El Cafecito

Menos compromisos y más planeación, por Marco Iván Vargas Cuéllar

Deja un comentario

Ante la inminente llegada de las campañas proselitistas, entre los electores cabe hacerse la pregunta: ¿qué debemos exigir a nuestros candidatos y a nuestros gobiernos?

Dentro del proceso de la política pública, la etapa de la planeación forma parte del fundamento a partir del cual los programas y acciones que emprende un gobierno, se cargan de viabilidad política, técnica y financiera. Así los responsables de las políticas comprenden que los gobiernos pueden trabajar mejor si se tiene una idea claramente definida del futuro deseado y de la mejor forma para realizarlo.

Tradicionalmente los sistemas de planeación en México se han desarrollado más por obligación normativa que por visión estratégica; la obligación de cumplir un plazo máximo para presentar, con bombo y platillo, el documento orientador de la política de un gobierno, en realidad representa una debilidad inherente al sistema de planeación limitado por un marco legal obsoleto. No conformes con esta situación, algunos establecen la obligatoriedad de que este documento deba ser levantado desde los ejercicios de participación ciudadana que poca relación tienen con la redacción final del Plan de Desarrollo.

Así encontramos casos de gobiernos que se encuentran encerrados entre las restricciones presupuestales y los compromisos de gobierno, siendo estos últimos una serie de acciones proyectadas generalmente a corto y mediano plazo, con un alto grado de impacto social — lo que sea que esto signifique — pero que poco tienen que ver con un programa de gobierno orientado hacia el crecimiento y desarrollo de una demarcación. Dadas estas limitaciones, poco puede esperarse de un gobierno si además trata de administrar una burocracia preexistente que se esfuerza por prestar los servicios que tiene encomendados.

No es raro escuchar que dentro de una administración se cuenten con distintos planes de administración y gobierno, ejemplo de ello son los planes de desarrollo, planes de arranque, planes de 100 días, planes trimestrales, planes para cumplir compromisos de campaña, planes de contingencia, entre otros. Adicionalmente se debe mencionar que las contingencias o situaciones extraordinarias, rompen con todo el edificio de mondadientes con el que se construyó un sistema de planeación.

Sobre lo anterior dos ejemplos: un desastre (que puede o no ser natural) siempre requiere de la intervención gubernamental y por tanto, del ejercicio de recursos no presupuestados, luego entonces, la debacle y la inmovilidad financiera; otro ejemplo tiene que ver con los excedentes petroleros, después de algunas semanas de recibir la maravillosa noticia de que los gobiernos recibirán una cantidad de millones para ser ejercidos en obra de infraestructura, viene el momento en que los responsables de la política se preguntan ¿y qué vamos a hacer con ese dinero?, luego entonces, viene la devolución de recursos por no ajustar los proyectos a los requisitos para su ejercicio, o se destinan en obras “que se sacaron de la manga”, ora un puente aquí, ora uno acá.

Los tiempos electorales se avecinan, analizar a las propuestas de campaña en materia de políticas públicas en un ejercicio conveniente y sumamente útil para contar con criterios relativamente objetivos a la hora escoger entre opciones y votar por un proyecto de gobierno.

Es en este punto donde cabe la reflexión de este texto. Aunque sabemos que las campañas aún no comienzan de manera formal, ya han empezado a circular por medios verbales y escritos los compromisos de campaña que esbozan, en el mejor de los casos, algunos de los componentes del proyecto de gobierno de tal o cual candidato. Ante esta situación nos preguntamos: ¿cómo se integra el conjunto de compromisos de campaña a un proyecto de gobierno?, ¿bajo qué criterios se ha diagnosticado una problemática para la que se promete cierta acción de gobierno?, ¿qué semejanzas existen entre las plataformas electorales que presentan los partidos y los planes de desarrollo del partido en funciones?, ¿qué semejanzas hay entre el Plan de Desarrollo y los informes de gobierno?.

Estos cuestionamientos no están redactados con el fin superfluo de desprestigiar a los candidatos y sus compromisos, pero sí se pretende plantear una reflexión en torno a la visión crítica de las promesas de campaña. Bajo esta perspectiva prácticamente se pueden despedazar los documentos de divulgación tales como “50 compromisos para recuperar el orgullo nacional”, “El reto de México, lineamientos generales de política pública” (de Calderón Hinojosa, documento que nadie conoce), o cualquier panfleto que vaya a publicar el PRI como documento que anteceda a su plataforma electoral.

Se sugiere no prestar demasiada atención a los deslices de los candidatos que normalmente ocupan el grueso de tiempo en los espacios de difusión tales como los spots, entrevistas, debates, etc. La prensa también ha demostrado que estas escandalosas propuestas venden bien, toda vez que aseguran la nota diaria al reportero para que pregunte al alcalde de Santiago Ixcuintla, Nayarit, su opinión sobre el dilema si el presidente debe o no vivir en Los Pinos, si debe viajar en Flecha Amarilla y vender el avión presidencial TP-01 “Presidente Juárez”.

De nuevo, considere el lector el ejercicio de localizar los documentos que plasman EL PLAN, con todos los elementos básicos de planeación de segundo semestre de licenciatura, sus objetivos, estrategias y acciones. Exija al promotor de cualquier candidato que le muestre el tejido fino del proyecto pretendido. Imagine que votar es como comprar una casa; hay que ver por lo menos, la foto — o un dibujo — del edificio en pie, y preguntarse de qué materiales está construido.

En síntesis, una de las exigencias de los ciudadanos hacia sus candidatos y gobiernos debe ser la exigencia de un sistema de planeación de la política que determine las acciones a seguir, que anticipe las contingencias y proyecte el crecimiento. Si al final del ejercicio el lector se queda con la percepción de haber recibido recortes engrapados, sin una estructura o una lógica, entonces sería bueno reconsiderar el voto en otra dirección.

Marco Iván Vargas Cuéllar es politólogo y candidato a Maestro en Administración y Políticas Públicas, actualmente es consultor sobre gestión, políticas y asuntos electorales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s