El Cafecito

Y después de algunos meses, por Javier Arturo Haro Oteo

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Las plumas volaban sobre las superficies lisas de los papeles, contaban historias de pejelagartos, de animales que presidían naciones y de hombres que mataban por millares a sus hermanos hombres, contaban historias de personajes extraños, surrealistas, de negros ofendidos y voceros desmentidos por ellos mismos, pero no, esas plumas eran mudas, esos papeles eran ciegos, esas historias no se contaron jamás, no había dónde; al cabo de mucho tiempo y con las historias a cuentas, vuelve el lugar de las historias, aquel donde igual conviven las fantasías de quien esto escribe, que los análisis profundos de los respetables compañeros que han escrito en este medio.

Hoy, la voz toma sonido otra vez, las imágenes toman forma, las historias existen de nuevo, El Cafecito regresa, y un servidor, ansioso por seguir contando historias, regresa también, así que, sin más preámbulo, comenzamos.

El Cafecito salió a descansar algún tiempo, durante estos meses la situación política alrededor del mundo — como era de esperarse — cambió, igualmente cambiamos algunos de nosotros, yo soy más amargado, por ejemplo.

En “La Pejeida”, por ejemplo, el Peje Andrés Manuel ha perdido su armadura sagrada y aún sin ella lucha por ganar la batalla final por la tierra de Mexi; el Bejaránida René, el asambleísta, cayó en las mazmorras y acaba de salir de ellas, significando un duro golpe a las instituciones; el Sagrado Sacerdote Cuauhtémoc, el eterno, ha decidido abandonar la batalla por la tierra de Mexi, con lo cual se debilita el poder del ejército perredista; en el ejército azul, las cosas no están muy bien que digamos, el heraldo del Canidae Agamefox, comete error tras error, inicialmente sólo desmentía al soberano, ahora tiene que desmentirse a sí mismo a cada rato; el rubio Santiago de azules ojos está en medio de un escándanlo, tras abandonar el puesto de táctico en el ejército azul, lucha ahora por comandarlo para triunfar en la batalla de la tierra de Mexi y suplir al Canidae Agamefox en el mando supremo, sin embargo, sus rivales en el ejército han denunciado que otorgó concesiones para explotación de tabernas de vicio y suertes.  Tras duras batallas en la Ciudad de los Chorizos y la legendaria tierra de Aztlán, el ejército Azul se ha debilitado mucho; mientras el Tricolor y el Perredista se han fortificado; sin embargo, el ejército Tricolor sufre deserciones continuas, debido a que sus comandantes pelean sin cesar por conseguir la máxima capitanía, de cara a la batalla por la tierra de Mexi.  De todos estos temas podrían hablar las próximas rapsodias de “La pejeida”, pero… ¿para qué hablar de lo pasado habiendo un presente digno de páginas y mas páginas y un futuro digno de especulaciones y más especulaciones? De esto tratarán las próximas entregas de esta historia de época y culto.

En el resto de la realidad — la que no me he permitido alterar — las cosas van tan mal o peor que si las hubiese escrito yo:  Estados Unidos ha acusado a nuestro país de racismo, primero por unas declaraciones de lo mas estúpidas de parte de nuestro presidente respecto al trabajo de nuestros indocumentados en EU, después debido a la aparición en timbres postales de “Memín Pinguín”; en el primer caso se da toda la razón a los “vecinos” del norte — pero solo a los negros, jamás a los blancos que son mucho mas racistas que nosotros —; en el segundo caso, ni hablar, una caricatura no tiene por qué levantar semejante ámpula, máxime si recordamos otras como Speedy González, Pancho López o Mucha Lucha — de las cuáles no ha habido la menor queja de nuestra parte —.  Podemos decir que, efectivamente, los mexicanos somos muy racistas, no sólo con los negros, sino con cualquiera que consideremos diferente; uno de los insultos más usados por un mexicano es “p%@}he indio”, lo cual es sinónimo de: idiota, feo, inferior, etc.; en todo el país el tipo moreno, medio panzón, pelos parados y acento gracioso típico de la capital de país es un “chilango”, éste es sinónimo de caos, ladrón, mala onda, creído, etc.; en el caso de los aguascalentenses, si vemos a alguien medio amarillo de la piel y con los ojos rasgados, ya le dijimos “chinito” — aunque sea de cualquier otro país de Asia o incluso de Aguascalientes —; el mayor ejemplo de racismo quizá sería Hugo Sánchez y la sarta de idioteces que habla contra los extranjeros radicados en el país y contra los naturalizados.  Sí, es cierto, los mexicanos somos racistas, pero, ¿qué derecho tienen de decírnoslo los “vecinos” del norte cuando ellos son la cuna del racismo contra los que son diferentes a ellos? — los ejemplos salen sobrando, los conocemos casi de memoria —.

Pasando a cosas menos agradables, en mi último artículo traté el tema de Bush y la guerra, en él hacía hincapié en el deseo de ver derrotado en las urnas a Bush el pasado noviembre; eso no se pudo, el pueblo norteamericano que tanto se jacta de su democracia nos demuestra una vez más que su preparación política es mucho más atrasada que la de cualquier pueblo latinoamericano, y mientras siga ese animal en la presidencia, los norteamericanos no podrán vivir seguros, tampoco los demás países del mundo, como lo demuestran los recientes atentados en Londres; no quiero, con esto, parecer un partidario del terrorismo, sin embargo, considero que ese mal no se eliminará si no desaparece el enemigo mayor, en este caso el terrorismo de estado de EU; el pueblo de Irak no necesita de la intervención de nadie para consolidar su democracia, necesita de la ausencia del mundo, pero todos sabemos que a los invasores no les interesa un comino la democracia en el mundo, su único interés es rapiñar lo que puedan, tener todo sin pagar lo justo por ello, arrebatarlo por la fuerza, obviamente eso no les causa precisamente sentimientos agradables a los originales propietarios y, si no hay más armas para defenderse que el terrorismo, no dudan en aplicarlo.

Así está todo actualmente, tras algunos meses de ausencia, estoy de vuelta, con nuevas energías; que el mundo siga girando, yo seguiré escribiendo.

Javier Arturo Haro Oteo es militante del PRD y estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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