El Cafecito

La pejeida, rapsodia XVII: sacrificio entre hermanos, por Javier Arturo Haro Oteo

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Canta a la inmortalidad con tu dulce y sabia voz, oh, Clío, lo que ocurrió cuando las disputas entre los grandes generales del ejército tricolor decidían quién de ellos habría de enfrentar en el último combate al Peje Andrés Manuel; canta, oh, gran musa, cuáles fueron los motivos que motivaron la renuncia a presentar batalla por parte del Motiélida Arturo de faz de roedor, quien en un arranque de espíritu, quizá motivado por la prudencia que infunde Atenea, decidió guardar sus armas cuando éstas se encontraban prestas a enviar al tártaro al Madrázida Roberto, el de garras de roedor, o morir en el intento.

Pues siendo hermanos ambos nacidos de un tronco común, durante el himeneo entre el innombrable y la indeseable diosa de la avaricia, resultó que Roberto más tiempo pasó con su padre, Arturo más tiempo en la soledad, ambos aprendieron el oficio que les era propio a los de su raza — tomar indebidamente el dinero de las zonas en las que mandaban —, sin embargo, más hábil era Roberto, quien a pesar de haber contado con un amplio recelo, los que le atacaban solían carecer de argumentos sólidos, no así Arturo, pues sus detractores consiguieron demostrar cuanta ofensa a los dioses había proferido, y ahora los miembros del ejército tricolor pedían se sacrificara al terrible Titán Cronos.

Arturo accedió, a fin de que su sacrificio redituara en un puesto en el Ágora y, siguiendo los usos del ejército tricolor, una fastuosa fiesta fue el marco para el sacrificio, un abrazo entre ambos hermanos selló el destino, y la complacencia del Innombrable solo era perceptible, mientras el cruel Titán no aceptó la ofrenda.

El cinismo como forma de redención

La noticia de la renuncia de Montiel a competir por la candidatura del PRI a la presidencia tomó a una gran mayoría por sorpresa, me uno a esa mayoría, pues aunque era lógico después de los escándalos en que se ha visto inmiscuido, no creo que le quedara más que huir por la puerta falsa precipitándose a una senaduría o algún otro cargo que le ofertaran al “sumarse a la unidad” — parte de los usos y costumbres priístas —; considero que en ese afán “auto redentor” del priísmo, Roberto Madrazo debería también renunciar, toda vez que los escándalos en los que se ha visto inmiscuido desde hace 10 años no son menos que los que le han salido a Montiel.

Roberto Madrazo y sus ligas — dicho esto con toda la mala intención de recordar a René Bejarano — con Carlos Cabal Peniche serían suficientes para pedir que, con un poco de vergüenza, Madrazo se retirara, pero, como dice la canción: ¿a qué le tiras cuando sueñas, mexicano?; el cinismo de Madrazo es tal, que aun y cuando todos sabemos que renegó de la figura de su padre cuando los tiempos lo requerían, a fin de que su carrera política no se estancara, de pronto salieron los comerciales de Fundación Madrazo, “dándonos” a conocer la figura de Carlos A. Madrazo; cuando creíamos que la cosa iba a parar ahí, el colmo del cinismo: aparece diciendo que ha heredado no sé cuántos valores de su padre; dicho de otra forma, se cuelga de la imagen que tanto tiempo rechazó, pues ahora sí la necesita.

Detalles de Madrazo sobran, la realidad es que es un tipo que siente al cinismo como su forma de redención, como gobernador — cuestionadísimo — de Tabasco, se enfrentó a Zedillo y terminó prestándose a la pantomima de la que resulto ungido Francisco Labastida Ochoa; como presidente del PRI, atacó ferozmente a Fox, pero terminó negociando con él, entre otras cosas, la reforma fiscal, dejándolo colgado en el último minuto y echando todas las culpas a Elba Esther Gordillo; negoció igualmente el desafuero de López Obrador y aquí sí el Señor de las Botas le regresó el cumplido, al haberse echado para atrás a última hora.

Ése es el hombre que pretende hoy, nuevamente, buscar la presidencia de la república; por ello cuando alguien me pregunta por qué he de votar por el PRD y yo me encuentro muy cansado como para hacer una amplia exposición de motivos, me concreto a decir: “por simple juicio de historia”.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


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