El Cafecito

La pejeida, rapsodia XII: coloquio entre Carlos y Rosario, por Javier Arturo Haro Oteo

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…tras encontrarse degustando en un salón cubierto de colores púrpura y carmesí, iluminados por diamantes que retaban a la gravedad, dijo entonces la soberana de la sagrada ciudad de los palacios, la Robleida Rosario de piel de bronce:

— Amigo, ya que te encuentro en este sitio bebiendo dulce vino y degustando los manjares que los dioses y los impuestos nos han regalado, te ruego me digas por ventura de tu vida y la de tus vástagos, ¿cuál es tu nombre?, ¿de dónde eres?, ¿dónde se encuentran tu ciudad y tus padres?, ¿eres un hombre de bien?

Entonces él respondió:

— Robleida Rosario, la de piel de bronce, divina entre la soberanas de esta tierra, trataré de ser lo mas sincero posible, mi nombre es Carlos, me precio de ser del sur, en la bien construida Argentina, criadora de caballos, productora de plata y fecunda en ratas, me precio de encontrar mi ciudad aquí donde tu gobiernas, pues mucho ha que salí de Argentina, mis padres ya no se encuentran conmigo, de hecho no recuerdo nada de mi progenitora, muchos han dicho que no tuve una, mi padre fue conocido como un Ahumádida, asimismo me conocen hoy a mí; más que ser un hombre de bien, soy un hombre de bienes y es justo estos bienes los que deseo entregar a tu ciudad por medio de convenios y servicios, donde la misma me retribuya en tiempos poco largos la multiplicación de los mismos.

Al escuchar esto, la soberana contestó:

— Ahumádida Carlos, el mas imprudente de los hombres, ¿qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes?, ¿acaso pretendes insultarme con ofrecimientos de obras en la ciudad cuando estamos en momento de conocernos? Nunca se había visto insulto mayor.

— Robeida Rosario, la de piel de bronce, divina entre las soberanas de esta tierra, no se  irrite tu ánimo contra mi, solo pretendo entablar de una vez y para siempre el compromiso de encontrarnos de nuevo, pues más que el deseo de realizar servicios a la ciudad, crece en mí el deseo de verte de nuevo, por lo que eres tú, divina soberana, bella entre las bellas…

Una sonrisa en los labios de la soberana indicó al Ahumádida que su intención inicial era favorecida por los Dioses.

Continuaron por muchas horas mas intercambiando impresiones, la suerte de la guerra había tomado nuevos rumbos.

En esta rapsodia podemos apreciar lo que seria el primer encuentro entre Rosario Robles y Carlos Ahumada, pudiéramos pensar que es el momento en que se decide la suerte de AMLO; sin embargo, no es a él a quien se refiere el autor al decir “la suerte de la guerra había tomado nuevos rumbos”, sino a todo el proyecto de la Izquierda mexicana como una muestra del poder del innombrable; no era sólo AMLO el proyecto, eran otros perredistas que, en menor proporción, se concebían como buenas cartas en una contienda electoral; la magia de la pejeida nos habla del poder del innombrable para decidir a priori cuantos hechos habrá de maquinar contra el peje Andrés Manuel, buscando evitar que tome posesión de la República como presidente.

La cuestión sería, ¿por qué Rosario Robles actuó de semejante manera? El simple hecho de entregar todas las concesiones de obra pública en el DF mientras fue jefa de gobierno a Carlos Ahumada, y después endeudar las finanzas del PRD con el mismo personaje, nos habla de una cadena de complicidades; lo que aún no queda claro es el motivo.  Dos semanas antes de la elección federal del año pasado en un programa de televisión llamado Contrapunto, Robles señalaba — entre otras cosas — que el precandidato mejor posicionado y, por obvias razones, aquel que sería el mejor presidente a partir del 2006 sería AMLO; en ese momento me pareció sincera, me atrevería a afirmar que ella no era parte — al menos por gusto y con conocimiento de causa — del complot que estalló contra AMLO en los meses subsecuentes.

Aunque suene muy cursi, creo que el motivo de Rosario Robles para ceder tales concesiones a Ahumada fue el hecho de haberse enamorado de él, considero que no era intención expresa de Rosario Robles actuar en contra del Jefe de Gobierno del DF, como tampoco fue intención de ella endeudar al PRD inútilmente; me atrevo a suponer — con la salvedad de que puedo equivocarme, dado que no soy un oráculo griego — que tuvo hasta el 6 de julio de 2003 el deseo de que el PRD obtuviese 100 diputados y después “pasarles la charola”, el problema fue que se jugó el albur con la peor rata que pudo haberlo hecho, quizá su actitud era positiva a los sueños perredistas, pero la de el vividor con el que se asoció no.

Además opino que la marcha “ciudadana” contra la delincuencia debió protestar también por delitos de “lessa Humanitatae”, como los cometidos por Luis Echeverría Álvarez contra los disidentes de su gobierno, o los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, así como delitos de cuello blanco que han propiciado que hasta nuestros tataranietos se encuentren endeudados como es el caso del FOBAPROA; al decir que no es una marcha política, debieron cuidar sus organizadores que no se prestara a fines políticos aunque eso implicara callarles la boca a personajes tan nefastos como Javier Alatorre o Eric Guerrero Rosas.

En el próximo artículo trataremos dos rapsodias, una relativa al pecado del Peje, y un coloquio entre el Corruptor de Hombres y el Asambleísta.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


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