experiencia fenomenológica y no aprendió directamente el paradigma que le podrían haber mostrado sus padres, aunque todo esto le pudo haber traído consecuencias físicas negativas o positivas, como sería el aprender de una manera deficiente al caminar, o tal vez nunca haberlo hecho en  su totalidad.

Todo esto demuestra el gran peso de nuestra sociedad en los individuos y los diferentes tipos de experiencia que se dan en el ambiente. Uno como ser humano  no viene al mundo a creer todo lo que le implantan, vienen a crear una conciencia crítica sobre los fenómenos para el desenvolvimiento de la conciencia.  Si podemos experimentar sin que las preconcepciones nos afecten en su totalidad, evidentemente tendríamos una experiencia más subjetiva y podríamos realizar introspecciones más sutiles y únicas y al mismo tiempo, paradójicamente, podríamos construir puntos de vista  más objetivos basados en la comparación.

No se pretende crear la conciencia de que todos los paradigmas sociales están mal elaborados ni mucho menos que no nos sirvan como experiencias positivas para afrontar la realidad, sino se trata de crear conciencias más originales, que experimenten el fenómeno y que rompan el paradigma si este no les es funcional. La razón fundamental de hombre y por la cual  ha evolucionado en  sociedad es por su inteligencia, y porque quiere cada día construir un mundo más funcional (ya sea de una manera pragmática o filantrópica). Pero pasan los siglos y el hombre va, sigue, construye y destruye, niega o afirma, experimenta o deja que experimenten por él.  Es un continuo ciclo que por la funcionalidad, muchas veces el experimentar en cabeza ajena (valga la pena el coloquio), es lo que ya sea que sirva para esquivar obstáculos o para dejar de un lado el contacto con la realidad.

La conducta humana es bastante compleja, tanto que el mismo hombre es el único animal capaz de tropezarse con la misma piedra, pero al final, lo está experimentando, ¿no?

Gilberto Antonio Reza Barba es estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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