El Cafecito

Methinks, por José Luis Justes Amador

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Methinks, la antigua expresión inglesa, tan shakespiriana, no tiene traducción literal en nuestra lengua. “Me pienso” resulta demasiado metafísica, demasiado cartesiana, demasiado francesa. “Pienso para mí (o en mí o dentro de mí)” demasiado fácil, demasiado tautológica, demasiado española. Sólo en inglés, sin traducir, encuentra su sentido total, tan individual, tan concienzudo, tan inglés. Methinks, éste soy yo que estoy pensando algo para mí. Y en mí quedará.

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La democracia en política es el menor de los males. En arte, el mayor.

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Hay dos formulaciones (“Y el resto es silencio”, “Y el resto es literatura”) que se resumen en una: “Y la carne es triste”.

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La ebriedad es un estado corporal que puede, por habitualidad, por consuetudinario, por ordinariez, convertirse en un estado del alma. Ese es el momento de alarma, de purificación. Para volver con más bríos, con más ganas, a caer en el infierno. Hora de la absenta.

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Tengo una debilidad (entre otras muchas) especial por Louise Glück. La releo con una constancia casi insospechada. Salva noches de insomnio ñeque otros autores perecen y me devuelve la tristeza del mundo cuando mi ánimo es demasiado alto. Su poesía es, a la vez, física, carnal, y metafísica, en el sentido etimológico, es decir, más allá de lo físico, de lo carnal. Acabo de traducir un poema de su último libro:

Una noche de verano. Sonido de tormenta de verano.

Las grandes placas se mueven invisiblemente y cambian-

Y en la habitación oscura, los amantes duermen uno en brazos del otro.

Somos, ambos, el que despierte primero,

el que agite el fuego y mire, a la luz primera del alba,

el extraño.

Y es, sobre todo, como la buena poesía, espejo, espejo siempre.

*

Keats decía que la belleza es verdad y la verdad, belleza. ¿Hace falta añadir algo más?

*

El último capítulo de El Quijote es el que más perfecto me parece de todos. Un modelo para nuestros tiempos de indecisión: “por sí o por no”, “ni las abrevian ni las impiden”, “no habría sido mi vida tan mala, que dejase renombre de loco; que, puesto que lo he sido, no quería confirmar esta verdad con mi muerte”.

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Escucho a una mis alumnas decir: “¿por qué es feo?”. Jamás se me hubiera ocurrido. Uno se pregunta por las razones de la belleza, pero por la fealdad. Extraño. Cuanto menos.

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Hoy leí la anécdota real. La comenta Hugo Hiriart, lo cual no es siempre garantía de veracidad. Acierte o no, me gusta más que la divulgada vulgarmente. Transcribo: “Van Gogh oyó de casualidad una conversación entre dos prostitutas, el habla expresiva de las mujeres lo horrorizó y le hizo recordar el precepto bíblico ‘si tu mano te ofende, córtatela…’ Y como el oído le había ofendido, se cercenó la oreja y fue a dejarla con las muchachas platicadoras.” Mi única duda es quién se la cortó: ¿la parte genial o la humana?

*

¡Qué envidia! Vuelvo de nuevo al capítulo final de El Quijote, al leer “él supo obrar y yo escribir”. Que si dios no me concede una mano como la de Cervantes (aunque sea la perdida en Lepanto), que me conceda un personaje que obre y yo, simplemente, sepa escribirlo.

José Luis Justes Amador es escritor y traductor.

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